LA CUARTA TRANSFORMACIÓN Y LA GUARDIA NACIONAL

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Andrés Avila Armella

En estos momentos, el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, está enfocado en promover una reforma constitucional para dar figura legal a una Guardia Nacional compuesta por elementos militares que tendrán facultades para intervenir en la vida civil; todo esto en el contexto de lo que ese gobierno da en llamar una Cuarta Transformación del país.

Sin entrar en mayores debates, los cuales por otro lado sí son necesarios, podríamos coincidir por un momento en que han habido tres grandes transformaciones en la Historia de México que han marcado el fin de determinados períodos y el inicio de otros, La independencia, la restauración de la República y la Revolución Mexicana. Seguramente entre los historiadores profesionales podría haber polémica en cuanto a si esos tres sucesos realmente implicaron transformaciones o no, o bien, si estas fueron profundas; probablemente algunos propondrían agregar otras o suprimir alguna de las tres. No es mi intención polemizar al respecto en el plano del estudio profundo de la Historia, así que por un momento, simplemente vamos a admitir el supuesto de las tres transformaciones, puesto que pasado el tiempo, podemos mirar hacia atrás y captar que algunas constantes históricas fueron interrumpidas tras esos acontecimientos, abriendo la puerta a nuevas fuerzas y circunstancias.

La independencia terminó con el dominio español en lo que fue el Virreinato de la Nueva España, casi simultáneamente a lo que ocurrió en Sudamérica tras la victoria de Ayacucho, la Restauración de la República terminó con el intento del siempre caricaturesco imperio de Napoleón III de convertir a México en su colonia a través de una figura decadente y retrógrada llamada también Imperio; y la Revolución Mexicana, si bien en términos leninistas no podría considerarse tal a plenitud, modificó algunas de las relaciones sociales que se perfilaban como dominantes, tras la plena incorporación de México al dominio Imperialista, obligando a la clase en el poder a admitir las conquistas por las que peleaban numerosos y aguerridos ejércitos populares encabezados por Emiliano Zapata y Francisco Villa. Sin embargo es necesario aclarar que todas esas transformaciones, fueron parciales en cuanto a que si bien modificaron una parte de las relaciones sociales, por otra parte lograron darle más vida a otras tantas; la Independencia mantuvo el dominio de una clase de criollos terratenientes muy vinculados a la Iglesia Católica, la restauración de la República, si bien limitó (no canceló) las ambiciones francesas sobre México, también mantuvo abierta la puerta a los Estados Unidos y a la conversión de algunos de esos criollos terratenientes, en modernos capitalistas. La Revolución mexicana, si bien logró matizar las formas en que se daba la explotación capitalista y el despojo de tierras, su conclusión se da sobre la base de las derrotas militares del villismo y zapatismo, y el triunfo de una élite militar que no tardó en pactar con la clase imperialista para reordenar los procesos de explotación y saqueo de las riquezas naturales del país.

El presidente López Obrador habla de que está en marcha una cuarta transformación, lo cual nos amerita varias preguntas al respecto. Cada una de las anteriores transformaciones referidas, fueron precedidas de combates en donde el ejército que defendía al régimen decadente, enfrentó a las fuerzas militares que surgieron en la clandestinidad y cuyos combatientes eran de origen popular, sobre todo campesino, en cada una de ellas hubo una disolución del ejército anterior y la fundación de uno nuevo en donde figuraban algunos personajes de la insurrección. Esto no es sino el reflejo de que la clase dominante no estaba dispuesta a ceder ni espacios ni formas concretas de dominación, al grado de llevar al Estado mexicano a una ruptura. ¿Acaso es eso lo que está sucediendo?

Ese aspecto no se ve por ningún lado, por el contrario, a pesar de que en cada elección presidencial hay algunos elementos de la burguesía que se ven particularmente beneficiados por las políticas económicas y hasta por la corrupción, desde hace mucho tiempo que la burguesía asentada en México no se ha querido exponer a una guerra civil ni a quebrar el consenso de Estado, entendido como el consenso de la clase dominante. En este caso, muchos de los grupos empresariales que apoyaron a Fox, a Salinas o a Calderón, ahora están apoyando al gobierno de AMLO. El Ejército no sólo no se enfrenta a una disolución por parte de una fuerza armada emergente, sino que por el contrario, pareciera que el pacto de mantener intacto el poder de las estructuras militares está vigente, más allá de eso, con la iniciativa de la Guardia Nacional, se pretende darle mayor vitalidad y legitimidad al ejército mexicano que protagonizó la masacre del 68, el del asesinato de Rubén Jaramillo, el de la guerra sucia en Guerrero, el del terrorismo de Estado en los 70s, el que ha combatido grupos guerrilleros, estudiantes y campesinos, y cuyo papel en los hechos de Iguala, donde desaparecieron los 43 normalistas de Ayotzinapa, es claramente protagónico.

Pero no nos expongamos a que los fieles seguidores de AMLO nos digan que nos precipitamos en la crítica, que tengamos fe en que esta vez las cosas sí van a cambiar y que este tipo de ajustes se hacen para acabar con el cáncer de la corrupción y del crimen organizado. Admitamos por un segundo la posibilidad de que los propósitos de AMLO son verdaderamente los que se declaran.

El problema es que tener buenos propósitos no constituye un hecho histórico relevante y si estamos suponiendo  que pueda haber una cuarta transformación tan profunda como las tres anteriores, pero con la ausencia de elementos que han sido sumamente importantes en dichos precedentes, prácticamente estaríamos confiando en un experimento que si resultara positivo, sería tan sorprendente que prácticamente nos obligaría a reescribir la teoría de la historia. El problema pues, es que esto no suele ocurrir.

