Limpia, corrupción e historias.

Por: Georgina Franco.

“Llevo 20 años de voluntario, vivo de las propinas de los vecinos, mis hijos también son voluntarios, otros empezaron en la pepena de Tereftalato de polietileno (PET), vidrio o lo que se pueda revender y en el empuje de campaña de la nueva administración nos prometieron bases para nosotros y nuestros familiares que nos ayudan en el barrido manual o a empujar el carrito. Muchos estamos enfermos o tenemos accidentes y nadie nos ayuda, no tenemos seguro ni pensión ni nada”.

Es una realidad en el centro del país, la concentración de basura rebasa cualquier parámetro del Gobierno Federal para resolver que hacer con la basura. El sector de limpia se divide en tres estratos. Personal de base que son los sindicalizados, eventual y voluntario. Este sector tiene una historia que se remonta al año 1937, con la fundación del Sindicato Único de Trabajadores del Distrito Federal, este apoyo en un mitin en sus primeros años de conformación a Lázaro Cárdenas, el sindicalismo en México estaba en pleno apogeo ya que se generaron sindicatos legendarios como el de Telefonistas. Este sindicato ha sufrido varios golpes y virajes a su vida interna han funcionado como grupos de choque o como acompañantes en campañas políticas para empujar y cohesionar.

La realidad del sector sindical de limpia ahora es complejo, tanto que no hay un censo real de los trabajadores en las tres ramas mencionadas anteriormente. Hay registro de los que están basificados pero hay solo aproximaciones a datos de voluntarios. Las condiciones laborales de este sector como de muchos otros son precarias y buena parte de los barrenderos de nuestras colonias están dentro del marco del trabajo informal, esto condenándolos a la total inanición laboral, sin recursos para realizar el trabajo, sin seguridad social y mucho menos algún tipo de reconocimiento en este ejército de trabajadores.

Son familias enteras de trabajadores que se encuentran en estas circunstancias y la exigencia natural de este sector es que se les reconozca el derecho a pertenecer al sector de basificados, ya que el tiempo que tienen en la informalidad es ya suficiente para ganar su lugar en el sindicato.

Por otro lado están los basificados que al paso del tiempo ha tenido una descomposición brutal, ya que la burocracia, los méritos sexuales y la monopolización de las bases ha desencadenado la corrupción a grandes escalas, al hecho de llegar a vender una base en cien mil pesos, hay un sector disidente que vive además el retiro de enseres para trabajar, así como el estancamiento del escalafón sindical, no permitiéndoles avanzar en la representación y discusión interna del sindicato, negándoles la capacidad de ser representantes o de promover cambios en la estructura. Hay casos en los que algunas asignaciones han desparecido como los sobrestantes o los cabos, ya que el mismo sujeto que es dirigente sindical, jefe de sector es también sobrestante, esto provoca que las órdenes a los de más bajo nivel sean autoritarias y coercitivas. Están expuestos a amenazas, golpes, visitas al juez cívico, robo de uniformes, acoso sexual y por si esto fuera poco son expuestos al escrutinio de los demás que funcionan de forma corrupta y violenta.

Es menester recordar que en tiempos electorales también funcionan como botín político, ya que representan una fuerza importante con buena capacidad de empuje a las propuestas que en el momento se tengan y sea acuerdo empujar. En la administración anterior Miguel Ángel Mancera prometió contratos a los voluntarios a cambio de su apoyo en la contienda. El asunto se agrava aún más cuando volteamos la vista al caso de los pepenadores que es también un sector importante ya que al tener menos posibilidades de adentrarse en el empleo formal son presa fácil de dirigentes que usualmente los venden al mejor postor del momento que se viva en el centro del país. Entran en conflicto también por el acceso a los tiraderos a trabajar en la separación de desechos sólidos y la venta de algunos productos medianamente servibles o reciclables. Ellos están sujetos a los acuerdos entre dirigentes y no responde propiamente a sus necesidades.

Por otro lado también existen los “chalanes” del chofer que solo tienen como oportunidad espulgar bolsas que los vecinos sacan de sus casas o bien, aceptar ropa vieja y zapatos de tercer uso que los vecinos desechan y ellos pescan con rapidez antes de que alguien más se los gane.

Viven de limosnas que ascienden de los 80 a 120 pesos diarios, así que se ven obligados a adentrar a buena parte de su familia en el duro negocio de la basura en esta ciudad. Los voluntarios son empleados de forma subordinada, cumplen horarios establecidos y funciones establecidas también. Son un ejército de mano de obra gratuita para el Estado.

