Declaración política del II Congreso del PCdeM

El Partido Comunista de México México (PCdeM), organización que construye paso a paso la organización de la clase trabajadora, que aspira a tomar el poder junto con ella para derrocar el régimen burgués y emprender el camino hacia el comunismo, se ha reunido en el pleno de este Segundo Congreso, para analizar la situación nacional e internacional en la que estamos situados, para con ello afinar nuestra organización, nuestros métodos de lucha, nuestros órganos de dirección y nuestro compromiso de luchar, hasta las últimas consecuencias, por la búsqueda de la sociedad comunista en donde se entierre, para siempre, el pasado oprobioso de miseria y explotación que la ambición de unos cuantos han sembrado en la Tierra.

Así pues, basados en la comprensión general de la historia que nos aporta el marxismo–leninismo, reafirmando el compromiso que hicimos hace casi nueve años, de construir esta organización con un rumbo independiente; reafirmando nuestro compromiso público que hicimos hace 7 años de llevar a cabo esta lucha con principios como la convicción, la lealtad y el respeto profundo por la clase trabajadora y por la humanidad; hemos analizado lo acontecido durante estos años para dar una lectura correcta al rumbo que está tomando la lucha de clases a nivel mundial y particularmente en nuestro país toda vez que, aunque los documentos que nos han regido hasta ahora son correctos en lo general, es necesario formular interpretaciones científicas sobre algunos de los cambios que han habido y sobre nuestro papel y forma de actuar sobre ellos.

Sobre el mundo de hoy

El mundo de hoy está atravesando por un período definitorio. Hace ocho años, cuando escribíamos los documentos básicos de nuestro primer congreso, se habían mostrado ya eventos que anunciaban cómo ciertos aspectos que caracterizaban el período posterior a la llamada guerra fría, estaban agotándose: la crisis financiera del 2008, la distancia que tomaba el gobierno de Putin a la política seguida por Boris Yeltsin, el crecimiento de China frente a Estados Unidos, entre otros.

Sin embargo, el modelo neoliberal de gestión del capitalismo parecía ser el único modelo capitalista imperialista posible, pues toda alternativa se aparecía francamente débil, particularmente en México. Todos los grupos visibles de poder imperialista, impulsaban desde los foros económicos mundiales un credo aparentemente irreductible sobre lo inmutable del modelo de desarrollo capitalista, caracterizado por el creciente protagonismo del sector financiero, la exportación de capitales a las llamadas economías emergentes y el impulso de políticas económicas que tendieran a eliminar aranceles y lo que se daba en llamar proteccionismo económico, lo cual incluyó también la abolición de varias de las prestaciones y conquistas laborales de los trabajadores durante este periodo.

En el 2010 no estaba aún claro que dentro de los grupos políticos cercanos a la élite imperialista mundial, se reforzaba  una  generación de burócratas que, ante el crecimiento imparable de la economía china, la competencia territorial con Rusia  y la crisis financiera, estuvieran planeando dar un golpe de timón hacia una política económica que, siendo tan imperialista como el neoliberalismo, volviera a prestar atención al proteccionismo económico, basado en herramientas como el nacionalismo, para robustecer el poder de ciertos Estados, incluso frente a sus tradicionales aliados en la OTAN.

Esta ola de burócratas que tienen elementos en común con el fascismo, al igual que él, surgen en parte de una crisis interna de la burguesía imperialista, que ha generado la irritación de las masas en sus propios países, como fue el caso de Inglaterra y, destacadamente, el de Estados Unidos; al igual que el fascismo, estos grupos de la burocracia imperialista han canalizado el hartazgo popular y lo han dirigido contra algunos sectores de la clase trabajadora, en particular de los trabajadores migrantes que han cambiado en gran medida la fisonomía y la cultura popular en los países de Europa occidental y Estados Unidos.

Este tipo de fuerzas políticas que han escogido el ala belicista y nacionalista de sus respectivos países, han propuesto algo relativamente arriesgado; un eventual, aunque no absoluto sacrificio de obtener ganancias a corto plazo del capital financiero, con tal de revitalizar al sector industrial. Mientras que, en lo ideológico, han abandonado el discurso idílico de la ciudadanía global, para abrazar un nacionalismo claramente racista y xenófobo. El triunfo del llamado BREXIT, así como la elección de Donald Trump son el reflejo y no la causa de ese viraje de timón.

