Anarquía, mercado y emergencia sanitaria. Segundo apartado: La Superioridad del Socialismo

(Tercera entrega y final)

Por: Diego Martínez

“Los lugares comunes sobre la libertad, la igualdad y la democracia, equivalen en el fondo a una repetición ciega de conceptos que constituyen una copia fiel de las relaciones de la producción mercantil.”

Lenin,
Economía y Política en la época de la Dictadura del Proletariado

Introducción

A diferencia de las anteriores entregas[1]   [2], donde tratamos desde un punto de vista más teórico y noticioso los problemas generales de la anarquía de la producción capitalista y el mercado durante la actual crisis, en la presente abordaremos desde una visión más histórico-teórica, la aplicación de la propuesta económica y de trabajo comunista para la reorganización social, mostrando cómo tal ejecución es superior a la que permanece bajo el capitalismo.

Mural de mosaicos del edificio Haus des Lehrers, en Alexanderplatz, Berlin, RDA.

Mi texto, no va solamente dirigido a quienes aún no se convencen de la superioridad socialista, principalmente está pensado para las y los camaradas que integran cada uno de los Partidos Comunistas del mundo, que en mayor o menor medida, siguen seducidos por la superchería de la izquierda socialdemócrata[3], aquella que se quedó anclada en los postulados denunciados por Lenin, pertenecientes a la Internacional amarilla[4] –porque no comprenden, o no han querido comprender la contradicción irrestricta entre uno y otra-, aquellos que confunden “humanismo” con moral comunista, los que prejuiciados por las distintas formas de revisionismo moderno, han caído en el engaño del “autoritarismo despiadado” durante los años de construcción de las bases materiales del socialismo en la Unión Soviética.

Quienes juzgan cómodamente, con diferentes varas de medir los procesos revolucionarios en unos y otros continentes, sin conocer ni estudiar con paciencia, la historia y naturaleza de cada uno de ellos, están condenados a fracasar en la percepción científica de nuestra tradición, por lo tanto de la realidad.

Además de la teoría marxista-leninista, mi guía es el ejemplo histórico del único Estado que en la práctica intentó seriamente, el sometimiento de la ley del valor, para invertir el dominio del producto sobre el productor[6].

En la víspera del 75 Aniversario de la Victoria Soviética sobre el nazi-fascismo[7], va dedicado éste texto a los primeros constructores y defensores del socialismo.

Es científica e históricamente innegable, el acelerado éxito económico de la Unión Soviética desde fines de la década de 1920 y a lo largo de la década de 1930, lo que le permitió defenderse del permanente acoso imperialista y sobretodo, aplastar la agresión genocida nazi-fascista, para posteriormente, reconstruir en tiempo récord, lo devastado por ella.

Cartel sovietico con la leyenda Obreros y campesinos, no permitan que se destruya nuestra planificación de 10 años.

A estas alturas, habrá quien con razón concluya que, cada una de las líneas que forman mi análisis, han tomado como pretexto la crisis económica y sanitaria generada por la pandemia del COVID-19, para mostrar la superioridad de la historia, la teoría y la ejecución socialista, frente a la sociedad capitalista en todos los campos de la vida en la Tierra.

I

Teoría e Historia

“Una revolución es la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte con fusiles, bayonetas y cañones, todos medios autoritarios; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios.”

Engels,
De la Autoridad

Periodo de transición al socialismo

Una vez aclaradas las premisas, retomaremos brevemente el último punto que abordamos en la anterior entrega, es decir el periodo de transición del capitalismo al socialismo, donde comienza la reorganización económica y de trabajo al estilo socialista contra las relaciones capitalistas aún existentes.

Estación Ortachala de autobuses soviéticos, Ciudad de Tiblisi, Georgia.
En el arte proletario del siglo XX, el dominio del ser humano sobre las fuerzas de la naturaleza es un constante. En este caso, podemos ver un bombero dominando lenguas de fuego; en Bellas Artes, ciudad de México, el mural del piso superior tiene una temáticas central similar.

