Anarquía, mercado y emergencia sanitaria

Por: Diego Martínez

“Las repetidas epidemias mostraron al burgués la urgente necesidad de proceder al saneamiento de sus ciudades, para no ser, él y su familia, víctimas de esas epidemias.”

Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra

(Primera entrega)

Introducción

Ante la imposibilidad material de más de 50 millones de mexicanos de mantener cuarentena o confinamiento voluntario por sus condiciones de explotación[1] [2], resulta falso que en cualquier emergencia sanitaria no importen las posiciones ideológicas, resulta falso que precisamente éstos momentos sean motivos de lealtad institucional por parte del pueblo mexicano, resulta cínico en éstos tiempos, llamar a la tan vociferada unidad nacional, misma que ha sido incompatible con el carácter capitalista de la sociedad mexicana y mundial, que hoy resalta las diferencias de clase en la lucha por la supervivencia.

Según las cifras oficiales del gobierno federal, por lo menos a la segunda semana de abril, en México la letalidad del virus es de alrededor del 5%[3], esto debido según los informes médicos a distintas comorbilidades específicas, sumado a la pertenencia del sector poblacional de adultos mayores de 65 años, sin embargo hay otros países que tienen tazas poblacionales similares a las de México y a las de otras naciones tremendamente afectadas por el virus, países que además llevan ya más de dos meses a partir del primer registro de infección interna y que a pesar de todo, tienen un número de casos de apenas un par de cientos e incluso no presentan víctimas fatales[4].

La República Socialista de Vietnam es uno de estos países; mantiene 1300 km de frontera con la República Popular China y se encuentra apenas a poco más de 2113 km de la provincia de Hubei, –epicentro inicial de la pandemia- además Vietnam tiene una población de casi 97 millones de habitantes y China es su principal socio comercial, por lo cual el tráfico de bienes y personas entre los dos países es enorme[5]. La nación indochina registró el primer caso de COVID-19 en su territorio el 23 de enero,[6] con todo, hasta el 10 de abril, registra 255 infectados entre extranjeros y nacionales sin víctimas fatales, cero muertes[7] [8].

A pesar de que el Partico Comunista de Vietnam empezó a revisar imparablemente el programa económico histórico en sus Congresos VI y VII[9] [10], por lo que no podemos considerar al Estado vietnamita como una dictadura del proletariado[11], lo que es cierto es que los resquicios del modelo socialista –y no otros- son los que le han permitido contener la actual crisis sanitaria tan eficazmente, cuestión que no ha sido mediáticamente mencionada, pues la mayoría de notas sobre el tema, se centra en ejemplos como los de Corea del Sur o Singapur, países fundamentales en el conglomerado imperialista y que sin embargo, registran cifras bastante lejanas y nada modélicas respecto a Vietnam; Corea del Sur reporta 10450 casos infectados con 208 defunciones y Singapur 2108 casos infectados con 7 defunciones para el 10 de abril.[12]

Los pueblos de Italia y España forman parte de los más pobres de la Europa occidental, sin embargo esto no debe confundirse con el nivel económico de sus Estados. Tales países cuentan en general con mejor equipamiento médico que los pueblos de América Latina, aunque no es posible negar que México tiene, -gracias a la Revolución de 1910- un sistema público que en muchos sitios de Europa y el mundo carecen, a pesar de ello, se verán intensificadas las consecuencias de las permanentes privatizaciones y recortes del sector público de salud de las últimas décadas.

En el otro extremo se encuentra la situación que vive E.E.U.U., -la nación símbolo de la “libertad económica” y por lo tanto del capitalismo a ultranza,- convertida en nuevo epicentro de la pandemia, superando a China, España e Italia con 485,576 casos infectados y 17956 defunciones registradas hasta el 10 de abril. Para dar explicación y sobretodo solución a los hechos aquí mencionados, no hay duda que existen distintas aristas que han dado respuestas desde diversas posiciones y áreas del conocimiento, no obstante nosotros como comunistas estamos obligados a exponer alternativas desde la óptica científica de la realidad, es decir desde la óptica comunista y a mostrar los éxitos inobjetables de nuestra tradición, es decir el marxismo-leninismo.

