Por una mejor condición laboral: la función debe continuar

Célula José Carlos Mariátegui

Unas semanas en la vida de un actor:

Lunes       17:00 hrs.- 20:00 hrs. – Ensayo.

Miércoles 17:00 hrs.- 20:00 hrs. – Ensayo.

Viernes    17:00 hrs.- 20:00 hrs. – Ensayo.

 Tres semanas más tarde…

Sábado 16:00 hrs. – Llamado.

17:00 hrs. – Estreno.

21:00 hrs. – Espera para recibir el pago.

 Total de horas trabajadas:   30

Sueldo ganado:                 $500.00

Hora pagada a:                  $16.60

¡Y sin contar el tiempo ocupado en memorizar los diálogos y hacer análisis del personaje ni los gastos en maquillaje y otros elementos asumidos por el actor para poder trabajar!

Luego vendrán más funciones, esperemos, ahí podremos emparejarnos un poco.

Ésta es sólo una aproximación; sin embargo, refleja una realidad inobjetable: el trabajo cultural generalmente no es bien remunerado.

El mundo del teatro tiene muchos aristas y da empleo a muchas personas: directores, dramaturgos, actores, productores, escenógrafos, promotores, staff… quienes, sin duda, también buscan día a día que el pan llegue a su mesa. Sin embargo, en este pequeño espacio queremos reconocer y hablar de quienes lloran y ríen con sus personajes: los actores.

No pensamos en aquellos que son reconocidos y cuyo trabajo esperamos sea bien pagado, sino en los cientos de actores y actrices independientes que a diario salen en búsqueda de trabajo: llevan carpetas, hacen castings, preparan personajes, van a ensayos e igual le hacen de villanos que de cuenta-cuentos, héroes y hasta de botargas…si es necesario.

Su trabajo es importante: transmite ideas, evoca sentimientos, brinda conocimientos y promueve reflexiones. Pese a ello, el actor generalmente no consigue una remuneración justa por su trabajo, no tiene seguridad social y debe ir buscando empleo a cada oportunidad, esperado cumplir con el perfil del personaje para ser aceptado sin contratos de por medio, confiando en que el que lo emplea cumplirá con su palabra a la hora del pago y asumiendo los riesgos en el escenario a sabiendas de que una lesión significaría no sólo dejar de trabajar un tiempo, sino absorber los gastos médicos y saber, de antemano, que puede ser reemplazado por otro actor, pues “la función debe continuar”.

Ante todo esto: ¡organicémonos!

Reconozcámonos a nosotros mismos y a nuestros compañeros como lo que somos: trabajadores que viven del y por el arte y la cultura, elementos valiosos, aunque muchas veces poco valorados en la sociedad. Como actores podemos compartir nuestra experiencia, reflexionar y unirnos a los de nuestra clase: otros que como nosotros viven los problemas que implica ser actor, trabajador de la cultura.

No hay otra salida: obrero, oficinista, actor… no importa el lugar que ocupemos en la producción: para una mejor condición laboral y una remuneración más justa lo que nos toca es luchar.

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