La abolición de las clases, como ya adelantábamos resulta una tarea mucho más ardua que la senda del triunfo revolucionario. Implica el derrocamiento político, militar y económico de los capitalistas en conjunto, una vez arrebatado el poder a la burguesía, cuestión que no radica solamente en la derrota de una clase. Se vuelve efectiva, mediante la reorganización de toda la economía social, es decir, dejando atrás la anárquica producción mercantil que por naturaleza es individual y aislada, para avanzar hacia la gran producción colectiva[8].

Tamaños pasos exigen el tacto y la meticulosidad necesarios, para no provocar el efecto contrario en los resultados deseados, pero no por eso deben dejarse a segundo término las acciones que den lugar paulatinamente, a la propiedad social[9].

Este periodo puede muy bien caracterizarse por la “Producción proporcional para la amplia satisfacción de las necesidades sociales”, basándose en el principio “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, encaminada hacia la máxima comunista: “de cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades”[10].

Se trata pues, de la lucha sosegada por la abolición de formas de propiedad grupal e individual de los medios de producción y de la eliminación de la consciencia pequeñoburguesa, enraizada en profundísimos lazos históricos, aún más antiguos que los de la clase capitalista. Lo que revela en parte, que la Dictadura del Proletariado como instrumento de dominación del Estado de los trabajadores, será necesaria hasta la culminación final de la superación comunista, cuando logremos prescindir de ella.

Mural callejero de mosaicos, del artista sovietico Vladimir Shipotilnikov.

Así es fácil inferir que, desde la fase más inmadura del comunismo, sería mucho más efectivo paliar los daños generados por desastres naturales y demás imponderables, cualquiera que éstos sean, -epidémicos, atmosféricos, etcétera- ya que las necesidades de la población no se verían condicionadas por la concurrencia del mercado, es decir por las necesidades contradictorias de los capitalistas.

II

El legado de la Unión Soviética

“La dictadura revolucionaria del proletariado es un poder conquistado y mantenido mediante la violencia ejercida por el proletariado sobre la burguesía.”

Lenin,
La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky

No es posible aquí, relatar los enormes esfuerzos que cimentaron la economía soviética entre 1921 y 1929, sin embargo, adjunto un par de apartados[11] [12] para quienes deseen profundizar en el contexto del surgimiento de las leyes económicas del socialismo que, posteriormente fueron desarrolladas para someter seriamente las leyes capitalistas, primero la de concurrencia y luego la del valor[13].

Economía Central Planificada.

Ley de desarrollo armónico de la economía

Gracias a los éxitos económicos de los años referidos, el Partido Bolchevique, en abril de 1929, decide no prolongar las tareas del periodo de transición y emprende la ofensiva contra el mercado, empleando el desarrollo socialista de la ley económica de armonía obligatoria. Medida adoptada en la XVI Conferencia del Partido, donde es evidenciada la fortaleza económica soviética para prescindir definitivamente de la NEP[14].

Los planes quinquenales aplastan a la burguesía.

Esta ley económica surge como oposición de la ley de concurrencia, la anarquía de la producción capitalista, que pierde fuerza y vigencia por la socialización de los medios de producción, lo que permite planificar con más certeza la producción social[15]. Es importante señalar que las leyes económicas de uno y otro sistema, tanto como sus representantes, chocan y permanecen en constante tensión durante las fases en que el socialismo aún no madura en su forma superior, el comunismo. Lo aclaro, porque aquí radica la falta de entendimiento general en el papel del uso de la fuerza, que necesita emplearse en la Dictadura del Proletariado, tal como sucedió en la Unión Soviética en la etapa revolucionaria de construcción socialista[16].