De tal suerte que en esta primera entrega, daré seguimiento a uno de los problemas congénitos del capitalismo que se hace más patente en momentos como los que padece el mundo a raíz de la pandemia del COVID-19, que es el que Marx y Engels llamaron “anarquía de la producción capitalista”.

I

Carácter anárquico de la producción capitalista o ley económica de concurrencia

Origen

Empecemos por el motivo fundamental que impide a los gobiernos dentro del contexto capitalista, la puesta en marcha de medidas que cumplan cabalmente con la cuarentena o el confinamiento óptimo de la población en emergencias sanitarias como la que atraviesa la humanidad. Tal motivo no es otro sino la parálisis o suspensión en las actividades económicas en sus distintas ramas; producción, mercado, etcétera.

Se nos ha repetido hasta el cansancio -y es una afirmación cierta- que dichas pausas de la economía repercutirían drásticamente. La mayoría de los técnicos estatales del mundo coinciden más o menos en la derivación de los siguientes pasos que culminan en recesión económica, es decir una forma de crisis capitalista:

  1. Impacto directo en la producción: Principalmente en las industrias fabriles, sectores como el automovilista, siderúrgico, minero, textil, de hidrocarburos y demás, provocando a su vez una desaceleración considerable en las exportaciones e importaciones de los países.
  • Interrupción de la cadena de suministro y del mercado: La desaceleración y las restricciones de transporte en los países afectados repercuten en la producción y la rentabilidad de determinadas empresas mundiales, en particular en el sector manufacturero y en las materias primas utilizadas en la fabricación. En el caso de las empresas que dependen de los bienes intermedios de las regiones afectadas y que no pueden cambiar fácilmente de fuente de abastecimiento, la magnitud del impacto depende de la rapidez con que se desvanezca el brote. Las empresas pequeñas y medianas tienen dificultades porque implica una reducción de las ventas y por lo tanto de sus ganancias, teniendo que recurrir únicamente a la riqueza de la acumulación.
  • Repercusiones en el sistema financiero mundial: La debilidad especulativa del mercado financiero basada en la inestabilidad de las bolsas de valores y cimentada de forma preferente en el Tesoro de EEUU, puede llegar a colisionar estructuras de países cuya moneda es sostenida casi exclusivamente en este sistema.
  • Recesión económica (crisis capitalista): El PIB mundial se estanca, el comercio internacional cae y provoca una recesión mundial, que en términos generales significa un decrecimiento de la actividad económica durante dos trimestres consecutivos. La recesión es la fase del ciclo económico en la que la actividad se reduce, disminuyen el consumo y la inversión, disparando el desempleo, porque la burguesía en su conjunto deja de invertir pues prefiere acumular. Es decir, hace más difícil que los gobiernos y bancos centrales adopten medidas efectivas para corregir la situación. Cuando una recesión es muy intensa y prolongada, se denomina depresión económica.[13]

Una vez apuntados los anteriores pasos, podemos entender mejor porqué las burguesías de todos los países se resisten a colaborar con los gobiernos en las medidas restrictivas de aislamiento.

Pero ¿por qué el Estado no puede poner orden unilateralmente en beneficio de su población?

En primer lugar porque década tras década, ha ido perdiendo intervención en las fuerzas productivas, dejándolas en manos de privados; en segundo lugar porque las empresas estatales que quedan en el mundo, han mantenido una gestión capitalista, pues la posesión o nacionalización de las mismas por parte del Estado no significa socialización de los medios de producción, ya que conservan relaciones mercantiles y de explotación[14], pero sobretodo porque en cualquier producción capitalista reina la anarquía, o en términos científicos, se cumple la ley económica de concurrencia, cuestión en la que ya profundizaremos. Esto se remonta, por si fuera poco, al origen de desarrollo del sistema capitalista mundial.