La política neoliberal había confiado en que las relaciones comerciales y financieras, por el tamaño y poder de las economías tradicionalmente imperialistas, haría que éstas fueran las principales beneficiadas, y confiaron en que el éxito chino en la “libre competencia” comercial, sería pasajero. Sin embargo, no ha sido así, el crecimiento de la economía china, no sólo no se ha detenido (aunque sí ha dado muestras de crecer a un ritmo más lento), sino que se ha multiplicado y ahora ha superado en volumen a todas las economías del mundo y está cerca de superar a la norteamericana. Actualmente, la economía norteamericana está considerada como la más grande, pues cuenta con un PIB de 17.8 billones de euros, mientras que en segundo lugar se encuentra China con 11.7 billones de euros, quedando atrás Japón con 4.4 billones y Alemania con 3.5 billones de euros; en cuanto a las tasas de crecimiento, lo preocupante para Estados Unidos es que su economía ha crecido en 2.4% anual, mientras que la de China reporta un crecimiento del 6.9%. Así pues, a diferencia de lo esperado por los estrategas imperialistas, sus políticas no derivaron en una serie de reformas o de consecuencias que les abrieran a ellos las llaves de la política china; por el contrario, el Partido Comunista de China, desde la elección de Xi Jinping, se ha mostrado sólido y su influencia geopolítica aumenta junto con su poder militar. Aun considerando este nivel de desarrollo, China no representa el modelo de socialismo al que queremos llegar.

Por otra parte, el gobierno ruso, si bien es de corte imperialista, ha tomado más distancia de la OTAN y han crecido las tensiones con ésta. Sobre todo, a partir de la reincorporación de la península de Crimea a la Federación Rusa, y tras el conflicto vigente en las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, otrora pertenecientes a la República de Ucrania, y cuyo gobierno fascista se niega a reconocer su independencia. Estas situaciones han motivado una serie de tensiones militares en la zona, así como en las aguas del Mar Negro.

El riesgo de conflictos militares que enfrenten, directamente, a las fuerzas de la OTAN y de la Federación Rusa se han atizado tanto en la zona mencionada, como también en Siria y el Este de Turquía, así como en Medio Oriente. La paridad militar que hace de pronóstico reservado un enfrentamiento bélico entre ambos bloques es lo que aparentemente ha detenido una ofensiva de la OTAN en dichas regiones.

En resumen, la llamada unipolaridad de la que se habló en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, parece haber llegado a su fin, en lo económico, dado el tamaño de la economía China, y en lo militar, tanto por la fuerza de China como la de Rusia que por momentos han logrado entendimiento en ambos aspectos.

Esto debe ponernos en alerta sobre algunos puntos: el primero es que esta momentánea vuelta al nacionalismo y al proteccionismo económico adoptada por burguesías de países poderosos como EU e Inglaterra, no solamente echó por tierra el predominio de la ideología de la “aldea global”, sino que muestra en los hechos, que los Estados Nacionales continúan siendo un espacio en el que se generan las condiciones para la reproducción ampliada del capital de los grupos monopolistas y de las diversas alianzas imperialistas interestatales en las que participan. El Estado burgués nacional sigue siendo el órgano principal que salvaguarda el dominio económico del capital, de los monopolios, de la concentración y centralización del capital en antagonismo con procesos y aspiraciones similares de otros Estados. En este sentido, sigue siendo un escenario fuerte de lucha de clases y no podemos subestimar la importancia que tiene “la política nacional” en el tablero de la economía y la política global. Dado que, con base en este funcionamiento contradictorio de la economía capitalista, se intensifican las contradicciones inter-imperialistas y la confrontación inter-burguesa dentro de cada Estado.

Sin embargo, al mismo tiempo, estos cambios nos obligan a dejar claro a la clase trabajadora que el nacionalismo burgués y la posición que defiende un liberalismo a ultranza y la globalización de la economía, son dos caras de la misma política imperialista. En otros análisis habíamos señalado que no bastaba con oponerse al neoliberalismo, sino pronunciarse por una posición antimperialista. Hoy políticas como las sostenidas por la burguesía nacionalista de EU, confirman lo limitado de la consigna antineoliberal y reafirman que en los marcos de los estados capitalistas el territorio, la identidad cultural y la libre autodeterminación de los pueblos no puede ser garantizada. Ambas posiciones conllevan componentes bélicos y hoy, la posibilidad de guerras a gran escala está latente.