Como he citado en las anteriores entregas, Engels, en su “Anti-Dühring”, señala que dentro del socialismo se requiere el despliegue de la posesión de todos los medios de producción, es decir, de todo el conjunto de los medios de producción. También he aclarado antes, siguiendo la teoría leninista, que nacionalización no es lo mismo que socialización de todos los medios de producción, pues lo segundo implica hacerlos patrimonio de todo el pueblo, tanto los de la industria como los de la agricultura, etcétera. De ésta forma Engels considera que durante el socialismo, es necesaria, la socialización de todos los medios de producción, lo que en síntesis significa: suprimir la producción mercantil, para éste cometido es desarrollada la ley de desarrollo armónico de la economía.

He insistido a lo largo de las tres entregas en la obra del “Anti-Dühring” porque resulta fundamental para comprender cómo Engels demuestra de una manera clara que, la existencia de la circulación mercantil, debe conducir indudablemente al resurgimiento del capitalismo. Como marxista-leninista, parto así, del principio comunista de la distribución de los productos con arreglo a las necesidades, mismos que excluyen todo intercambio de mercancías y en consecuencia excluyen también la transformación de los productos en mercancías y al mismo tiempo, su transformación en valor.

En suma y como consecuencia, la ley de desarrollo armónico provoca que, la acción de la ley del valor sea rigurosamente limitada, para que no pueda desempeñar el papel de regulador de la producción y paulatinamente someterla en su totalidad.

La ley del valor[17], dentro del socialismo, está impedida para producir crisis de superproducción. A diferencia de lo que sucede en el capitalismo, donde cuenta con amplio campo de acción, generando crisis periódicas de superproducción, como la que hoy padece la humanidad en cuanto a materiales básicos de higiene y desinfección, hidrocarburos y otros. La planificación socialista, en cambio, basada en las necesidades del pueblo, rige la producción adecuada de insumos y profesionales en todas las ramas de la organización social.

Tal ejecución se encamina hacia la sociedad comunista, donde la cantidad de trabajo invertido en la producción no se mide indirectamente, es decir a través del valor y sus formas, como ocurre en la producción mercantil, sino de manera directa e inmediata, por la cantidad de horas invertidas en la producción de los productos. Tampoco la distribución del trabajo entre las ramas es regulada por la ley del valor, que entonces habrá perdido ya toda su vigencia, sino por el incremento de las necesidades de la sociedad en productos. Sociedad donde las necesidades de la misma, regulan la producción[18]. Esto permite la acción de la ley del desarrollo armónico de la economía planificada, librándose del absurdo de las crisis económicas periódicas que transcurren en el capitalismo, las que destruyen la economía y causan a la sociedad los daños que observamos sin necesidad de citar más ejemplos.

III

Nuestra propuesta: La Economía Central Planificada

“Esta dictadura supone el empleo de la violencia implacable, severa, rápida y decidida, para aplastar a explotadores, capitalistas y terratenientes. Quien no lo haya comprendido, no es un revolucionario y debe ser apartado de cualquier dirección del Partido.”[19]

Lenin,
Un saludo a los obreros húngaros

La propuesta comunista de la Economía Central Planificada, tiene como meta, abolir la desocupación, es decir la pobreza y el enorme –cada vez más creciente- ejército industrial de reserva, señalado por Marx en El Capital.

Aritmética comunista 2mas2 más entusiasmo de los trabajadores da 5. Por Yákov Guminer. 1931.

En la sociedad capitalista, la existencia de este ejército de “desocupados” garantiza el empleo de abundante mano de obra barata en todos los campos, por lo cual, a la burguesía en su conjunto, no le conviene que desaparezca la presión de toda esta masa, que actúa en perjuicio del salario y las condiciones laborales del resto de trabajadores.

En cambio, la planificación central, se ocupa de organizar la producción de acuerdo a las necesidades sociales del pueblo en su conjunto, lo que impide la contradicción de competencia entre privados, en detrimento de la mayoría.