Antes de continuar en éste punto, nos interesa aclarar que el presente análisis queda liberado de toda carga moralista, así es más fácil darnos cuenta que, los gobiernos en el contexto capitalista, aun con la mayor de las voluntades políticas, son incapaces de garantizar medidas que protejan a las poblaciones en epidemias -luego pandemias- con las características que hoy observamos, ya que tienen las manos atadas por la contradicción de intereses entre las burguesías locales e internacionales, intereses de los que todo Estado en dicho contexto es gestor y representante.[15]

Regresando al problema originado en el desarrollo del capitalismo, la principal razón por la que los gobiernos no pueden proteger a sus poblaciones en condiciones como las actuales, es porque están incapacitados para controlar los múltiples intereses contradictorios, no sólo entre burgueses y proletarios, sino también entre las necesidades de la burguesía en general, este caos es revelado por Marx como ley económica de concurrencia, entendida como el carácter anárquico que impera en toda producción capitalista.[16]

Para poder explicar esta ley, debemos anotar el fenómeno que la engendra y es que en la sociedad capitalista, la anarquía permanece inserta desde la división social del trabajo o la forma arbitraria en que se oferta y demanda el empleo[17], quiere decir que la cantidad de puestos de trabajo repartido en las distintas actividades, -ya sean en las áreas científicas, médicas, de investigación, industriales, etcétera, está determinada por las necesidades de los empleadores y no por las necesidades de la población,- ningún país capitalista cuenta ni puede contar con un número planificado de técnicos, obreros o médicos acorde a las necesidades del pueblo que se elija sino que exclusivamente cumple con las necesidades contradictorias de las burguesías, fijadas por su competencia y demás factores, lo cual provoca el incremento desorbitante del ejército industrial de reserva, clave fundamental entre el poderío de la burguesía y el sojuzgamiento del resto de millones de seres humanos.

Es por eso que como vimos, el primer impacto respecto a las medidas de aislamiento, en la economía capitalista, repercute en la industria manufacturera, sin embargo tal anarquía termina trascendiendo en toda la sociedad.

Hay quienes niegan la anarquía en el capitalismo alegando la planeación, regularidad, uniformidad y orden en la economía particular al interior de las fábricas y empresas, además de la técnica y “reglamentación” en la jornada laboral, sin embargo es aquí donde surge la anarquía y las catástrofes de la producción capitalista, por la inevitabilidad de la exigencia de la explotación y la competitividad entre la tecnología y la fuerza de trabajo humana, sumada a la de las empresas entre sí.[18]

Son diversos y variados los factores que influyen en la concurrencia de una mercancía al mercado: cómo se fabrica (medios de producción, industrialización, origen de las materias primas, costo y condiciones de la fuerza de trabajo), cómo se realiza (enlaces entre mercancías intermedias, distancias, veces que traspasa una mercancía) y cómo vuelve al mercado el dinero (financiamiento, repartición de plusvalía, ampliación del capital). En el capitalismo estos factores se dejan al arbitrio del mercado: a la libre concurrencia. Esto no es otra cosa sino la anarquía de la producción.

Otras personas argumentan la “legitimidad” que tiene la burguesía por el hecho de ser propietaria de los medios de producción, -obtenidos de formas supuestamente justas- para decidir libremente la conducción de sus empresas, pero si excluimos el robo sistemático, la violencia y estafa permanente en la conducta de la burguesía y asumiéramos un intercambio de valores equivalentes en el desarrollo de la propiedad privada, aún en ese idílico caso, nos topamos invariablemente con el actual modo de producción capitalista, que incluye la monopolización de los medios de producción y por lo tanto el aplastamiento por parte de un grupo minoritario hacia las grandes masas de trabajadores, lo que conlleva especulación excesiva y desemboca en evidente anarquía de la producción.[19]

La anarquía capitalista

Marx y Engels también nos revelan que (…) “en toda sociedad basada en la producción de mercancías, los productores pierden el dominio de sus propias relaciones sociales[20]. Dicho fenómeno contradice la supuesta “libertad” que tiene la burguesía en su gestión, lo que enfatiza el carácter anárquico en la producción capitalista.