En segundo lugar, el reacomodo de las fuerzas capitalistas y el aparente fin de la hegemonía económica estadounidense no ha significado un mejoramiento de la clase trabajadora y las demás clases explotadas, por el contrario: la distribución desigual de la riqueza mundial se ha ampliado, aún más, después de la crisis capitalista internacional. Según el informe anual respecto la riqueza mundial para 2018, el 90% de la población posee aproximadamente el 10% de la riqueza, y el 75% de los más pobres posee menos del 3% de la riqueza del mundo. De hecho, del 10% de la población que posee el 90% de la riqueza, sólo el 1% posee aproximadamente el 50% del total de ésta.

Al mismo tiempo, el 71% de la población mundial vive con menos de lo que corresponde a 160 pesos mexicanos al día. Además, estas desigualdades también se reflejan en la falta de acceso a agua potable de 780 millones de personas, a servicios de saneamiento a 2,5 mil millones de personas y a la falta de acceso a electricidad a 1,3 mil millones de personas. Por último, casi 800 millones de personas padecen desnutrición crónica, mientras que 3,5 millones de niños mueren de hambre cada año.

El capitalismo, con su producción anárquica y su lógica del lucro cortoplacista y sin límites, han llevado a la humanidad y a toda la vida en la tierra a una situación crítica. De acuerdo con investigaciones científicas serias, la temperatura del planeta ha aumentado lo suficiente para poner en riesgo a otras especies y, por ende, la vida humana. Si bien, el umbral donde los cambios ocasionados por el calentamiento global son todavía reversibles es incierto, sin duda, los cambios que se requieren deben de ser rápidos y profundos, a nivel global en la industria, la energía, el transporte, las ciudades, el manejo de desechos y prácticamente en toda la producción social. Pero estas medidas urgentes no pueden hacerse realidad dentro del capitalismo. Esos cambios requieren que la producción global sea planificada, con miras a eliminar el derroche, que se produzca teniendo en cuenta las necesidades de la población mundial y no el lucro, que se produzca de manera eficiente y con un uso racional de los recursos con el fin de preservar la vida en el planeta. El inminente colapso ecológico hace al comunismo más necesario que nunca, ya no sólo para redimir a la humanidad sino para preservar a todas las formas de vida. Lo que podemos prever es que el inminente colapso ambiental agudizará la lucha de los monopolios y las potencias imperialistas por la posesión de recursos como petróleo, agua, minerales y tierras fértiles, provocará que se extiendan los procesos de despojo a las comunidades y, en general, el deterioro ambiental se traducirá en deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora y el pueblo en general.

Esto reafirma nuestra estrategia de lucha por abolir el capitalismo, pues seguimos teniendo bases para considerar que es un modo de producción agotado y cuyos esfuerzos de recomposición conllevan un alto costo humano y para el planeta.

Esta situación, sin embargo, debe llevarnos a reconocer en principio, que la lucha comunista  a nivel mundial en las últimas décadas apenas ha logrado en algunos casos evitar que las derrotas se acumulen, los países dirigidos por algún Partido Comunista y que se consideran oficialmente socialistas, China, Vietnam, Laos, República Democrática Popular de Corea y Cuba, se han mantenido en el poder, sin embargo, la forma de implementar el socialismo se parece más al referente chino que a lo que fue el soviético. Esto difícilmente cambiará en los próximos años, toda vez que la influencia china aumenta y es importante tomar en cuenta que este año la República Popular de China cumplirá sus 70 años, y estará a sólo tres años de igualar en duración a la URSS.

Algunas de las fuerzas comunistas más activas de las últimas décadas, que han resistido peleando contra el poder de sus respectivos Estados y a las fuerzas imperialistas, han sufrido el inevitable desgaste de décadas de lucha y de la dificultad de alcanzar la victoria, por lo que han enfrentado, por una parte, serias campañas de aniquilamiento y, por otra parte, se han visto obligados a negociar o a mantenerse como oposiciones que, aunque conservan espacios, difícilmente los pueden incrementar. En América Latina los casos más claros son los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia-, aunque no son los únicos.

