En el caso Sucumbíos: Falta lo que falta…Justicia.

De la Redacción

El asesinato de jóvenes es una constante en nuestro país, pero el asesinato de jóvenes mexicanos en otro país no es una noticia que sea el encabezado diario en los periódicos que compramos en los puestos por la mañana rumbo al trabajo, ya que se necesita investigación y un caso cercano. Hace once años amanecimos con una noticia de esta magnitud. Nos hemos acostumbrado, hasta cierto punto, a saber de levantones en el estado de México, pero el asesinato de cuatro jóvenes mexicanos por órdenes del estado colombiano en tierras ecuatorianas nos sacudió y llenó de indignación. Éste caso marca un precedente de lo que no debió ocurrir en el plano internacional, pues vimos a la madre de Juan González del Castillo gritando desgarradoramente en cadena nacional por su hijo asesinado.

Vimos a padres, hermanos y amigos de Verónica, Soren y Fernando en primeras planas con los ojos vacíos y en las manos las cenizas de sus hijos. Seguimos atentos el discurso de la UNAM por sus alumnos masacrados. Vimos también la nula intención del gobierno mexicano de hacer lo mínimo ante este caso. V, vimos a Lucía Moret volver a nuestro país por una corta temporada lesionada y señalada como terrorista, y, finalmente, con una ficha roja de la Interpol, vimos la ruptura diplomática del pueblo venezolano con Colombia y vimos un Estados Unidos satisfecho y cínicamente impune. Todo esto enmarcado en el bombardeo por tropas colombianas (Operación Fenix) en territorio ecuatoriano en un campamento de paz de las FARC, hoy convertido en un partido legal y en pleno proceso de diálogo con el estado colombiano. En ese entonces, bajo el mando de Álvaro Uribe y el mando de las fuerzas militares siendo estaba a cargo Oscar Naranjo el mando de las fuerzas militares, y en nuestro país era el período de Felipe Calderón y su famosa guerra contra el narco.

¿Qué ha pasado después de tanto? Nada.

Llegamos al sexenio de Enrique Peña Nieto y sus primeros 100 días de gobierno de la mano del de el mismo Oscar Naranjo, quien estuvo en nuestro país diseñando la estrategia militar y de persecución policíaca en nuestro país de estudiantes y su asesoría como asesor de seguridad. Ese mismo que dio la orden de asesinar a nuestros compañeros tiempo atrás.

La Asociación de Padres y Familiares de las víctimas de Sucumbíos han recurrido a todos los sitios a donde se supone que tendría que tener respuesta y cobijo, y es después de más de diez años, concretamente el día 17 de enero, que los padres sostuvieron una reunión con la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), Rosario Piedra Ibarra. E, en esta reunión se comprometió a atender el caso y a garantizar a los familiares su derecho a la justicia y la verdad, así como a la reparación integral del daño y a recibir garantías de no repetición. Por otro lado, al ver un destrabe de los mecanismos y de la apertura del Estado ante este caso, donde hay una sobreviviente: Lucía Moret, la situación se vuelve un punto importante no solo en la agenda de los padres, si no en la movilización misma para que se cumpla ese compromiso, pero también para darle un viraje más concreto en la historia, esto es: generar la memoria histórica y política de los compañeros como de los miles de casos que suceden y sucedieron en nuestro país,  ya que la justicia no es algo que se pida, ésta se arrebata con movilización y organización.

En Veamos el contexto internacional, Colombia llega a la mesa de negociación y como resultado tiene una cantidad inmensa de asesinatos de líderes, estudiantes y exguerrilleros desmovilizados, vemos pues que por lo que podemos observar que no es garantía de estabilidad ni de cumplimiento real de los tratados firmados, la persecución continua y es así cómo se traslada a nuestro país. Es momento de retomar la solidaridad y la organización, no es momento de bajar la guardia y esperar. La solidaridad en América Latina es urgente, falta la justicia para todo aquel asesinado que en algunos casos ni los nombres se conocen. E, es momento de apretar y llevar un paso o cinco más adelante está limitada apertura que tienen las estructuras jurídicas en nuestro país, llevarlas al punto máximo y, no dar tregua. La memoria de los pueblos es inquebrantable como inamovible es la exigencia de justicia.

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