Trabajadores, precarización y organización política

Por: Teresa Martínez Guerrero

Trabajos precarizados o desempleo. Esa es la realidad que vive la mayor parte de la clase trabajadora que, agudizada por la pandemia, pero ya desde hace más de cuatro décadas neoliberales, ha visto mermadas sus condiciones laborales con horarios muy demandantes y desventajosamente flexibles, sin estabilidad, con contratos civiles y no laborales.

Igual o peor situación se observa para quienes trabajan contratados por outsourcing (tercearización), quienes en muchas ocasiones tienen que invertir sus propios recursos (luz, internet, equipo de cómputo, instalaciones, etc.) para realizar su trabajo, y en el total abandono porque los patrones se deslindan de toda responsabilidad con sus empleados.

Desde luego que las condiciones de precarización laboral se han generalizado llegando a prácticamente todos los sectores productivos; sin embargo, en esta ocasión sólo me referiré a uno de los sectores que expresa con toda claridad el modo en que se han radicalizado los efectos del neoliberalismo y, desde luego, el fin del Estado de bienestar, hablo de los trabajadores de la educación a nivel superior.

En particular quiero abordar el ejemplo de lo profesores de asignatura de las universidades públicas, quienes experimentan la depreciación de sus grados y títulos universitarios por la proliferación de universidades privadas de baja calidad con sus enormes facilidades para cursar licenciaturas, con contenidos curriculares muy diluidos y  múltiples modalidades de titulación; pero también se enfrentan contrataciones por semestre o cuatrimestre y, en la mayoría de casos, en la más tremenda incertidumbre laboral pues nada garantiza su contratación para el siguiente periodo.

Tales circunstancias tienen consecuencias sociales y políticas, además de las económicas para cada uno de los docentes, pues la educación como promesa de progreso y de movilidad social es incumplible en el contexto de un Estado neoliberal.

En términos de organización política las consecuencias son también muy desalentadoras, pues no tener un centro de trabajo, no sólo impide la convivencia con las y los compañeros, sino que también dificulta mucho la posibilidad de organizarse. No hay espacios en común, no hay horarios compartidos ni ocasiones para convivir fuera del entorno laboral, por lo que discutir o siquiera comentar acerca de situaciones de injusticia en el trabajo se torna muy difícil, más aún la posibilidad de organizarse para exigir mejores condiciones de trabajo.

En nuestra condición de militantes siempre buscamos referentes, faros, que nos indiquen una ruta por donde avanzar, porque estamos convencidos de que es fundamental la memoria histórica y que sería un error no sacar provecho de la labor de quienes nos han antecedido en la lucha comunista y, además, se dieron el tiempo de sistematizar lo que, al calor de los acontecimientos, iban aprendiendo.

Tal es el caso del extraordinario texto de Lenin ¿Qué hacer?, donde problematiza cuestiones organizativas fundamentales y lo que la revolución bolchevique necesitaba para consolidarse: revolucionarios profesionales, trascender el primitivismo o demandas economistas de los trabajadores y, desde luego, una prensa de gran alcance que fijara la postura del partido y fuera orientadora de la acción política.

Sin embargo, ¿cómo podemos leer y aprovechar las enseñanzas leninistas en un contexto como el que describí al inicio? Decimos que el ¿Qué hacer? es un texto vigente y pertinente para la lucha proletaria, pero ¿qué propondría Lenin hacer con los cientos de profesores de asignatura desarticulados, con más de un trabajo para subsistir, sin certeza laboral ni remotas posibilidades de jubilación en su vejez, ideológicamente individualizados por efecto del neoliberalismo, pero con ideas de futuro, movilidad social y “cultura del esfuerzo” que el Estado de bienestar produjo? ¿Qué hacemos con una creciente población de posgraduados, en el contexto de una economía dependiente que no demanda sus servicios fuera de la academia, pero con insuficientes plazas de tiempo completo dentro de las universidades públicas? ¿Cómo nos organizamos si pertenecemos a esa población? No hay fórmula que conteste a estas preguntas.

Considero que la gran lección histórica que nos da el marxismo en general es que la conciencia nace de la necesidad, pero eso no basta. Vemos que las condiciones objetivas ya están dadas, pero falta desarrollar las condiciones subjetivas que les permitan a estos trabajadores comprender y convencerse de que:

  1. Es posible revertir la precarización laboral si nos organizamos.
  2. La organización sindical es el instrumento de lucha más efectivo, incluso ahí dónde pareciera no haber condiciones para formar sindicatos.
  3. Que hay referentes de lucha con ejemplos exitosos, parciales o no, que dan pauta para la organización.