Por otra parte, en la región latinoamericana podemos apreciar que se han modificado las condiciones que prevalecían hace ocho años. En 2010, se podría decir que estaba en su momento de auge el llamado nuevo progresismo latinoamericano. Hugo Chávez aún era presidente de Venezuela, y los altos precios internacionales del petróleo permitían desarrollar su modelo con cierto crecimiento económico. Brasil era gobernado por un PT que, aunque ya exhibía signos de desgaste, parecía poderse mantener con relativa estabilidad; Ecuador era gobernado por Rafael Correa y ya estaba el gobierno del Movimiento hacia el Socialismo (MAS) en Bolivia, así como el del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en Nicaragua.

Ya entonces preveíamos que este ciclo progresista sería limitado y de corta duración, además de que era un error llamarlo el “socialismo del siglo XXI”, pues a final de cuentas eran propuestas de gobierno más bien emparentadas con la socialdemocracia y con el desarrollismo propio del capitalismo dependiente que predominó a partir de la tercera década del siglo pasado en países de América Latina, destacadamente en México y Brasil. Ahora ese modelo entró en la crisis inevitable que enfrentan los modelos desarrollistas y batalla para sostenerse frente a una oligarquía que no se anda con medias tintas. Es necesario decir, sin embargo, que, aunque la historia dio la razón a nuestro análisis, esto no implica que sean las fuerzas comunistas las más favorecidas con el declive del progresismo latinoamericano, por el contrario, se encuentran en franco período de resistencia, mientras que los sectores imperialistas y conservadores han recobrado fuerza.

Esto sugiere un duro escenario de crecimiento para la opción comunista, no obstante, también fortalece la precisión del análisis que brinda el materialismo histórico. Particularmente para el caso de México, nos permite observar los límites del desarrollismo nacionalista y buscar el fortalecimiento de la política de la clase trabajadora.

Sobre México:

Para el 2010, México ya enfrentaba una ofensiva empujada por la tendencia imperialista neoliberal que hemos mencionado anteriormente.  A pesar de que la agenda neoliberal había avanzado ya en importantes proyectos para su causa, como lo habían sido las privatizaciones de TELMEX, IMEVISIÓN y más de cien empresas paraestatales, aún estaban pendientes algunos de los puntos más conflictivos de la agenda, entre los cuales se encontraban, la reforma energética que pudiera abrir la puerta a la eventual privatización de los recursos energéticos, la privatización de la educación superior y también la realización de una contrarreforma laboral que pudiera liberalizar las relaciones obrero-patronales, facilitando y legalizando la creciente precarización del trabajo.

En estos años, la agenda neoliberal avanzó en dichos pendientes y además lo hizo levantando un importante optimismo dentro de la oligarquía imperialista, pues la resistencia a dichas contrarreformas fue muy limitada y el Estado mexicano no tuvo complicaciones significativas para imponerse sobre los grupos inconformes, los cuales fueron fundamentalmente organizaciones políticas de izquierda -algunas marxistas-, regularmente  poco numerosas y con poca influencia dentro del grueso del proletariado; así como algunos sindicatos que pudieran salir directamente afectados por dichas medidas. La resistencia a estas medidas careció tanto de número como de combatividad y eficacia organizativa.

En el caso de la reforma energética, el Estado mexicano renunció cuando menos en parte, a una de sus fuentes más grandes de financiamiento: la renta petrolera. Renta que, como muestran diversos datos, venía disminuyéndose desde hace al menos dos décadas, en la que pasó de conformar casi el cuarenta y siete por ciento del PIB, al treinta por ciento, en el momento en que se implementó la reforma energética. La implementación y preparación para la reforma justificó y ejecutó una serie de ajustes presupuestales que han afectado a los trabajadores al servicio del Estado. En este sector se generalizaron los recortes de personal, congelación de plazas, atrasos en los pagos quincenales, reducción de bonos extra al salario nominal, y retrasos en el pago de prestaciones. Dentro de este aspecto, se ha llevado prácticamente a la quiebra financiera a un sinnúmero de públicas dentro de las cuales destacan las universidades estatales, quienes nuevamente se han visto presionadas a buscar fuentes paralelas de financiamiento, y cuyos sindicatos están también presionados a renunciar a cláusulas de sus contratos colectivos que en otro momento fueron conquistas importantes de sus respectivos gremios.

