A 50 años de su muerte

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EL CHE GUEVARA, TEÓRICO DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

Job Hernández

NOTICIA EDITORIAL

La muerte del Ernesto “Che” Guevara en 1967 nos dejó sin un estratega fundamental de la revolución socialista. Pero también truncó la trayectoria de un teórico de la economía política de cuya obra apenas comenzamos a medir los alcances. Esta segunda faceta del Che es menos conocida. Iluminan un escenario generalmente a obscuras solamente dos obras: la clásica de Carlos Tablada, “El pensamiento económico del Che Guevara”, y la más reciente, “Che. El camino del fuego”, de Orlando Borrego. A estos dos volúmenes hay que agregar la compilación “El gran debate sobre la economía en Cuba. 1963-1964”, que contiene cinco artículos del Che al lado de la respuesta de sus adversarios en torno de los problemas económicos derivados de la transición socialista en la isla. Finalmente contamos, por fin, con una edición de sus borradores de estudio aparecidos en el 2006 con el título “Apuntes críticos a la Economía Política”.

Son estos los materiales básicos para arrancar del olvido las contribuciones del Che Guevara a la economía política en un aspecto crucial, el que reflexiona acerca de la naturaleza de la economía socialista, capaz de sustituir el predominio de las categorías elementales de la moderna sociedad burguesa (mercancía, dinero, capital). Y esta es la ruta para hacerse de un Che Guevara indispensable para los combates del futuro y plenamente actual en este siglo XXI.

EL CHE Y LA UNIÓN SOVIÉTICA

Como es sabido, el Che Guevara fue un acucioso estudiante de economía política en el periodo de tiempo  que estuvo al frente del Ministerio de Industrias y del Banco Central en Cuba. Además de las reflexiones sobre el rumbo de la economía cubana, el Che derivó de esta formación teórica una penetrante crítica acerca del curso que tomó la Unión Soviética a partir del XX Congreso del PCUS, lo que hizo mediante una recensión del célebre “Manual de Economía Política” editado por la Academia de Ciencias de la URSS.

Todo esto, además de sus viajes por varios países del bloque socialista, le permitió advertir tempranamente la involución soviética en desarrollo y sus causas profundas, retroceso que se escudaba bajo una retórica marxista-leninista y que pretendía encontrar en Lenin mismo sus cartas de legitimación.

Por la ruta de desenmascarar el viraje contrarrevolucionario de la dirigencia soviética, el Che alertó sobre el uso inadecuado, ahistórico, de los planteamientos de Lenin en torno de la Nueva Política Económica. Reconocía que Lenin “presionado por el inmenso cúmulo de peligros y de dificultades que se cernían sobre la Unión Soviética” había propiciado la vuelta  las “viejas relaciones de producción capitalista” mediante la Nueva Política Económica. Sin embargo, para el Che también es menester no olvidar que “si Lenin hubiera vivido para dirigir el proceso del cual era el actor principal y que tenía totalmente en sus manos, hubiera variado notablemente con celeridad las relaciones que estableció con la Nueva Política Económica.”

De suerte que las credenciales leninistas mostradas por la dirigencia soviética post-estalinista eran cuestionadas por el Che. El problema, decía, es el anclaje  de dicha dirigencia con las concepciones establecidas por la Nueva Política Económica (NEP), la transformación de la excepción en regla. Como Guevara afirma, “el hecho real es que todo el andamiaje económico de la Unión Soviética actual parte de la Nueva Política Económica” y “en esta se mantienen las viejas relaciones capitalistas, se mantienen las viejas categorías del capitalismo, es decir, existe la mercancía, existe, en cierta manera la ganancia, el interés que cobran los bancos y, naturalmente, existe el interés material directo de los trabajadores” (Guevara, 2006, págs. 10, 11).

El defecto fundamental del régimen soviético sería, por tanto, que no liquida las categorías de la competencia capitalista ni implanta nuevas categorías correspondientes a las nuevas relaciones sociales de producción. Más bien, se configura una situación altamente contradictoria, en que “el interés material individual”, el arma capitalista por excelencia, “se pretende elevar a la categoría de palanca de desarrollo” socialista a sabiendas que “está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación”. En esa situación, según el Che, “el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades productivas, ni se desarrolla el mismo como constructor consciente de la nueva sociedad” (Guevara, 2006, pág. 12)

En pocas palabras, para el Che, la pervivencia de estas categorías capitalistas constituye un freno para el desarrollo de la sociedad socialista. Por ejemplo, cuando la ley del valor se establece como referente para medir la eficiencia económica y como criterio para la distribución del trabajo social. Por el contrario, Guevara proponía “ir a la eliminación, en lo posible, de las categorías capitalistas.”

Tomando en cuenta “el pragmatismo inconsecuente” de los dirigentes soviéticos que habían sucedido a Stalin, culpables de generar “perturbaciones ya enormemente dañinas” y advirtiendo que los “resultados finales son incalculables”, el Che aventuraba la siguiente reflexión con carácter hipotético:

Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores: la superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo a favor de la superestructura; se está regresando al capitalismo. (Guevara, 2006, pág. 31).

Como se puede advertir, el Che se sitúa como parte de una crítica necesaria, pero interna y fraterna al interior del comunismo internacional. No recurría a las nociones de Estado obrero degenerado o de capitalismo de Estado propias del trotskismo y sus derivaciones para caracterizar lo que existía en la URSS. No era de los que negaban el carácter socialista del régimen soviético: para él, las relaciones sociales de producción existentes eran de tipo socialista. El problema, más bien, era la incrustación de las categorías capitalistas desde arriba, operada por la dirigencia desde Jrushchov en adelante, lo que abría un amplio cauce para el reforzamiento de las posiciones de fuerza de las clases anti-socialistas.

