LA SEGUNDA DECLARACION DE LA HABANA: A 56 AÑOS DE SU PROMULGACIÓN

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Célula Julio Antonio Mella

El 4 de febrero de 1962, como en otras ocasiones, lucía abarrotada la plaza de la revolución en la capital cubana. De forma impresionantemente fueron cerca de dos millones las almas que se congregaron pacientemente para escuchar en voz del comandante Fidel Castro la lectura del documento histórico que se ha considerado por muchos “el manifiesto comunista latinoamericano”.

Como telón de fondo, una gran hostilidad hacia la isla por parte del imperialismo yanqui. Mismo sentir que fraguó la expulsión de la nación caribeña de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Punta del Este Uruguay en 1962. En donde con vergonzosos sobornos y dadivas a los gobiernos burgueses de los estados latinoamericanos el gobierno norteamericano configuró una supuesta promesa de “ayuda” para el desarrollo económico de la región, en la que como ahora, reinaba la miseria y la desolación. Esas fueron parte de las razones dependentistas que aleccionaron la votación de los cancilleres para que este acto de rabieta en contra de la mayor de las Antillas se pudiera consolidar.

Bajo este marco, la segunda declaración de la Habana es un verdadero cofre de riqueza para los intereses de los pobres en el mundo.  Entendiendo por ello la exquisita oferta de sus líneas teóricas, así como también, la experiencia que arroja la situación en las que se suscriben. Pues no puede entenderse que sea un producto emanado en la limitación espacial de la academia. Sino todo lo contrario. Es un escrito que como vemos, aparece al calor de la lucha de clases: rebatiendo el imperialismo que encabeza a las oligarquías y abanderando el socialismo de las clases explotadas.

Destaca que la redacción del documento partió de la pluma de la dirección política que formó parte de una fracción de clase emancipada. Producto de las contradicciones estructurales que heredaron los quinientos años de explotación colonial en Nuestra América, en pocas palabras, hombres prácticos que comprendieron y realizaron una revolución. Y quienes recogieron la prosa de los idearios más avanzados en próceres como Marx, Engels, Lenin, Martí, Bolívar, Ho chi Minh, Sandino, Morelos, Tupac Amaru., entre otros.

Manifiesto direccionado a los pueblos y a las masas. No a los gobiernos ni a las instituciones diplomáticas. Por lo mismo supera una unilateralidad formal entre políticos. Su contenido explicativo señala el desarrollo objetivo del capitalismo, el papel de Cuba como ejemplo de emancipación, los objetivos en la región del imperialismo, las excrecencias de éste, la conformación de un nuevo sujeto de lucha y resistencia, el deber de éstos, el carácter de una verdadera y definitiva independencia y unidad. Por tanto, se puede encontrar respuesta a la pregunta que tanto atormenta hasta hoy a filósofos e intelectuales que continúan cuestionándose sobre qué es el ser latinoamericano; pero ahora sustentado sobre bases materiales y no especulativas, claro está, sin que este haya sido su fin primordial del escrito.

Los explotados tenemos en La Segunda Declaración de la Habana un faro que ilumina las vertientes de la lucha, por lo mismo es clara su vigencia. Aunque sea un escrito expulsado de las aulas, los medios y del léxico común a manos de la lógica represiva cultural capitalista. Las siguientes generaciones tienen el deber histórico de retomarlo. Comunistas, luchadores latinoamericanos y pobres tenemos en la declaración nuestra propia Honda de David.

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