En este aspecto, debemos subrayar que, en la aplicación del paquete de reformas estructurales, el desmantelamiento del sindicalismo clasista y de base jugó un papel fundamental. La corporativización de los sindicatos de las ramas de la producción más estratégicas en México, fue central para la puesta en marcha de las reformas laboral y energética. Es en ese sentido, que los referentes clasistas y revolucionarios se hayan mantenido al margen de la disputa por la dirección del movimiento obrero-sindical, optando por referentes autónomos, pero finalmente insignificantes, no fue una política de intervención acertada. Tampoco lo fue el que el sindicalismo democrático y más independiente haya cedido toda su combatividad y sus herramientas de lucha a la negociación con la clase política y el que hayan plegado las demandas de la clase trabajadora a la demanda de “democratización” del país, colocándose a la retaguardia de la socialdemocracia.  Este proceso no se gestó de la noche a la mañana y no será fácil revertirlo, pero nuestro análisis muestra que sí es necesario y debe ser uno de nuestros objetivos principales.   Aunque de manera limitada, la parte más combativa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, concentrada en algunas de sus secciones y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), mostraron que la combatividad y la organización rinden frutos. 

De 2010 a la fecha siguió incrementándose la tendencia al crecimiento y desarrollo de la rama ilegal de la economía, vinculada a diversos tipos de contrabando, entre los que destaca el de narcóticos, combustible y personas. Esta situación, durante muchos años subestimada por las organizaciones de izquierda en México, ha traído una serie de problemas muy difíciles de manejar, se ha generalizado una descomposición del tejido social, en la que buena parte de la juventud de los sectores populares ha sido incorporada tanto a “trabajos” que implican el asesinato, la intimidación, la tortura, la prostitución, entre otras actividades, con lo cual ha crecido  un clima de desesperanza y desesperación que se vuelve territorio hostil para la propagación de la ideología revolucionaria.

A pesar de ello, el hartazgo de algunos sectores populares que han padecido de particular manera los efectos nocivos de la expansión del contrabando y la violencia, reventaron y generaron nuevos movimientos de resistencia armada en contra de las bandas de sicarios coludidos, y por momentos, plenamente revueltos con elementos de las fuerzas represivas del Estado. En algunos casos y por momentos, estos movimientos han generado referentes de lucha popular armada, aunque sin conciencia de clase y sin una dirección revolucionaria, lo cual ha implicado que el Estado tenga la capacidad de contenerlos e incluso de cooptarlos. De cualquier modo, el surgimiento de estas organizaciones populares ha sido alguna de las alertas que el Estado mexicano ha tenido que considerar en el rediseño de su estrategia de dominación.

Las movilizaciones más grandes de los últimos tiempos en México (incluso según algunas cifras, las más grandes de la historia del país), tuvieron lugar después de que se conociera el hecho de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de primer ingreso de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Este hecho dio a conocer a nivel mundial la gravedad de la violencia oligárquica oficial y extraoficial en México.  Sin embargo, a pesar de lo masivo de las movilizaciones, carecieron tanto de la combatividad como de la inclusión de sectores organizados de la clase trabajadora, quienes hubieran podido darle mayor proyección y profundidad a dicha coyuntura. Aun así, también ha sido un acontecimiento para tomarse en cuenta, tanto para quienes quieren perfeccionar la estrategia de Estado, como para quienes pretendemos tejer la estrategia correcta para el derrocamiento de éste.

La actualidad

A pesar de que la agenda neoliberal pudiera buscar proseguir en algunos puntos, o bien profundizarse en algunos de los aspectos ya logrados, podría decirse que hasta cierto punto está agotada, como lo está en muchas partes del mundo; no hay mucho más por privatizar, no hay muchas reformas más por hacer en la dirección que han planteado los organismos financieros internacionales durante las últimas décadas y. además, el crecimiento económico prometido no llegó; las tasas anuales de crecimiento en México nunca rebasaron el 3% y su deuda pública está cerca de alcanzar el cincuenta por ciento del PIB. Y a pesar de que los sectores de la burguesía más vinculadas al sector exportador y al capital financiero han aumentado sus dividendos, se ha deteriorado la capacidad de la cima capitalista para liderar al resto de su clase, quien mira con preocupación y escepticismo las complicaciones que ha dejado la voracidad neoliberal.

