1 DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES

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DECLARACIÓN DEL PCdeM

Qué diferente sería el mundo si todos los trabajadores fuéramos conscientes del poder que podemos tener en nuestras manos, qué diferente sería nuestro país, si los trabajadores hiciéramos cuentas de cuántos somos, dónde estamos y experimentáramos la fuerza que nos da nuestra unidad, que diferente sería todo si comparáramos el poder potencial de nuestra clase con la de ese puñado de capitalistas que controlan nuestros destinos.

Durante años, la ideología capitalista ha trabajado en convencer a millones de seres humanos por todo el planeta de que su felicidad, su superación personal y su mejor realización la obtendrán trabajando para ellos, y se han esforzado también en convencer a esa misma masa de trabajadores de que políticamente no existen o no deberían existir. Se trata ni más ni menos que de la contradicción fundamental del capitalismo; el proletariado es indispensable para realizar la gran producción, para extraer recursos del suelo, para transformar la energía, para ensamblar partes, para producir alimentos, para transportar y promover la venta de todo tipo de productos. Para el desarrollo del capitalismo ha sido necesario que sucumban otras formas de subsistencia en el medio rural, la masa proletaria ha aumentado por todo el planeta, y eso al mismo tiempo que genera un enorme potencial productivo, encierra también un gran riesgo para la supervivencia del propio capitalismo. El proletariado es una clase indispensable para producir, pero políticamente peligrosa porque sus intereses son antagónicos a los del capital, y porque una vez que descubra su poder, ninguna de las armas capitalistas podrá frenarla.

Tanto la ideología burguesa como sus aprendices, aparentemente críticos, los pequeño-burgueses, han querido menospreciar en los últimos años el poder de los trabajadores, han pretendido hacernos pensar que había sido un error del pensamiento marxista atribuirles esa capacidad de transformación histórica de la realidad y que debemos buscar alternativas que nos permitan, previo permiso del Estado, irnos aislando de la producción y de la lucha de clases, o bien, que tratemos de ser menos agresivos en nuestro discurso y conminemos a trabajadores, campesinos, pueblos indígenas etc,  a colaborar con las organizaciones empresariales y con las instituciones del Estado.

Lo curioso es que mientras confunden a la masa proletaria, los capitalistas se mantienen con un rumbo estratégico claro, lejos de menospreciar el poder transformador de los trabajadores, parecen tenerlo más claro que nadie y por ello continuamente lanzan una serie de reformas y ajustes para poder elevar las tasas de explotación, para incrementar la productividad en el trabajo, para lanzar más personas, cada vez más jóvenes, cada vez más viejas y cada vez más distantes, al mercado del trabajo asalariado. Al mismo tiempo que profundizan la situación de pobreza de miles de personas para que dependan de un salario para sobrevivir, en otras esferas nos dicen que el concepto de trabajador asalariado no tiene importancia alguna.

A pesar de ello temen a la clase obrera, pero atraviesan por serios problemas económicos y políticos. Si antes el Estado mexicano había construido un discurso de unidad con los trabajadores y había admitido que se concretaran algunas conquistas del movimiento obrero, hoy afirma que todas esas concesiones fueron un error, y se aprestan a cumplir todos los caprichos de la burguesía, removiendo a los trabajadores derechos como la jubilación, la pensión, vivienda, salud y educación; cada vez menos derechos, cada vez de peor calidad y cada vez es necesario trabajar más para obtener menos.