Según el Inventario de Residuos Sólidos del 2016 (el mas actualizado), la cifra de trabajadores informales asciende a 3,103 barrenderos, cabe aclarar que esta cifra no se corresponde con la realidad, ya que en este inventario la información corresponde a solo algunas alcaldías. La disidencia denuncia que la cifra quintuplica el dato “oficial” ya que se calculan alrededor de 10,000 a 15,000 trabajadores informales en las 16 alcaldías que componen la Ciudad de México. La cantidad en toneladas de residuos sólidos en las 16 alcaldías en la Ciudad de México asciende a 13,000 toneladas, da las cuales, solo el 41% corresponde a Iztapalapa, Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero. De esto el 48% corresponde el 48% a residuos sólidos domiciliarios. La ciudad cuenta con 2,652 vehículos de recolección, 6,507 choferes, de los cuales 3,178 cuentan con contrato de base, 226 contrato temporal y el resto son voluntarios, que en el Inventario se encuentra la cifra aproximada que corresponde a 3, 103 voluntarios. La historia es un poco distinta ya que en la realidad esos 3, 103 voluntarios corresponden a los ayudantes de camión, pero no se cuentan los que desarrollan el barrido manual y la recolección de basura casa por casa a cambio de una propina, ahí está el grueso de trabajadores invisibilizados. Es cierto que los sindicalizados tiene sus propios conflictos internos, y es aquí donde hay que comprender que si bien los sindicalizados tienen desventajas laborales los voluntarios prácticamente no existen a ojos ni del sindicato ni del Estado y mucho menos de la población, a este ejército se debe sumar también a los trabajadores administrativos que son quienes determinan las rutas y las “plazas”.

Las trabajadoras de limpia.

El Gobierno Federal implementó un programa en 2016 llamado “Mujeres en acción” este programa intentaba incorporar a las mujeres en tareas de barrido manual y recolección de residuos sólidos en puntos específicos, esto con el propósito de promover la equidad de género. La realidad es que la cifra de mujeres que participa en estas tareas de barrido manual y recolección es más grande ya que son las que usualmente separan reciclables y orgánicos, pepenan la basura y son el último eslabón en esta cadena. Están obligadas las que están basificadas a utilizar instalaciones de 2 metros para cambiarse el uniforme entre más del doble de hombres. Sufren acoso sexual y presión por algunos líderes que no solo monopolizan las bases, sino la dura batalla de conseguir un tramo para trabajar. Algunas entran en el rubro de “chalanas” de algún barrendero sindicalizado con un tramo asignado, lo cierto es que las condiciones para estas mujeres son aún más precarias. No se promovió la equidad de género, se promovió la subcontratación, si así puede llamarse, de mujeres para tareas donde exponen su salud y en algunos casos la salud de sus hijos, ya que no es raro verlas por ahí con las manos enterradas en la basura con hijo a la espalda, con tal de una propina para subsistir.

Historias de la basura.

Pablo.

Sentados en una banca al norponiente de la Ciudad basura, platico con un compañero trabajador de limpia, pongamos que se llama Pablo, él me cuenta que tiene más de 30 años trabajando en la basura, y entre lo que me dice es que el problema de la basura en la Ciudad es la politización de este sector en función de intereses partidarios, él sabe que la interlocución con las autoridades es muy difícil sino es que nula, “Somos invisibles, y para ellos no somos personas”.” La ciudadanía no ve que convivimos en el mercado y nuestros hijos en la escuela con los hijos de quienes nos ven como sombras que se llevan lo más detestable de su entorno”. “SOMOS BASURA”, termina con esto que me rezumba los oídos. Me cuenta que empezó a los 17 a trabajar como ayudante y de ahí fue subiendo poco a poco, ahora es sindicalizado pero le ha costado años lograrlo, ha sido representante sindical varias ocasiones y siempre tiene en la boca la palabra “ayudar”, me cuenta la interacción con las mujeres que trabajan con el, les acondiciona partes del camión para que puedan cambiarse sin correr el riesgo de ser observadas y humilladas, les acerca el balde de agua fría para que se quiten la mugre que les queda en los brazos, piernas y cara. Siempre con un gesto duro Pablo, se resiste a irse jubilado sin hacer algo para ayudar a sus amigos. Va y viene de citas y reuniones, oficios y cartas, siempre con la mirada cortante del traje almidonado, se queda con la mano callosa y fuerte estirada, no vaya a ser que se les pegue algo, pero el siente orgullo, él sabe que su labor es imprescindible. “De esto mantengo a mi familia” y me deja ver que entre sus compañeros y el recrean sobre cascajo y basura orgánica risas y desayunos con café y pan en el campamento.

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