Algunos sectores de la burguesía se han organizado para promover una serie de ajustes al modelo de desarrollo que garanticen mayor estabilidad a la tasa de acumulación de capital, la no exclusividad para el sector financiero internacional y que disminuyan el riesgo de la rebelión popular. Algunos de esos grupos se fueron acercando a Andrés Manuel López Obrador y a su partido MORENA, quien ha aceptado abanderar su causa, y aportar a ella su propia capacidad de dirigir a amplios sectores pluriclasistas de la sociedad mexicana, bajo un discurso nacionalista y encaminado a una moralización burguesa de la sociedad mexicana.

El cambio en la dirección burocrática en Estados Unidos y su reorientación a un modelo imperialista menos apegado a las recetas neoliberales, el agotamiento de la agenda neoliberal en México, algunas amenazas de estallido social y sobre todo, la alianza del grupo de burócratas organizados en MORENA, con una parte influyente de la burguesía asentada en México, posibilitaron que el 1 de julio del año pasado, AMLO triunfara cómodamente en las elecciones presidenciales, generando con ello un panorama complejo caracterizado por algunos puntos de los cuales mencionaremos los más significativos.

El desapego a la ortodoxia neoliberal no implica el desmantelamiento de los principios establecidos por el capitalismo de libre mercado imperialista, neoliberal, por lo que el gobierno actual sólo adecuará las reformas hechas en las últimas décadas, de tal suerte que puedan ser más estables políticamente.

El gobierno actual goza de una popularidad poco común en la historia reciente del país, lo cual complica nuestras formas de propaganda y confrontación, sobre todo en la clase trabajadora y de los sectores populares.

Las expectativas generadas por el lopezobradorismo son en gran medida imposibles, por lo que habrán de generarse conflictos tanto hacia algunos sectores de la burguesía, como con algunos sectores de la clase trabajadora y de las clases explotadas en general. Estos últimos, quienes tradicionalmente mostraban desconfianza y antagonismo a los anteriores gobiernos, están por ahora entre cómodos y expectantes.

De igual modo, muchas de las fuerzas internacionales que habían friccionado con el Estado mexicano en los últimos años, tanto por su política exterior, como por el choque de diversos intereses, por ahora se muestran amables con el nuevo gobierno, por lo que también han disminuido las cajas de resonancia progresistas que pudiera haber para denunciar eventos y acciones antidemocráticas y represivas en México.

Por otra parte, otros sectores, como lo son los más ortodoxos neoliberales, conservadores fanáticos, como la democracia cristiana a la que pertenece el Partido Acción Nacional, quienes habían sido aliados del Estado mexicano en los últimos años, ahora se presentan como sus críticos.

Algunas de las medidas y programas que pueda tomar el nuevo gobierno, pueden traer un alivio temporal a algunos de los efectos más dolorosos de la aplicación de las políticas tanto económicas como represivas de los gobiernos anteriores y, aunque no podemos dejar de señalar su carácter burgués, debemos abocarnos a los límites del desarrollismo nacionalista y su capacidad de incrementar la productividad para resolver los problemas de desempleo, pobreza y falta de seguridad social que enfrenta el grueso de la clase trabajadora en México, así como el resto de las clases explotadas.  No podemos caer en el papel de la “conciencia crítica” que finalmente parece una oposición a las temporales mejoras de las condiciones de las clases explotadas.

En este contexto, debemos subrayar que la fuerza sindical había sido reducida en los últimos años por causa de las medidas de ajuste económicos, que implicaban despojar a los trabajadores de sus instrumentos de negociación; ahora, el sobreviviente sindicalismo nacional, además de reducido, está en gran medida cooptado o en vías de cooptación. Debemos aprovechar las pocas expresiones de sindicalismo clasista e independiente que en este momento están dispuestas a emprender una política clasista opuesta a la línea del nuevo gobierno y participar activamente en la organización de trabajadores que por su precaria condición ya se están manifestando para exigir al nuevo gobierno el cumplimiento de sus promesas, como es el caso de la franja maquiladora de Tamaulipas.