Esta pérdida de dominio se explica porque como decíamos, cada particular fabrica para sí, con los medios de producción que posee y únicamente para sus necesidades de intercambio por lo que ninguno de estos privados sabe con certeza cuántos de estos productos llegarán al mercado, ni menos cuántos de ellos se necesitan y usan realmente, no conocen si alguno de sus artículos en venta entroncarán una necesidad real.

Pero la producción de mercancías, como cualquier otra forma de producción, tiene leyes económicas propias, con características inherentes e inseparables y esas leyes se imponen a pesar de la anarquía, en la anarquía y a través de la anarquía, tales leyes se manifiestan en el intercambio y se imponen al fabricante individual bajo formas coercitivas de competencia, así pues someten, sin la participación consciente de los particulares, contra los particulares, como entes avasallantes de su propia forma de producción, es decir, el producto domina a los fabricantes.

Esto es la ley económica de concurrencia en la producción capitalista, misma que con el desarrollo paulatino del sistema que la engendra, avanza cada vez más agresiva. Paradójicamente, la herramienta que le ha permitido exacerbarse es justamente el ordenamiento de la producción como actividad social en cada establecimiento productor, pues choca indefectiblemente como contradicción desde la apropiación capitalista, -es decir entre cada empresa- y la producción social en su conjunto.[21] Ahora traslademos esta problemática anárquica a la salud como mercancía y podemos comprender con claridad el porqué de la magnitud traducida en muertes.

Tal contradicción expuesta, en el seno de la anarquía de la producción, se evidencia a la propia burguesía gracias a la inmensa concentración de capitales durante la crisis, mediante la ruina de muchos grandes y pequeños capitalistas. La maquinaria del capitalismo sucumbe por presión de sus mismas fuerzas productivas.

Su funcionamiento es incapaz de convertir en capital tantas masas de producción, como vemos hoy con la industria del turismo, caen inermes. Razón por la que de nueva cuenta el ejército industrial permanece sin aprovecharse, pues en la sociedad capitalista, los medios de producción no pueden entrar en actividad a menos que se transformen primero en capital, en medios de explotación de la fuerza de trabajo humana.[22] Así tenemos una enorme masa de desempleados que no es que “no trabajan porque no quieren”, sino porque el propio capitalismo es incapaz de absorberlos en la producción misma. Se vuelve incapaz de ampliar el ciclo del capital.

Engels nos recuerda que “Las fuerzas activas en la sociedad obran exactamente igual que las fuerzas de la naturaleza -ciega, violenta, destructoramente-, mientras no las descubrimos ni contamos con ellas. Pero cuando las hemos descubierto, y comprendido su actividad, su tendencia, sus efectos, depende ya sólo de nosotros el someterlas progresivamente a nuestra voluntad y alcanzar por su medio nuestros fines.”[23] Por eso nuestra propuesta va dirigida al dominio racional y consciente de tales leyes, de lo contrario, en tanto se niegue la comprensión de su funcionamiento en el capitalismo y sus defensores impidan neciamente ese entendimiento, las leyes económicas mantendrán sus efectos destructores contra nosotros y nos seguirán dominando como no hemos dejado de atestiguar. Pero una vez entendidas, podremos dominarlas para nuestro servicio.

Ante la anarquía vigente, planteamos la regulación socialmente planificada de las fuerzas productivas que la condicionan, acorde a las necesidades de los pueblos y no de unos cuantos individuos, sustituyendo la apropiación capitalista por la apropiación directamente social.

