ORGANIZACIÓN ESTUDIANTIL O MUERTE DEL MOVIMIENTO

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Célula David Alfaro Siqueiros

Los grupos porriles que agredieron con intenciones homicidas a los estudiantes organizados que el pasado 3 de septiembre se manifestaban pacíficamente ante la rectoría de la UNAM, es una forma más que adquieren los sicarios y grupos de choque paramilitar orquestados por los aparatos del Estado burgués mexicano, ejerciendo el  Terrorismo de Estado como política sistemática hacia la población con el objetivo de que ésta no se organice ante el miedo.

Esta práctica represiva es histórica en la UNAM y en todas las universidades y escuelas públicas del país; sin embargo, poco a poco los estudiantes se han dado cuenta que 1) los casos de feminicidios y homicidios son consecuencia de la violencia generalizada en el país, la cual ha roto aquella esfera dentro de la burbuja, es decir, la Ciudad Universitaria y, 2) las mismas autoridades que deberían encargarse de la seguridad  son las mismas que conspiran para terminar con la vida de los estudiantes.

La violencia capitalista irrumpe en nuestras vidas de múltiples maneras pero sin lugar a dudas los asesinatos constantes de alumnos en nuestros centros de estudio y fuera de ellos han calado en los corazones de los y las estudiantes, generando una ola de movilizaciones en la Ciudad de México que muy pronto adquirieron el carácter de Movimiento Social –y por lo tanto político-, sumándose a éste escuelas tanto públicas como algunas privadas, de diversas partes del país.

Las tácticas del movimiento tales como marchas, mítines, paros de labores, toma de instalaciones y asambleas, han sido hasta el momento acorde a la estrategia inicial la cual representaba el repudio a la violencia expresada en las agresiones policiaco-porriles y asesinatos de estudiantes. El desarrollo del movimiento pronto fue haciéndose más complejo en tanto que ahora la estrategia sería más amplia toda vez que los estudiantes se sumaron a respaldar las demandas de los estudiantes de los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco y Oriente, cuyos planteamientos catapultaban al movimiento a exigir desde la renuncia y castigo no sólo de los autores materiales sino también a los autores intelectuales -incluido el rector Enrique Graue-, hasta exigir la democratización, efectiva gratuidad y mejor seguridad al interior de la UNAM y todas las universidades del país, así como alto a la represión política hacia los estudiantes.

Es preciso señalar que dejar de solicitar la expulsión del rector por haber omitido presentar cargos penales contra los “porros” expulsados de la Universidad, así como por haber sido cómplice por omisión u aquiescencia de la agresión, significaría que el movimiento estudiantil está omitiendo la responsabilidad del rector a cargo de sus subordinados y, por lo tanto, pasando por alto un punto principal de las exigencias iniciales de los estudiantes del CCH Azcapotzalco y por las cuales dio inicio el movimiento.

Ahora bien, es preciso dimensionar que lograr la democratización, gratuidad y seguridad, representan una estrategia diferente por cada una y, a cada cual, corresponderían diversas tácticas organizativas de lucha; sin embargo, es posible articularlas de forma central y con mayor contundencia política si el estudiantado llegase a conformar una Federación de Estudiantes en tanto organización independiente que se encuentre en condiciones para dar una lucha de más largo aliento, es decir, construir una Federación similar a la de las Normales Rurales de nuestro país: la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), cuyos integrantes son hoy por hoy los representantes de la vanguardia estudiantil en nuestro país y frente a los estragos del capitalismo.

Éste sería un primer paso antes de plantearse, por ejemplo, un congreso tripartito conformado por estudiantes, profesores y trabajadores; asimismo, permitiría consolidar un cuerpo sólido y unificado dispuesto a dar la batalla ante los diversos grupos de poder existentes en la Universidad que estarán formados cual perros de guerra fieles a las oligarquías y su junta de gobierno listos para dar los zarpazos necesarios para acabar con el movimiento estudiantil.

A pesar de que los y las estudiantes son mayoría, pueden llegar a ser uno de los eslabones más débiles organizativamente y, por tanto, políticamente; por ello será preciso acabar con dicha condición y tomar el lugar que les pertenece.

¡Dependerá del tesón de los y las actuales representantes estudiantiles para saber si apagarán esta importante mecha o permiten que culmine el trayecto de la chispa!

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