Nuestras tareas

La posición del Partido, con respecto al movimiento obrero-sindical, debe enfatizar la importancia de la lucha conjunta e internacional de los trabajadores. Consideramos que la grave situación actual en la que prevalecen la informalidad, la flexibilidad y la precarización del trabajo, sólo puede comprenderse desde la perspectiva de situación mundial de la clase trabajadora, y desde esta perspectiva puede delinearse mejor la táctica de lucha. La situación de las y los trabajadores migrantes también debe de entenderse y enfrentarse desde la perspectiva del internacionalismo proletario. Debemos exigir el respeto de los derechos de los trabajadores migrantes, así como el reconocimiento pleno de sus garantías ciudadanas en el seno de los Estados a los que migran.

La lucha comunista, de la cual somos parte, ha sufrido en nuestro país los efectos propios de las tendencias internacionales, y sería una mentira decir que en México se observa una tendencia distinta o contraria a la que mencionábamos anteriormente. Sin embargo, es importante destacar que la fundación y sobrevivencia de nuestro Partido es una muestra de que sigue habiendo elementos vivos de la realidad material, que permiten la existencia de una fuerza comunista que mantenga prendida la flama de esperanza y de los objetivos históricos de la clase trabajadora y de los explotados del país.

El desarrollo del imperialismo se encuentra en plena decadencia, y esto no implica necesariamente que vaya a caer en los próximos años, sino que, cada vez tiene menos que ofrecer a la humanidad, y cada vez deja estragos más difíciles de remediar. Por cada instrumento de vida se fabrican miles de muerte, por cada cura de alguna enfermedad, se desarrollan miles de mercancías tóxicas que generalizan más tipos de enfermedades, por cada problema social que se resuelve se generan miles de problemas nuevos.

En México, la expresión concreta del imperialismo ha dejado una importante huella de destrucción ambiental, de descomposición social y otras tantas catástrofes; en cambio, ha dejado un nivel muy escaso de desarrollo que, tomando en cuenta la proporción, ha costado demasiado caro. Recibiremos el inicio de la tercera década del siglo XXI con un importante agotamiento de los recursos naturales del país, con una industria petrolera que ha agotado sus mejores años y sus mayores oportunidades de dinamizar un crecimiento económico con beneficio social; con una sociedad enferma por la propagación del crimen y las muertes violentas como forma de sobrevivencia y de vida, cercados por la economía norteamericana, con un mercado interno mínimo, una clase trabajadora en  retroceso en la lucha de clases  o cooptada, y con una izquierda revolucionaria profundamente confundida y disminuida.

Aunque el panorama es sombrío, hemos de darnos cuenta de que nuestra labor política es indispensable e insustituible; a estas alturas está claro que el surgimiento de nuevas formas y nuevos actores que harían innecesario hablar de Partido, revolución y comunismo, fueron sólo un espejismo; todas las formas de lucha espontánea que han surgido ancladas en sectores luminosos, pero con poca capacidad estratégica, han podido hacer muy poco por revertir el orden de la correlación de fuerzas.

Tomando en cuenta todo lo anterior, declaramos que nuestros ejes centrales de lucha son:

  • Recomposición del movimiento obrero sindical. Por un lado, debemos recuperar su clasismo e independencia, así como su combatividad. Por el otro, hay que esforzarnos en hacer llegar a sectores estratégicos nuestras posiciones y buscar incrementar nuestra influencia sobre éstos. Asumimos el compromiso de defender una política sindical que recupere las demandas de la clase trabajadora.
  • Trabajar por una clase trabajadora organizada. Los militantes del Partido debemos pugnar por una posición no sectaria al interior de los sindicatos de los que somos parte o en los que tenemos incidencia. Como comunistas, es nuestro deber acceder a la mayor cantidad de trabajadores posibles, sobre todo aquellos que pertenecen a los sectores de la producción industrial, siendo una consideración secundaria si las dirigencias de las centrales o federaciones obreras de los trabajadores se corporativizan; es decir, estamos en contra de la atomización del sindicalismo, por ello, es posible participar en espacios amplios, si estos son espacios con posibilidades de una lucha combativa, teniendo claro que nuestra manera de inserción en la lucha sindical no puede ser esperando que los trabajadores ya sean comunistas y dispuestos a formar una línea comunista.

