Carta abierta a la los inconformes de la alarmante deforestación amazónica

Por: Rodrigo Ayala

“El capitalismo tiende a destruir dos de sus fuentes primarias de riqueza: la naturaleza y el proletariado”-C. Marx
“Es más fácil pensar en el fin del mundo que en el fin del capitalismo” -S. Žižek

A principios del mes de agosto del año pasado, el gobierno de ultraderecha de Brasil, dirigido por el presidente Jair Bolsonaro, comenzó una cruzada contra la selva amazónica, cuenca biológica que funge hogar de millones de especies y agente regulador de la temperatura y oxígeno del planeta Tierra. Todo con la intención evidente de la expansión de terrenos de pastoreo de ganado y cultivo de soya.

Ante las fuertes noticias y alarmantes encabezados, se lleva al foro público las acciones perpetuadas y con justa razón son juzgadas por el mismo pueblo. Ya sea en las calles, escuelas, trabajo o redes sociales salen a denostar inquietudes naturales por el alarmante ritmo de deforestación que ligamos al proceso de cambio climático y fin de la vida como la conocemos. Junto con estas inquietudes empiezan a salir propuestas entre el vox populi. Propuestas que buscan de alguna manera incentivar con buena fe a los inconformes con la situación a tomar acción en contra de lo que algunos llaman estupidez, otros negligencia o maldad, pero que nosotros reconocemos y nombramos como capitalismo. El problema con estas acciones individuales no recae en la inquietud o buena voluntad de las personas de estar en desacuerdo con la destrucción de todo un bosque selvático, al contrario ¡recae en la incapacidad de realmente tomar acción para salvarlo!

Afirmamos esto tras ver las propuestas que se han abanderado y adoptado como mayor acto al que se puede aspirar como personas, sea en la individualidad o en sociedad. Aquí algunos extractos de estas acciones difundidas en redes sociales:

1) “Informarse sobre el problema”

2) “Tomar medidas en tus hábitos diarios: dejar de consumir carne o reducir su consumo”

3) “Motivar a otras personas a que cuestionen sus hábitos a través del apoyo y las ideas, y no a través de señalamientos por falta de coherencia o perfección”

4) “Informarse sobre el contexto político del lugar en que vives”

5) “Apoya económicamente a las organizaciones que están tratando de defender la amazonía y hacerle contrapeso a Bolsonaro”

6) “Comprometerse con tu propio proceso de aprendizaje. Busca y contrasta información y compártela para que muchas más personas empiecen a sentir que esto es responsabilidad de todos”

Aunque la primera impresión de este listado aparenta poseer elementos legítimos (como los señalados en los puntos primero y cuarto), al analizarlo detenida y politizadamente, nos damos cuenta de que no nos responde ni sacia a cabalidad la inquietud e inconformidad.

Busca la resolución de los problemas ambientales sin reconocer la raíz de estos, el capitalismo. Está más que claro en el punto quinto ya que, además de las acciones individuales, nos indica que hay que donar dinero a asociaciones. Nos incita a participar en la dinámica de mercado capitalista para acabar con los resultados de esta misma lógica de mercado. Contradictorio ¿No?

Inspira e invita al cuestionamiento de hábitos individuales como mayor acto crítico contra el sistema socioeconómico. Desactivando así la politización de los métodos destructivos empleados por la industria de la carne y la agricultura e invisibilizando la raíz capitalista y su dinámica que está acabando con el planeta.

Ante el consumo de carne y los hábitos individuales. Creemos en el Animal político de Aristóteles, que señala la capacidad de hacer política de todo. Sin embargo, ante la magnitud y naturaleza del problema no estamos de acuerdo con reducir la lucha contra el sistema al limitar nuestro consumo de bienes ya que terminaríamos culpando al que menos culpa tiene: el consumidor. Y de igual forma, a la descontextualización de las realidades en torno al consumo de carne y sus contrapartes (vegetarianismo veganismo) que no toman en cuenta la realidad de clases de la sociedad bajo un sistema capitalista. Reiteramos que no estamos en contra de las prácticas individuales que son legítimas en la vida de las personas. Buscamos la coherencia y visibilización de la magnitud de un problema que rebaza (y afecta) por mucho a los modos de vida individuales de las personas.

He aquí nuestro llamado a los inconformes que se han expresado con justa medida con un “no sé qué ni cómo hacer algo” ante la situación:

Primero, debemos reconocer que la triste y amarga noticia de la deforestación amazónica es sólo un síntoma del capitalismo.

Segundo, que el problema es superior y se encuentra en la estructura socioeconómica y política existente en nuestros días y no en nuestra individualidad.

Tercero, organizarnos, difundir y actuar, fallar, aprender y continuar. Es un camino largo y sinuoso, pero lo tenemos que llevar a cabo para poder aspirar a una sociedad en donde no tengamos que padecer los males del capitalismo y, de esta forma, poder disfrutar de nuestra vida plena.

Sí. Sí es posible una sociedad fuera del capitalismo. No nos sobrepasan en número, nos sobrepasan en organización ¡Organicémonos!

¡Proletariados y campesinos del mundo… unidos!

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