La pandemia del COVID-19 nos ha mostrado con transparencia, que ningún empresario está dispuesto a asumir pérdidas en beneficio de sus propios trabajadores. Es sabido que el anuncio del regreso, aunque paulatino de actividades en México, se debe, entre varias razones, a la imposición de la economía norteamericana[20], que arroja pérdidas enormes, principalmente en el sector automotriz[21] –cuestión que adelantamos desde la primer entrega de éste trabajo- por lo que necesita el estímulo de la actividad económica mexicana para sobrevivir.

Tan sólo este ejemplo, de tantos otros, ilustra perfectamente que el Estado en este contexto, permanece en manos de la economía capitalista y por lo tanto está impedido para satisfacer las necesidades mínimas de su población en crisis como la actual.

La diferencia de la planificación central socialista es que en ella, no pueden separarse de los intereses individuales. Sólo el socialismo puede satisfacer al máximo, estos intereses personales. Es más, la sociedad socialista puede intervenir enfáticamente a favor de los intereses del individuo. El socialismo, no niega los intereses individuales, los une armoniosamente, con los intereses del colectivo. El capitalismo en la actual era de desarrollo tecnológico, libre mercado y comunicación, no une tales intereses, los monopoliza y hegemoniza en beneficio de las relaciones mercantiles unas veces y por medio de la guerra otras, sin embargo, no logra ni pretende resolver los antagonismos individuales y grupales, los exacerba.

La burguesía ha demostrado una y otra vez, que no es capaz de ver más que por su propio interés, sin embargo se siente con la autoridad moral para imponer cuáles deben ser los preceptos de la supuesta “democracia” en el actual régimen capitalista.  A pesar de que la burguesía no se somete a la voluntad del colectivo; intenta subordinar todo lo colectivo a su voluntad. Por otro lado, se encuentran los explotados, los que no poseen ningún medio de producción; los que, para poder vivir, están obligados a vender su fuerza de trabajo, pero sin que tal venta, satisfaga las necesidades humanas básicas.

Así, quienes se oponen a la planificación centralizada, a la colectivización de la tierra y demás medios como propiedad social, se sitúan del lado de personajes como Fredrich Hayek, uno de los máximos representantes de la escuela austriaca de economía, profeta de los liberales más exacerbados. Hayek, en su libro “Camino a la servidumbre”[22], expone los mismos argumentos de quienes comparan a Stalin con Hitler, equipara comunismo con nazismo y alega la supuesta inviabilidad de las medidas económicas más “radicales” del programa comunista. Argumentos empleados igual por la derecha que por la izquierda contemporánea, que se han tragado la treta moralista, es decir, no científica, sobre el “totalitarismo y el autoritarismo” en la construcción socialista de la Unión Soviética. Bien es cierto que, uno de los peores fenómenos del pensamiento humano es pertenecer ideológicamente a un espectro político, sin ser consciente de ello.

Quienes alegan el fracaso del socialismo porque “colapsó” la Unión Soviética, es porque no han comprendido o se empecinan en falsificar la historia.

En primer lugar, es históricamente incorrecto hablar de “colapso” ya que se niega el carácter oportunista, como fuerza contrarrevolucionaria que logró instalarse en el seno de la dirigencia soviética en el periodo de 1953 a 1956, donde finalmente catapulta sus posiciones desde el revisionismo[23] [24], mismas que maduran de manera exacerbada en las claudicaciones, que engendran la descomposición absoluta del PCUS en la década de 1980, dando lugar a la disolución[25] impuesta y militarizada de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas.

Queda claro que las tesis sobre el supuesto fracaso del socialismo no se sostienen ya que desvirtúan los hechos y parten de prejuicios anticomunistas, pues no admiten la desviación de la conducción soviética, como fuerza revolucionaria primero y como fuerza retrógrada del oportunismo después.

A lo largo de estas tres entregas he querido mostrar las razones principales por las que las sociedades mercantiles no son aptas para el sostenimiento armonioso de la humanidad, mientras que una sociedad organizada para las satisfacciones de sus necesidades en conjunto puede erigirse como dominadora de todas las fuerzas sociales y naturales para su beneficio. Tal organización es la del socialismo-comunismo.