EL CHE CONTRA LAS CATEGORÍAS DE LA ECONOMÍA CAPITALISTA

Alertado sobre esta ruta que conducía de regreso al capitalismo, el Che Guevara manifestaba francamente su desacuerdo con dos ideas centrales del Manual de Economía Política publicado por la Academia de Ciencias de la URRS.

En primer lugar, con la idea de “asegurar la amplia aplicación del principio del interesar materialmente a los trabajadores de la ciudad y el campo en el incremento de la productividad de su trabajo y manejar en interés del socialismo palancas económicas tales como el comercio, el dinero, los precios, el crédito y el cálculo económico”. (Guevara, 2006, pág. 117)

En segundo lugar, el Che disentía con la afirmación de que “la producción mercantil, la ley del valor y el dinero sólo se extinguirán al llegar a la fase superior del comunismo”, siendo “necesario desarrollar y utilizar la ley del valor y las relaciones monetario-mercantiles durante el periodo de construcción de la sociedad comunista” (Guevara, Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento, 2004, pág. 81).

El Che Guevara discrepaba de esta preferencia por “el mercado y la economía monetaria para la construcción del socialismo”, advirtiendo la confusión entre un remedio que se utiliza temporalmente porque no hay de otra y una posición que considera compatible las categorías capitalistas y la construcción del socialismo. Lo mismo pensaba cuando leía en el Manual de Economía Política que los soviéticos pretendían desarrollar la ley del valor, justo cuando la tendencia debía ser, por el contrario, “liquidar los más vigorosamente posible las categorías antiguas entre las que se incluye el mercado, el dinero y, por tanto, la palanca del interés material o, por lo menos, las condiciones que provocan la existencia de las mismas” (pág. 81).

A juzgar por estas equivocaciones contenidas en el Manual, advertía Guevara, “las últimas revoluciones económicas de la URSS se asemejan a las que tomó Yugoslavia cuando eligió el camino que la llevaría a un retorno gradual hacia el capitalismo” (Guevara, Apuntes críticos a la Economía Política, 2006, pág. 125). Como también Polonia lo demostraba, advierte el Che, “aumentar el estímulo material, la dedicación de la gente específicamente a su interés material y por allí al libre fuero de la ley del valor”, tenía como consecuencia necesaria el retorno al capitalismo. (pág. 322).

Así, de acuerdo con Guevara, se había introducido el caballo de Troya en el socialismo, al querer construirlo con los elementos del capitalismo, lo que generaba “sistemas híbridos” que obligaban tarde que temprano a más concesiones, al retroceso sostenido. Y de pasada, se ocultaba la capitulación bajo el grueso tapete de una fraseología que declaraba concluida la edificación socialista para pasar a la construcción de la sociedad comunista en todo el frente, justo cuando la persistencia de las clases y el recrudecimiento de la lucha de clases al interior de estas sociedades se hacían más evidentes.

LA PROPUESTA DEL CHE: SOBRE EL CARÁCTER DE LA ECONOMÍA SOCIALISTA

Todo este debate del Che con la dirigencia soviética ocurría ante la posibilidad de que la revolución cubana optara por otra ruta. El Che propició una discusión en torno de las alternativas que podían utilizarse para eludir las complicaciones de la URSS. Frente al sistema económico soviético, que estaba basado en el estímulo material, la autogestión financiera de las empresas, el libre juego de las empresas para que compitieran entre sí y la defensa de la ley del valor como una ley del desarrollo socialista, Guevara presentó la alternativa llamada Sistema Presupuestario de Financiamiento que establecía la necesidad del estímulo moral, una planificación central más estricta y la posibilidad de que la economía toda se considerara una sola empresa, eliminando el carácter de mercancía de los productos intercambiados por las empresas socializadas, todo en la ruta de ir suprimiendo las categorías capitalistas. En esta propuesta, si bien el estímulo material no es excluido completa e inmediatamente, sí es considerado como una categoría a eliminar, a manera de “una palanca que desgraciadamente hay que utilizarla como residuo de la anterior sociedad”, como un mal que debe ser superado, no conservado ni desarrollado (pág. 277).

Para el Che, rotundamente, “las categorías del capitalismo tienen que desaparecer en el comunismo” y en el periodo de transición “deben tender a desaparecer” (Guevara, Apuntes críticos a la Economía Política, 2006, pág. 370). La apreciación correcta de la NEP leninista es que se trató de un necesario repliegue, de “una táctica estrechamente ligada a la situación histórica del país, y, por tanto, no se le debe dar validez universal a todas sus afirmaciones” (Guevara, Sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento, 2004, pág. 68).

Las categorías preservadas temporalmente por la NEP no son las propias del socialismo. Por el contrario, “la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de una sociedad comunista” (pág. 82).

No se trataba, entonces, de seguir espontáneamente el curso del desarrollo económico y de continuar sujetos a leyes económicas pretendidamente objetivas, de naturaleza forzosa. Por el contrario, para el Che, “la vanguardia de los movimientos revolucionarios, influidos cada vez más por la ideología marxista-leninista, es capaz de prever en su conciencia una serie de pasos a realizar y forzar la marcha de los acontecimientos, pero forzarlos dentro de lo que objetivamente es posible” (Guevara, La planificación socialista, su significado, 2004, pág. 143).

A eso llamaba el Che. A una intervención activa de la conciencia organizada, con la finalidad de orientar adecuadamente el curso de los acontecimientos que debían derivar en fases más avanzadas del socialismo y en la consecución del comunismo. Al concurso espontáneo el mercado le oponía la coordinación social de la producción a manos de una fuerza consciente y organizada.

 

Ciudad de México, 7 de octubre de 2017.

 

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