Por la segunda y definitiva independencia de México

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Omar Martínez

Una vez más el acto protocolario se repite el personaje de la envestidura presidencial, se asomó en el balcón de Palacio Nacional, y espetó eufóricamente los vivas tradicionales a los próceres independentistas. Claro está y lo sabemos de sobra, que lo que menos a él le interesa y a los de la clase dominante que representa, son las condiciones actuales de vida de las clases explotadas por las que se inició en aquellos ayeres de dicha rebelión.

Y por más que lo intenten ocultar el desprecio es demasiado elocuente, esto se puede confirmar con ejemplos actuales. La catástrofe del último terremoto en México develó que el sector de la pobreza es el lugar donde se reciente con mayor fuerza las inclemencias naturales, el caso de Chiapas y Oaxaca. A esto hay que agregar como resultado de lo anterior las últimas cifras que Oxfam para México que arrojan que es 23 veces mayor la percepción de riqueza de los más ricos sobre los más pobres, catalogándolo como un alto grado de desigualdad la que se vive en el país. Súmese a esto la pesada loza del interminable pago de la deuda, y que ahora, la propuesta del Presupuesto de Egresos para la Federación del paquete del 2018 contempla un incremento, cargado sin duda, para los bolsillos rotos de las clases trabajadoras por vía: más impuestos, y para terminar con los ejemplos, el empecinado objetivo del gobierno y la burguesía mexicana de sostener y amarrar el acuerdo comercial con los Estados Unidos y Canadá, en el cual los grandes perdedores desde un inicio han sido las clases explotadas de este país:  fuerza de trabajo abaratada, el campo en el olvido y un creciente ejército de migrantes intentando cruzar la frontera.

Estos hechos paupérrimos pronto rememoran a aquellas épocas de los conspiradores de Querétaro. Para quienes no hubo otro camino, como para otros tantos líderes más de América Latina, la  lucha por la insurrección y desprendimiento de la bota pesada del enemigo de clase, lucha que no podría haber sido, sin duda alguna, sin el llamado de las clases explotadas. También nos recuerda que el tipo de clases dominantes apátridas y entreguistas que aquí perviven son una característica histórica primordial de estas formaciones sociales, que por su conformación estructural de dependencia al extranjero se tornan reaccionarias y conservadoras, pues portan el ADN de su lealtad hacia las metrópolis capitalistas con las que se identifican.

Nuestra segunda y definitiva independencia deberá romper con esas estructuras que aún nos aquejan. Nuevamente deben ser las masas trabajadoras y populares quienes deben empuñar el rumbo de nuestra liberación definitiva. Será por la lucha de la patria socialista la que nos lleve a abolir toda forma de explotación y nos dará una verdadera igualdad, nos espera la segunda y definitiva independencia en toda la insurrecta Latinoamérica.

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