Bibliografía complementaria:

Marx y Engels:

La Guerra Civil en Francia (1871)

Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 (1895)

Engels:

De la Autoridad (1873)

“El papel de la violencia en la historia”, en La ciencia subvertida por el señor Dühring, “El Anti-Dühring” (1878)

El problema campesino en Francia y Alemania (1895)

Lenin:

La bancarrota de la Segunda Internacional (1915)

El oportunismo y la Bancarrota de la II Internacional (1916)

El Estado y la Revolución (1917)

Acerca del infantilismo “izquierdista” y del espíritu pequeñoburgués (1918)

La Revolución Proletaria y el renegado Kautsky (1918)

Condiciones de adhesión a la Internacional Comunista (1919)

Tesis sobre la democracia burguesa y la Dictadura del Proletariado (1919)

La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo (1920)

Ludo Martens:

El Partido de la Revolución (1996)


[1] “Anarquía, mercado y emergencia sanitaria” (primera entrega) https://partidocomunistademexico.wordpress.com/2020/04/11/anarquia-mercado-y-emergencia-sanitaria/

[2] “Anarquía, mercado y emergencia sanitaria” (segunda parte) https://partidocomunistademexico.wordpress.com/2020/04/17/anarquia-mercado-y-emergencia-sanitaria-segunda-parte/

[3] “Cuando ciertos círculos comunistas niegan la oportunidad de la consigna “clase contra clase” o no quieren agudizar la lucha contra la socialdemocracia de “izquierda”, eso significa que dentro de los Partidos Comunistas hay gente que pugna por adaptar el comunismo a la socialdemocracia”. En Stalin, “Sobre el peligro de la derecha en el PC(b) de la URSS”, (1928).

[4] Léanse por ejemplo en la obra de Lenin: “La bancarrota de la Segunda Internacional”(1915) , “El oportunismo y la Bancarrota de la II Internacional” (1916) y “ El renegado Kautsky” (1918)

[5] Entre las condiciones establecidas por Lenin, para pertenecer a la Internacional Comunista, se encontraba el requisito de desconocer la Carta de los Derechos del Hombre, por situarse únicamente en la igualdad liberal de una sociedad capitalista.

[6] La enorme cantidad de “críticas” norteamericanas, latinoamericanas y europeas llamadas “post-marxistas, marxianas, neo-marxistas”, etcétera, abrevan desde posiciones populistas, por lo tanto pequeñoburguesas. Ninguna de ellas retoma la posibilidad del dominio de la ley del valor para invertir el poder económico. Al respecto: (…) “la noción de igualdad, con ser una copia fiel de las relaciones de la producción mercantil, se transforma en prejuicio si no se comprende la igualdad en el sentido de la abolición de las clases. Esta verdad elemental relativa a la diferencia de la concepción democrático-burguesa y la socialista sobre la igualdad es olvidada constantemente.” Lenin, T. XXXIX, Obras Completas, en “Economía y Política en la época de la Dictadura del Proletariado” (1919) pp.291-292, 1986, Progreso, Moscú.

[7] El 9 de mayo de 1945, los escombros del Estado nazi, firman la rendición incondicional ante el Ejército Rojo.

[8] Ibídem, Lenin, pp.287.

[9] En éste sentido, los camaradas griegos concluyen acertadamente en el 18° Congreso del Partido Comunista de Grecia. En su Resolución sobre el socialismo, respecto a que por tales motivos, los sistemas chino y vietnamita, no pueden considerarse “sociedades multisectoriales transicionales”. Punto 4 de la resolución: https://inter.kke.gr/es/articles/18o-Congreso-Resolucion-sobre-el-Socialismo/

[10] Marx, Crítica al Programa de Gotha, pp. 12. 1977, Progreso, Moscú.

[11] ¿Qué significó la Nueva Política Económica?

