¿HACIA UN NUEVO CORPORATIVISMO?

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Ismael Hernández Lujano

El corporativismo es la integración y subordinación de los sindicatos al partido de Estado. La metáfora del cuerpo es muy clara: los sindicatos y las organizaciones campesinas sólo son brazos del partido, y los brazos no se mandan solos, todos los movimientos vienen dictados por el partido de Estado; el corporativismo los convierte en instrumento de los partidos, el sindicato de bomberos haciendo campaña negra contra AMLO es un ejemplo extremo y lamentable.

El régimen priista es el modelo más acabado de corporativismo: los sindicatos de la CTM son parte del PRI, abierta y oficialmente, de manera que todos sus afiliados son en automático afiliados del PRI. Este modelo funciono como reloj suizo desde los años cuarenta hasta finales del siglo XX y se basaba en un pacto no escrito: los trabajadores obtenían ciertos beneficios y el reconocimiento de ciertos derechos a cambio de renunciar a la independencia sindical y subordinarse al PRI.

El PRD desarrolló un estilo propio de corporativismo mucho más sofisticado: ya no es necesario incorporar a todo el sindicato, ahora basta con coptar a la dirigencia e integrarla al PRD. Ejemplo claro de este nuevo corporativismo perredista son el sindicato de telefonistas, el STUNAM y el sindicato de Mexicana de Aviación. Al PRD le bastó con coptar a sus dirigentes (Hernández Juárez, Agustín Rodríguez y Alejandra Barrales, respectivamente) dándoles una diputación, para tener subordinado a todo el sindicato. Por supuesto, para que este tipo de corporativismo funcione es preciso que se cumplan dos condiciones: a) que no haya democracia sindical, pues así al coptar a la cabeza, se copta a todo el sindicato y b) que los dirigentes tengan la oportunidad de eternizarse en el cargo, lo cual le da estabilidad y proyección de largo plazo al corporativismo. Sindicatos con una vida democrática si no perfecta, al menos considerable, y sin dirigencias perpetuas, como el SITUAM y el SUTIN, no han podido ser corporativizados por ningún partido o gobierno.

Con triunfo de MORENA abre la posibilidad de que al fin sean desplazados líderes charros como Romero Deschamps en el sindicato petrolero. Al perder el apoyo del gobierno federal, estos charros quedan expuestos al empuje de las bases. Sin embargo, ese es el escenario más optimista, que los trabajadores recuperen el control y la independencia de sus organizaciones; el otro escenario, a nuestro juicio el más probable, es que la llegada de AMLO a la presidencia no modifique de fondo el panorama y que llegue a un acuerdo con los viejos charros o bien, que sean sustituidos por nuevos dirigentes leales a MORENA y que de esa manera, se forme un nuevo pacto corporativo.

Que los viejos dirigentes charros lleguen a un acuerdo en el que cambian apoyo a AMLO por el respeto de sus feudos ya no es una posibilidad, es una realidad. Charros vitalicios perredistas (como Hernández Juárez) y charros priistas (como el dirigente del sindicato del metro, Fernando Espino Arévalo), ya se treparon al carro de MORENA y seguramente lo harán muchos más en cuanto AMLO tome posesión. Entre los dirigentes charros y el partido de Estado hay una relación simbiótica; el partido de Estado necesita a los dirigentes charros para mantener quietos a los trabajadores y éstos necesitan al partido de estado para mantenerse eternamente al mando de sus sindicatos. Las dirigencias charras y corporativas de los sindicatos son acomodaticias y se subordinan a quien tenga el poder, sea del color que sea. El SUTGDF era un dócil y eficiente brazo del PRI y cuando el PRD ganó el gobierno de la Capital, no tuvieron problema en volverse un dócil y eficiente instrumento del PRD. Ahora con la llegada de MORENA es muy probable que la historia se repita.

La otra forma en que se mantendría el corporativismo es que los viejos charros sean destronados y sustituidos por un dirigente fiel a MORENA, un dirigente cuyo compromiso sean con ese partido más que con los trabajadores. Quizá este sea lo que suceda en el sindicato de petroleros y ferrocarrileros, por ejemplo.

¿Morena respetará la independencia sindical o caerá en la tentación de formar su propio corporativismo? ¿MORENA tendrá la tentación de cooptar a los dirigentes sindicales para tener así sindicatos dóciles y obedientes? Existen grandes posibilidades de que así sea. En primer lugar, porque una gran parte de los militantes y dirigentes de MORENA vienen del PRI y del PRD y están formados en ese modo de hacer política. En segundo lugar, porque, por un lado, los trabajadores han sido llevados a una situación precaria y desesperada y, por el otro, tienen muchas simpatías por AMLO; todo lo cual los puede llevar a la tentación de sacrificar la independencia sindical a cambio de mejoras urgentes en las condiciones de trabajo y de vida, pero eso fue justamente lo que hicieron los sindicatos con Cárdenas y la historia nos muestra que a la larga todo salió mal: cuando llegó el neoliberalismo, perdieron todo, se quedaron sin derechos y no recuperaron su independencia.

Para nosotros no hay corporativismo bueno, al entregarle nuestras organizaciones al partido de Estado, los trabajadores nos quedamos indefensos y a expensas de la buena voluntad del gobierno. Los trabajadores no tenemos otra arma para defendernos que nuestra organización, es nuestra conquista más valiosa, si la perdemos o se la entregamos a otros, lo perdemos todo, a corto o a largo plazo.

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