De esta manera, al suplir el dominio de un grupo minúsculo en comparación con el resto de la humanidad, cuyo poderío de clase permanece, fundado en la anarquía, la lucha por la supervivencia y las colisiones tenderán a atenuarse hasta desaparecer. Tomando posesión de los medios de producción para su socialización, se elimina la producción mercantil y con ella el dominio del producto sobre el productor a diferencia del contexto capitalista y por primera vez la humanidad podrá realmente controlar la actividad económica acorde a las necesidades de sí misma en su conjunto. Otra vez, Engels nos recuerda que solo con esta acción: “La humanidad se separa definitivamente, del reino animal y pasa de las condiciones de existencia animales a otras realmente humanas”.[24]

Como he mencionado en el inicio de esta primera entrega, el impedimento que toda sociedad capitalista tiene para hacer frente de manera eficaz a emergencias sanitarias como la causada por el COVID-19, provoca una enorme crisis socioeconómica, surgida a su vez del vientre del sistema capitalista.

En la siguiente entrega intentaré explicar la única y primer herramienta necesaria puede garantizar el sostenimiento armonioso de la humanidad para evadir o superar cualquier vicisitud social o natural.


[1] https://www.eleconomista.com.mx/politica/Coronavirus-Mexico-Quedarse-en-casa-no-es-opcion-para-millones-de-trabajadores-20200323-0058.html

[2] https://politica.expansion.mx/mexico/2020/03/31/ceey-alerta-el-riesgo-de-que-el-covid-19-sume-21-millones-mexicanos-a-la-pobreza

[3] https://www.youtube.com/watch?v=C7ZdGHWY2WA

[4] http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/04/05/vietnam-frente-a-la-covid-19-salvar-al-pueblo-es-lo-primero/#.Xoqjp4gzbIV

[5] http://www.exteriores.gob.es/Documents/FichasPais/VIETNAM_FICHA%20PAIS.pdf

[6] https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=350722&SEO=aumentan-a-76-los-casos-de-nuevo-coronavirus-en-vietnam

[7] https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=356421&SEO=recupera-vietnam-mas-de-la-mitad-de-los-enfermos-de-covid-19

[8] https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=357076&SEO=vietnam-combates-a-covid-19-y-por-la-economia-deben-ir-aparejados

[9] https://elpais.com/diario/1986/12/19/internacional/535330817_850215.html

[10] https://elpais.com/diario/1998/04/28/agenda/893714407_850215.html

[11] https://www.jornada.com.mx/2012/04/16/mundo/025n1mun

[12] https://www.bbc.com/mundo/noticias-52005096

[13] Gamble, Andrew. El capitalismo en crisis, la inflación y el Estado. pp. 22-48, 1997, Siglo XXI Editores, México

[14] Lenin, T. XV, Obras Completas, pp. 137, 1977, Akal Editor, Madrid.

[15] Entiéndase que, ante la epidemia actual, la mejor estrategia, sería la cuarentena total obligatoria. En el capitalismo, esto no tiene prioridad, pues implica entrar de manera directa en el ciclo de crisis anteriormente descrito. Cuestión que funciona distinto en el capitalismo. Así, los estados nacionales tratan de administrar la crisis actuando como el “capitalista colectivo”, dando medidas mixtas entre la cuarentena y la producción capitalista. Esto es muy evidente en México, pero también en España e Italia, cuyas fábricas siguen produciendo.

[16] Marx, El Capital, T. I, Cap. XV, pp. 643 , 2008, Siglo XXI, México

[17] Ídem, Cap. XII. pp.434

[18] Ídem, Cap. XIII, pp. 606-607

[19] Engels, Anti-Dühring, pp. 238-239, 1972, Progreso, Moscú

[20] Ídem,  pp. 366

[21] Ídem, pp. 367-370

[22] Ídem, pp. 372

[23] Ídem, pp. 374

[24] Ídem, pp. 379

2 pensamientos en “Anarquía, mercado y emergencia sanitaria

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