El significado revolucionario que representaba para el mundo la existencia del primer Estado Obrero erigido en la Rusia Soviética, amenazaba principalmente los intereses del imperialismo occidental, que veían con horror la posibilidad de que emanara una ola de revoluciones comunistas contra el dominio burgués, monárquico y terrateniente. Por eso, alrededor de una veintena de grupos beligerantes, entre mercenarios y ejércitos regulares, encabezados por las potencias europeas y Estados Unidos, desataron entre 1918 y 1922 , una invasión contra el Poder Soviético.

Ante los problemas propios derivados de la recién nacida democracia socialista, sumado a los avatares de la guerra imperialista, el Partido Comunista (Bolchevique), fuerza dirigente del nuevo Estado, celebró en 1921, su X Congreso, donde después de acaloradas discusiones acerca de las desviaciones anarco-sindicalistas y ultraizquierdistas, al interior del Partido, se decidió a propuesta de Lenin, la temporal  reincorporación de elementos mercantiles en la economía soviética, para atraer la participación del campesinado medio, en las granjas encaminadas a la producción social , dejando atrás la economía del comunismo de guerra que había regido entre 1917 y 1921.

Esta herramienta de carácter temporal fue llamada Nueva Política Económica (NEP) en la que Lenin se vio obligado a maniobrar a causa de la intervención armada extranjera, el sabotaje de los acaparadores y la especulación. La vigencia de la NEP en el Estado Soviético dura muy poco, pues el avance del estilo socialista en el trabajo robusteció la economía soviética, lo suficiente para volver a prescindir cuidadosamente, de tales elementos mercantiles.

Revisar en Guevara, “Apuntes críticos a la Economía Política, pp. 9-10, 30-31, 82, 125. 2006, Ocean Sur, Cuba.

[12] En diciembre de 1925 es celebrado el XIV Congreso del Partido Bolchevique, donde se fija la línea a seguir para la industrialización socialista de la economía soviética, con el fin de restaurarla en todas sus ramas, evitar el cerco comercial y sobrepasar a las potencias occidentales.

A lo largo de 1926 y 1929 todos los esfuerzos de la economía soviética son concentrados en la creación de distintos tipos de industria; ligera, pesada y de guerra, las que carecía Rusia por el atraso zarista. Además, la industrialización socialista, permite paliar de manera contundente, el enorme desempleo heredado.

A diferencia de las potencias capitalistas que han desarrollado su industria, gracias a la expoliación colonial,  los recursos con los que debe hacerlo el nuevo Estado Soviético, son absolutamente propios, ya que ni si quiera cuenta con empréstitos extranjeros por el bloqueo que sufre.

El crecimiento en éste periodo, donde son industrialmente superados países como Bélgica o Gran Bretaña en cuanto a minería y demás áreas de producción, no se debió a que los trabajadores soviéticos fueran mejores o más aptos que los explotados irlandeses o belgas, sino al principio de la planificación de estas tareas, acorde a las necesidades del pueblo, no a las de empresas privadas. Habrá quienes nieguen esta realidad, sin embargo, la prueba de fuego de la industria soviética se llamó Segunda Guerra Mundial, en donde demuestra una capacidad superior a la de Alemania, Francia y una larga lista de naciones europeas con un desarrollo industrial anterior al soviético.

Al anularse la deuda pública zarista que representaba cientos de millones de rublos al año, por concepto de intereses y al abolir la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, el Poder Soviético liberó a los campesinos medios y pobres de abonar casi 500 millones de rublos oro en rentas. De ésta forma, las masas campesinas podían ayudar  de forma más inmediata a la construcción de la nueva industria agrícola. Lo que facilitó  el ingreso de millones de rublos para la creación de la industria pesada.