En el caso de los trabajadores precarizados, debemos impulsar la lucha por sus derechos laborales, haciendo un llamado a los trabajadores sindicalizados para que los cobijen políticamente, en la medida en que no se trata de una lucha entre trabajadores; en cambio, contar con trabajadores formales fortalece la lucha sindical. En donde no haya esta disposición, nuestra tarea debe ser contribuir a que los trabajadores precarios construyan su propia organización permanente que les permita alcanzar sus demandas de basificación. Urge una clase trabajadora organizada y urge recuperar la perspectiva de la toma del poder, por tanto, urge también un instrumento político de la clase trabajadora fuerte que sea capaz de plantearse esa tarea, basados en la ciencia, la historia y la práctica; amparados por la tradición y la mística de la lucha comunista, pero profundamente fusionados con la clase trabajadora y las demás clases explotadas del país.

  • Concentrar las tareas y esfuerzos en reivindicar y luchar por las demandas específicas de la clase obrera. En la actualidad, podemos observar que muchos partidos y organizaciones de izquierda han concentrado su fuerza en reivindicar las demandas de diversas minorías identitarias, y que han perdido su relación con la clase trabajadora y las masas populares, con la consecuencia de haber dejado de lado sus demandas específicas. La burguesía, incluso sus sectores más conservadores y reaccionarios, ha sabido aprovechar este vacío y ha utilizado demagógicamente la agenda de los trabajadores, pretendiendo reivindicarla, ganándose así su confianza como se demuestra en sus recientes triunfos electorales en Brasil y EEUU. Esta situación se debe en parte a que muchas organizaciones de izquierda han sufrido una recomposición de sus cuadros, quienes, por la pertenencia de clase y la ideología, son mayormente de origen pequeñoburgués. Con ello no queremos decir que las demandas específicas de las minorías identitarias no sean importantes ni legítimas, pero los comunistas tenemos que entenderlas desde la perspectiva de la lucha de clases.
  • Luchar con el movimiento popular, buscando su acercamiento con el movimiento obrero. El movimiento popular debe ocupar nuestro esfuerzo de manera decidida y concentrada, no podemos subestimar el importante papel que las luchas populares pueden tener si se busca realmente transformar el país, debemos buscar el acercamiento de las luchas populares con el movimiento obrero.  Además, hay que asumir el compromiso de fortalecer nuestra influencia ideológica, hay que combatir de manera clara, tanto el nacionalismo, como las posiciones de recalcitrante liberalismo, así como el oportunismo pequeño burgués que ha ido ganando terreno en México.
  • Continuar la construcción del instrumento político de la clase trabajadora. Hay que construir un Partido fuerte, capaz de organizar a la juventud, a las mujeres, a los campesinos pobres, para que luchen de nuestro lado, por un programa que asuma las demandas más sentidas de estos sectores. Si las cosas siguen las tendencias actuales, está claro que la victoria no está a la vuelta de la esquina, nuestra tarea no es fantasear sino luchar conforme a estos ejes para organizar y preparar las condiciones de la victoria ulterior; es en ello en que debe concentrarse el Partido, en levantar por ahora los cimientos de una gran organización capaz de devolverle a los explotados del país la confianza en la posible victoria y de proveerlos de un método y una estrategia para lograrla. Para un Partido marxista- leninista como el nuestro, también es una prioridad tender a que su conformación, sobre todo su dirección, esté compuesta de cuadros procedentes de la clase trabajadora, no de la pequeña burguesía.
  • Es necesario fortalecer nuestra influencia ideológica al interior, para construir un Partido fuerte. Cada uno de nosotros debe estar preparado para pelear, para replegarnos sin pérdidas, avanzar con éxito, sacrificar nuestro tiempo por el tiempo futuro, para que cada uno de nosotros pueda ser una chispa entre cientos o miles de trabajadores; nuestra labor es fundamental y no vamos a renunciar a ella. La existencia del futuro para millones de personas en México, América Latina y el mundo dependerán de nuestras victorias y de quienes como nosotros no han dejado apagar la flama de la lucha comunista, de quienes como nosotros, están dispuestos a desempolvar la bandera roja caída en combate para tomarla en nuestras manos y llamar con su insignia a todos aquellos dispuestos a combatir por la victoria definitiva de los explotados sobre los explotadores, para llevar la Revolución a buen puerto y dirigir el rumbo hacia el comunismo.

POR LA REVOLUCIÓN Y EL FUTURO COMUNISTA

¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!

PARTIDO COMUNISTA DE MÉXICO

PCdeM

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s