¡Fue el Estado!

Hacia la 3ª Jornada Nacional de Lucha por la presentación inmediata y con vida de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa

1414117500_643938_1414117661_noticia_normal

Carlos López

Al decir: “¡Fue el Estado!”, lo que estamos diciendo es que los responsables de la desaparición de nuestros 43 compañeros normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, y del asesinato de otros tres, son los ricos, los empresarios, el ejército, la policía, la burocracia, los partidos electorales, sus políticos, los gobernantes, la democracia burguesa y todo aquel que, en la situación actual, participe o pretenda participar de ella.

Comprender esto es indispensable para definir los alcances de la lucha por la presentación inmediata y con vida de nuestros compañeros. No se trata de otra “violación grave” a los derechos humanos, como quieren hacernos creer algunos oportunistas. Tampoco se trata de un asunto que se pueda resolver “con todo el peso de la ley”, como sale a decir día tras día Enrique Peña Nieto. Lo que hay de fondo es una agudización de la lucha de clases, propiciada, en buena medida, por el desenfrenado impulso autoritario del Estado al imponer desde hace tiempo las llamadas “Reformas Estructurales”, cuyo único fin (lo hemos dicho muchas veces) es extraer la mayor cantidad de ganancias posible para la burguesía a costa de los recursos naturales y la explotación sin límite del pueblo trabajador.

En este contexto, no podemos perder de vista el origen específico del problema. Los normalistas se encontraban en Iguala recabando recursos con los cuales mantener sus estudios para convertirse en maestros, muchos de ellos dentro de las comunidades más pobres del país. ¡En principio, esos recursos los tendría que proporcionar el mismo Estado! Pero no nos hacemos ilusiones. Sabemos que la educación de los trabajadores y los campesinos no es prioritaria, que justamente de lo que se trata es de acabar con la posibilidad de que los hijos de trabajadores y campesinos aspiren a mejorar sus condiciones de vida, de negarles a toda costa el acceso a la educación, especialmente si, como los normalistas de Ayotzinapa, tienen una larga tradición de lucha, son sensibles a los problemas que afectan a sus comunidades, tienen ánimo combativo y, además, están dispuestos a enseñarle a leer y a escribir a otros hijos de trabajadores y campesinos.

El repugnante crimen del 26 de septiembre muestra abiertamente el carácter violento y represivo del Estado, de modo que, mientras éste siga en pie, no habrá justicia en el caso de Ayotzinapa, como no la ha habido en otros casos. Debemos comprender que la única justicia posible sólo surgirá cuando la mayoría del pueblo trabajador ejerza su dominio sobre la minoría conformada por los ricos y los empresarios, es decir, cuando los trabajadores, consolidados en su conjunto como clase dominante, concentren en sus propias manos el poder del Estado.

De modo tal que en este momento no podemos distraernos con los conflictos que se desarrollan entre los partidos y los políticos de la burguesía, los cuales se limitan a un perverso juego de deslindes y acusaciones sobre lo sucedido en Iguala. Eso y no otra cosa ha ocurrido con los reacomodos del poder en el estado de Guerrero, donde la licencia como gobernador del perredista Ángel Aguirre y la elección del exrector de la UAG, Rogelio Ortega, responden más a la lógica de las negociaciones entre grupos de poder local y federal que a la de los “triunfos parciales” de la movilización social.

En esta coyuntura, cada día que pase sin que el pueblo trabajador pueda articular un plan de lucha continuo y progresivo en sus alcances políticos, sin que se exprese cada vez con mayor contundencia el carácter combativo y consciente de las mayorías, eso que se conoce habitualmente con el nombre de “México Bronco”; cada día que pase sin un plan de acción contra la burguesía y su Estado, es tiempo que éstos ganan para reorganizar algunas de sus piezas con miras a retomar la ofensiva contra el pueblo trabajador.

En dicho contexto, nuestra principal demanda debe seguir siendo la presentación con vida de nuestros 43 compañeros normalistas. No podemos aceptar nada menos que eso. Las acciones para exigir que esto suceda deben desarrollarse con mayor rapidez. Sobre todo, deben ser eficaces para nuclear a más sectores de la sociedad que se sienten indignados por la gravedad del problema, pero que aún no participan ni se organizan para exigir la presentación con vida de nuestros compañeros. Hay que evitar a toda costa caer en una lógica de desgaste, de la lucha indefinida que sólo beneficia a los señores del poder. En todo caso, no podemos dejar de señalar a los culpables: ¡fue el Estado!, y el Estado es “un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del ‘orden’ que legaliza y afianza esta opresión”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s