Ahora bien, ahí donde hay incipientes formas organizativas, nuestra labor como militantes tendría que ser orientar dicha organización, promover una estructura que busque acuerpar y preparar políticamente a los trabajadores, a pesar de su distanciamiento físico y de la incertidumbre laboral, para que las acciones emprendidas busquen contrarrestar las condiciones de precarización en el trabajo.

Lamentablemente, en las instituciones privadas de educación superior, esa tarea se vuelve casi imposible, lo mismo que para los llamados freelancer (que son, al menos para mí, grandes pendientes para pensar desde la militancia, una vez comprendida la lógica del capital que produjo esta forma de trabajo) pero en las públicas hay una posibilidad mayor de organizarse y ahí, inicialmente, podría estar nuestro trabajo.

La labor es inmensa aún ahí, y una lectura renovada del ¿Qué hacer? me hace pensar si se trata de un manual para la acción política y concluyo que no.

Pienso que leer a Lenin nos pone ante un gran compromiso, pues para decirnos comunistas no basta con la lectura, hay que pasar a la acción. Y hay que hacer, no lo que dice Lenin sino lo que hizo él. Pues sus textos son extraordinarios y potentes porque son producto no de la mera intelectualidad sino de la sistematización de su acción revolucionaria. Por lo que, en nuestro contexto, bajo nuestras propias condiciones tendríamos que pensar cómo organizarnos, cómo superar las demandas inmediatistas, cómo asumirnos realmente como trabajadores y, en el caso de los profesores universitarios, trascender las limitaciones de la organización estudiantil para formarnos lo más profesionalmente posible en el sindicalismo como instrumento de lucha y, finalmente, cómo producir una prensa efectiva que cumpla con el propósito de orientar la acción mediante la clara transmisión de nuestra postura.

Así es como yo comprendí a Lenin. Para mí “¿Qué Hacer?” se trata de un texto visionario que no sólo nos ofrece una ruta de acción para saber hacia dónde encaminar nuestros esfuerzos, sino que es una invitación a pensar y actuar a partir de la realidad y de las condiciones históricas concretas, tal como lo hizo él.

Un pensamiento en “Trabajadores, precarización y organización política

  1. Saludos Teresa Martínez Guerrero

    ¿no existe en las universidades públicas alguna organización sindical que agrupe a los profesores de asignatura?
    no explicas qué es un PROFESOR DE ASIGNATURA y en qué universidades públicas están contratados. Imagino que las universidades privadas tienen otro tipo de contratación.
    alguna vez fui profesor en dos universidades durante un semestre, en la Universidad Veracruzana me contrataron como interino por persona o interino por obra y tiempo determinado.
    En la Universidad Villa Rica privada simplemente esas categorías no existían y el pago siempre era irregular.
    También trabajé en los CONALEP I y II, todos los planteles están aquí en la ciudad de Veracruz.
    Esa experiencia la viví en la década de 1980-90.
    Los ingresos nunca me dieron MAS QUE PRECARIZACIÓN y aún no tenía familia.
    A veces sueño a mis 62 años volver a incursionar para compartir mis conocimientos en las aulas.
    Nunca dejé la reflexión política, el estudio de la historia, amplié y sistematicé mi estudio de Marx-Engels-Trostky-Revueltas-Mao-Stalin, superé el dogmatismo.
    Sistematicé mi conocimiento sobre la Historia nacional. Transcendí muchos mitos históricos.
    La militancia la abandoné al fundarse el PRD, pues el PMS se sometió a viejos priístas.
    El régimen criollo burgués parasitario ha sido capaz de cooptar toda oposición.
    Esto lo aprendí en la militancia siguiente
    PARTIDO MEXICANO DE LOS TRABAJADORES.
    LIGA OBRERA MARXISTA/ COMITÉ DE JÓVENES POR EL SOCIALISMO.
    PARTIDO COMUNISTA MEXICANO ….Célula Herón Proal Islas/Punto programático LUCHA TEÓRICA, fuimos expulsados acusados de teorizantes y anarquizantes.
    PARTIDO MEXICANO SOCIALISTA.
    Y Renuncié al PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA cuando estaba claro que era reedición del PRI anti salinista.

    Cordialmente
    ADOLFO ROBERTO PÉREZ VALDÉS
    Periodista independiente no asalariado a ningún medio
    Egresado de la FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN
    DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA 1978-1982

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