En este año, el Estado mexicano ha avanzado a favor de los capitalistas y en contra de los trabajadores en varios frentes; por un lado ha reformado el régimen de pensiones en el ISSSTE de tal forma que al igual que en el IMSS, los fondos de ahorro para el retiro se conviertan en moneda de especulación financiera y garanticen a los banqueros que si pierden ese dinero, el trabajador no tendrá la facultad legal para exigir su reposición. Este año ha aumentado la presión sobre los trabajadores de la educación y han sido encarcelados algunos profesores de primaria por rebelarse ante una reforma laboral aplicada al sector educativo, pomposamente llamada reforma educativa. Todos los días hay despidos masivos y contrataciones masivas, sólo que las contrataciones son en mucho peores condiciones que como habían estado contratados los despedidos; a pesar de ello se sigue calculando que el desempleo ronda por el 4% de la Población económicamente activa, pero que cerca del 50% de la misma labora en condiciones inestables e informales; es decir, su trabajo lo desgasta pero su salario no le alcanza para cubrir sus gastos básicos.

Ha crecido el empleo indirecto, con empresas de trabajo temporal y de subcontratación que imponen altos ritmos de trabajo y pagan salarios ínfimos, además de presionar al trabajador para que labore en condiciones de alto riesgo; tragedias como la de “Pajaritos” son resultado de esa política explotadora y vende patrias que combina lo peor de la reforma laboral con la reforma energética.

El proletariado en México parece condenado a morir de las peores formas, ya sea por ser reclutado y desechado por las mafias de narcotraficantes y contrabandistas que primero los reclutan y más pronto que tarde los asesinan o los entregan como chivos expiatorios, o en accidentes de trabajo provocados porque los patrones no quieren invertir en seguridad en el trabajo, o bien tratando de cruzar la frontera hacia Estados Unidos buscando, la mayor de las veces sin éxito, un mejor trabajo y  un mejor salario. Ahí también, en el bastión del imperialismo mundial, los capitalistas utilizan al trabajador mexicano para elevar los niveles de productividad, trabajando mucho y cobrando poco mientras son hostigados por grupos racistas y campañas de xenofobia como la encabezada por Donald Trump, para chantajearlos eternamente con la deportación mientras los siguen explotando.

Si los medios de comunicación y la intelectualidad pequeño-burguesa no cree en la lucha de clases, la burguesía sí lo hace y defiende con todo su posición de ventaja dentro de la misma; a estas alturas apelar a la desorganización de los trabajadores es queriéndolo o no, un acto de complicidad para con la clase dominante.

Afortunadamente ha habido procesos de dignidad y resistencia; los trabajadores jornaleros de San Quintín, los trabajadores  de Sandak y  los de Lexmark, entre los más destacados, nos han recordado a todos que sin nuestra fuerza, sin nuestras manos y nuestras mentes, no existiría la producción que el capital presenta como fruto genuino de su ingenio, pero también existen procesos de resistencia en las comunidades indígenas y en el campo en donde se resiste a ser incorporados de la forma más cruel a las filas del proletariado; el derecho al trabajo debe ser eso, un derecho, y no una obligación que se impone a miles de millones de personas, mientras un puñado de privilegiados, controla la riqueza de este mundo.

Por supuesto que la lucha debe ser incluyente para todos los desposeídos y explotados, para todos aquellos que con una firme convicción en la libertad y la igualdad quieran participar del procesos de lucha contra el capitalismo, pero eso no significa que debemos perder la brújula y mucho menos renunciar a estar organizados como clase trabajadora, a defender firmemente nuestros intereses y a recurrir a nuestros métodos de lucha históricos como la huelga y el piquete.

Este año una vez más salimos a las calles a honrar la historia de los caídos en la lucha proletaria, a quienes hicieron una huelga demandando las ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio, pero también a cada uno de los trabajadores y explotados que han sido reprimidos en la lucha por reivindicar su libertad y sus derechos, a cada revolucionario y a cada persona que en estos momentos se organiza en su sindicato, en su barrio o en su centro de trabajo para hacer crecer la fuerza de los trabajadores. Ese es el camino, más lucha y unidad proletaria, sin líderes charros y corruptos, sin patrones y sin funcionarios y partidos de Estado. El presente es de lucha y el futuro es nuestro.

 

POR LA REVOLUCIÓN Y EL FUTURO COMUNISTA

PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES UNÍOS

PARTIDO COMUNISTA DE MÉXICO

PCdeM

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