Gobierno Obradorista a la consolidación del Estado Mexicano

Comité Central

En poco menos de año y medio del gobierno de López Obrador, las cosas han venido manteniendo el mismo curso que desde el principio, gobernando como un partido socialdemócrata bastante moderado, comparable a algunos partidos de dicha tradición en Europa, o emergentes de Sudamérica; apostando a ser de izquierda en ciertos aspectos simbólicos, pero manteniendo en lo general la misma política de aquellos a quienes señalan como de derecha.

El gobierno morenista en lo internacional parece seguir apostando por la integración comercial de América del Norte, aspecto patente en la promoción y firma del Tratado entre México, E.U. y Canadá (TMEC), así como por mantener la misma lógica en el Banco de México y en el manejo de la Hacienda Pública señalado como correcto por los organismos financieros internacionales.

Las políticas sociales llevadas a cabo por el gobierno actual a través de la “Secretaría del Bienestar” pueden aminorar un tanto el costo de la explotación y la forma concreta en que se ha desarrollado el capitalismo en México sobre algunos sectores particularmente pauperizados, y existen políticas para contener el deterioro del campo y regularizar la precarización del trabajo. Sin embargo, son cada vez más claras las limitaciones de dichas políticas y es muy claro que es mínimo el impacto que tienen sobre una economía familiar de por sí destruida. Lo mismo sucede con la llamada “Nueva estrategia de seguridad”, pues de manera general el clima de violencia social, contrabando y asesinatos han mantenido el mismo ritmo que en los gobiernos anteriores.

De manera general el gobierno actual despierta tanto simpatías como animadversión, pero pareciera que ninguna de ellas es desmedida; es decir, ni la simpatía general parece convertirse en una verdadera convicción ideológica o fanatismo que lleve a sus seguidores a defender a su gobierno hasta las últimas consecuencias, ni tampoco parece que la animadversión que pueda aparecer tanto de manera repentina como sostenida, lleve a la insubordinación constitucional masiva.

Por el momento la oposición más activa está relacionada por un lado a grupos ultraconservadores quienes han exigido abiertamente la renuncia de López Obrador, e insisten en llamarlo socialista y compararlo con personajes como Nicolás Maduro, asegurando que está llevando al país a la quiebra económica, la degeneración y el caos. Por el momento es claro que se trata más de mecanismos de presión que tal cual de una ofensiva que pretenda derrocarlo, pero no podemos dejar de lado que dichos grupos tienen también algo de base social y que se están organizando, y no podemos dudar mucho en cuanto a su determinación para sí derrocarlo de presentarse una oportunidad.

Por el otro lado, tanto el EZLN como sus grupos afines, insisten en señalar que el gobierno de López Obrador es un gobierno de derecha que prácticamente no tienen ni siquiera alguna ventaja comparativa a la de los anteriores y que se opondrán a sus proyectos en cualquier lugar en donde tengan influencia. Particularmente en lo que se refiere al llamado “Tren Maya”, el cual atraviesa claramente su zona de influencia.

Pero más allá de estas posiciones, el gobierno de López Obrador parece estar controlando el nerviosismo de sus detractores quienes no han podido encontrar claramente en lo concreto ni a un socialista ni a un dictador de derecha, y pareciera que quienes insisten en exagerar sus caracterizaciones y tratar de esperar hasta el error más simple para criticar al gobierno actual, están cayendo en el descrédito mientras que el gobierno no se inmuta más de la cuenta.

Al final de cuentas, el gobierno de López Obrador, parece estar muy comprometido con el Estado mexicano con todo lo que le caracteriza de manera esencial y está fortificándolo a mediano y largo plazo. En este sentido no le interesa complacer a grupos que, desde su perspectiva, están en contra de dicho propósito; lo cual implica tanto a grupos políticos de la burocracia y la burguesía que en su ambición de plano no están dispuestos a ceder nada en función del Estado, pero también a grupos cuya ideología, desde la izquierda, es contraria a la del Estado mexicano.

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