En dicho periodo fue posible, gracias a los puntos mencionados, el establecimiento de la primer Gran Central hidroeléctrica euroasiática en Dniéper  -siendo la más grande del mundo para la época,- el ferrocarril desde el Turquestán hasta Siberia, la primer fábrica de tractores del Estado y la primer fábrica estatal de automóviles soviéticos “AMO”. Estos años, la industria estatal soviética creció un 86% en detrimento del sector privado, disminuido al 14% a nivel nacional. Aún sin retirar del todo las leyes de la NEP, a la par, disminuyó la participación del comercio privado alrededor de un 32%.

Los primeros éxitos de la industria soviética empujan el avance del trabajo al estilo socialista para emprender camino hacia la propiedad social. De tal manera que se siguieron los aciertos teóricos de Lenin acerca de la tierra y el campesinado:

1)(…) “es necesario asegurar de un modo sólido la transición ulterior de la economía campesina, que consistirá, inevitablemente, en que, unificándose gradualmente, las pequeñas explotaciones campesinas aisladas, las menos beneficiosas y más atrasadas, organicen la explotación agrícola colectiva y en gran escala”. En Lenin,” Materiales del problema agrario, acerca de la introducción de las resoluciones de la VIII Conferencia de toda Rusia del POSDR”.

2)”Solamente si se consigue hacer ver prácticamente a los campesinos las ventajas del cultivo agrícola social, colectivo, en forma de cooperativas y se logra ayudarles mediante la economía, solamente así, el proletariado que tiene en sus manos el Poder Soviético, podrá demostrar realmente al campesino su razón y lo atraerá realmente a su lado de un modo sólido y auténtico.” En Lenin, “Sobre la Cooperación”.

En septiembre de 1927 el Partido Bolchevique celebra su XV Congreso, donde decide abordar tales señalamientos leninistas, por lo que se acuerda desplegar por todos los medios, la colectivización de la agricultura.

Con el impulso del movimiento koljosiano  y sovjosiano  de masas, enriquecido con la participación de los campesinos más empobrecidos, se logró que para fines de 1928, el Estado Soviético contara con reservas suficientes de cereales y a pesar de la resistencia de los resabios de las fuerzas terratenientes, estos fueron finalmente aplastados mediante la nueva organización económica industrial y campesina, es decir, la concreción de la alianza de los obreros y los campesinos

[13] Ibídem, 18° Congreso del Partido Comunista de Grecia. Ver Puntos 6, a 19.

[14] Ibídem, Stalin, pp. 155.

[15] Stalin, Obras Completas T. XV, pp. 77, 1953, Progreso, Moscú

[16] Años de 1918-1956

[17] La ley del valor, es una categoría histórica vinculada a la existencia de la producción mercantil. Al desaparecer la producción mercantil, desaparecerá  el valor en todas sus formas, y la ley del valor.

[18] Ibídem, Stalin, Obras Completas T. XV, pp. 81-82

[19] Al respecto, Ernesto Guevara, criticando el revisionismo soviético, calificándolo de oportunista dice: “La dictadura del Proletariado es un régimen de violencia contra la burguesía; está claro que la intensidad de la lucha depende de la resistencia de los explotadores, pero nunca será un régimen de agua de rosas, o se lo comen.” Ibídem, Guevara, pp. 112

[20]La presión desde Estados Unidos crece para que México abra la industria fronteriza:  https://elpais.com/economia/2020-05-02/presion-desde-estados-unidos-para-que-mexico-abra-la-industria-fronteriza.html

[21]Reapertura del sector automotriz de prevé para el 17 de mayo: Concamin:  https://lasillarota.com/dinero/reapertura-del-sector-automotriz-se-preve-para-el-17-de-mayo-concamin-covid-19-coronavirus-pandemia-autos/388908

[22] Capítulos del II al XII.

[23] Ibídem, 18° Congreso del Partido Comunista de Grecia. Ver con atención Puntos 22, 25 y 26

[24] Ibídem, Guevara, pp. 103, 107, 111, 112

[25] Fenómeno similar sucede paralelamente, en el resto de Partidos dirigentes de las democracias populares europeas.

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