Alfonso Durazo, el Secretario de Seguridad Publica, ha tenido un momento de claridad al afirmar que el tema de la Guardia Nacional no es para favorecer al gobierno de López Obrador, sino al Estado Mexicano. En efecto, ese parece ser el motivo y ese es precisamente el problema ¿Acaso ya acabó la cuarta transformación? ¿No acababa de empezar? Hoy no tenemos ningún elemento de peso histórico para afirmar que el Estado mexicano ya cambió, que no es el mismo de Miguel Alemán,  de Díaz Ordaz,  Salinas de Gortari o Felipe Calderón .

Si verdaderamente se pretende hacer una reforma militar que favorezca la intromisión del Ejército en aspectos civiles, pero con fines democráticos, no sería elemental preguntarle a cualquier fuerza progresista o de izquierda si de verdad tienen elementos para decirnos que el Ejército que en más de cien años no ha enfrentado a ninguna fuerza reaccionaria o de ocupación, y que se ha destacado en la represión, ha cambiado ya ¿A qué hora cambió? ¿Quiénes fueron los caudillos o los ejércitos populares que los forzaron a replegarse o a subordinarse a nuevos mandos?

Pareciera que hay personas que a tan sólo dos meses de gobierno en donde a lo más se ha controlado algunos grupos corruptos, ya están convencidos de que ganaron una guerra que ni siquiera ha tenido comienzo, y además suponen que la han ganado barriendo definitivamente a las fuerzas que impedían dichos cambios, y tal vez piensan que esta cuarta transformación durará otros cien años.

Es por ello que es necesario preguntar ¿Se han puesto a pensar en la posibilidad de que el gobierno de AMLO sea el último de MORENA?  ¿Se han dado cuenta que MORENA no es precisamente el partido más selecto en su reclutamiento y que se han colado a sus filas cientos de personajes que eran operadores de grupos de poder que estaban en el gobierno antes de la Cuarta Transformación? ¿A qué distancia histórica están mirando el proceso para estar tan convencidos de que una supuesta etapa de transformación no será corrompida desde dentro?

Aún si como dice el Presidente, tuviéramos confianza en sus buenas intenciones y en que la Guardia Nacional no es para reprimir sino para proteger al pueblo ¿Qué va a pasar con ella si vuelve a ganar el PRI o el PAN? O si AMLO pierde el control de MORENA  como perdió el control del PRD. Nos va a heredar a las fuerzas progresistas, democráticas, de izquierda, populares y por supuesto a las revolucionarias, a una Guardia Civil con mando y procedimientos militares que con cualquier cambio ligero de criterio van a considerar la protesta y la organización popular un crimen y van a proceder contra estas organizaciones de la misma forma que por ahora piensan proceder contra el crimen organizado. Sin meternos por ahora en analizar a fondo lo ocurrido en otros países de la región, podríamos preguntar como ejemplo ¿Qué creen que pasaría en Brasil si Lula hubiera hecho una reforma como ésta? ¿Saben quién estaría al mando de esa Guardia Civil ahora? Tal vez alguien pueda pensar que ese ejemplo es hipotético y lejano, por lo cual podríamos aconsejar estudiar la historia del golpe de Estado en Chile, pero si aun así les parece lejano, pueden preguntarle a la Historia de México qué pasó con el ejército mexicano de Porfirio Díaz cuando Madero creyó que protegiéndolo de la amenaza que representaban los nuevos caudillos, recibiría de él la recíproca protección[1].

En esencia, es claro que el surgimiento de una Guardia Nacional es reaccionario y es regresivo en términos democráticos,  aunque también hemos de decir que de cualquier modo, lo que está de fondo no es ni el nombre del presidente, ni el nombre del partido en el gobierno, ni la figura constitucional que se le dé a un cuerpo que por naturaleza es represivo, sino precisamente que las estructuras de poder no han cambiado ni en el aspecto económico, ni en el político, ni en el militar, no sólo de manera profunda como aspiramos los comunistas, sino que ni siquiera ha cambiado ningún aspecto de la relevancia de las tres transformaciones anteriores referidas.

En este momento el exhorto del gobierno mexicano es: confíen en AMLO, y AMLO confía en los militares, se exhorta a la fe en una cuarta transformación y lo infalible de la figura moral de su dirigente, creer sin haber visto. Es por ello que quienes seguimos interpretando la realidad a partir del materialismo histórico, no podemos darnos ese lujo, hablaremos de transformación cuando esta ocurra y no sólo cuando se anuncie, y estamos convencidos de que en la historia  y en su interpretación dialéctica y materialista, es que están las claves para comprender cómo pueden llevarse a cabo las transformaciones. Por ahora, no es necesario especular sobre los alcances del nuevo gobierno,  pues por un lado las limitantes de carácter económico, internacional y políticas, ya dicen mucho y hemos hablado de ellas en otras ocasiones, y por otra parte porque las cosas se irán mostrando en su justa dimensión con el paso del tiempo. Mientras tanto cualquiera de quienes aspiramos a transformaciones profundas de nuestra realidad, sabemos que empezar por crear un cuerpo militar con facultades de intervención en la vida civil, no es como empieza un proyecto de transformación progresista, hasta ahora, lo que nos enseña la historia, es que es así como se fortifica a un Estado para impedir las transformaciones profundas.

[1] Madero, por no atizar los conflictos con el ejército y particularmente con Victoriano Huerta, admitió que este fuera encarcelado en la prisión de Lecumberri, después de que el mismo Huerta lo intentara fusilar so pretexto de insubordinación. Y también por no tener conflictos con los terratenientes, accedió también ante los militares, para que se lanzara una ofensiva militar contra Emiliano Zapata y sus seguidores en Morelos.

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