Atenco, Ostula, Nochixtlán y Arantepacua: El Estado mexicano bajo la ruta de la represión

Just

 

Andrés Ávila

Está claro que cuando la burguesía imperialista en México pensó que Enrique Peña Nieto sería el presidente idóneo para nuestro país, no lo escogió como una opción conciliadora ni cercana a los movimientos y organizaciones que se han decidido a luchar tras una presión acumulada de años sobre su condición de vida. El 3 y 4 de Mayo de 2006 en Atenco, Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, demostró ante los dueños del país que él estaba dispuesto a pasar a la historia como un represor, pero que eso no lo detendría, que estaba dispuesto a todo con tal de cumplir ante quienes ambicionan más riqueza a costas de la miseria del pueblo trabajador.

Peña Nieto no dirigió personalmente el operativo de Atenco, es evidente que no tiene esa capacidad, pero no fue electo por ser capaz de dirigir operativos militares de contrainsurgencia, de eso se encargan los militares de alto rango, él simplemente desempeñó con orgullo el papel que le toca, presentarse ante las cámaras y con su retórica de abogado corrupto defender lo indefendible de forma cínica. Con ello demostró que él, su partido y su equipo de trabajo, eran lo que la burguesía imperialista buscaba para gobernar.

Después de lo sucedido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, quedó aún más claro que el Estado mexicano ha elegido la ruta de la represión, y que además estaba dispuesto a reeditar las formas más cruentas de la represión, la desaparición forzada entre ellos. Los sucesos represivos no paran y pueden contarse por cientos, pero en los últimos dos años sobresale la represión en Nochixtlán Oaxaca, Ostula en la costa michoacana y recientemente, Arantepacua en la Meseta purépecha  también en Michoacán.

En el primer caso, Nochixtlán, se hizo uso de armas de fuego en contra de la población, donde el saldo fue de  8 muertos y más de 100 heridos, la versión oficial fue que la policía disparó porque a ellos les dispararon primero. En Ostula, un menor de edad fue muerto y 10 heridos de bala en  julio 2015 en una manifestación pacífica cuando elementos de la Marina Armada de México dispararon contra los manifestantes, la versión oficial es que a ellos les dispararon primero. En Arantepacua el 5 de abril de 2017, el saldo es de 4 muertos y un número indeterminado de heridos de bala, la versión oficial también dice que el pueblo disparó primero. No está de más recordar que es la misma explicación que dio el gobierno tras la matanza de Tlatelolco.

En todos estos eventos se han registrado detenciones masivas en donde policías y militares actúan con saña golpeando y torturando a los detenidos, los cuales en la mayoría de los casos, ni siquiera representaban una amenaza para las fuerzas represivas.

Es importante tomar nota y darnos cuenta de que el Estado mexicano está perfeccionando métodos de control de población basados en las tácticas de contrainsurgencia y que está dispuesto a abrir fuego en contra de la población civil, pues el pretexto o la confusión, la crearán ellos mismos.

Las masacres a la población civil, la desaparición forzada y el terrorismo, son tácticas de Estado, no están condicionadas a un personaje en particular. Y si el Estado ha tomado ese camino es porque no quiere tomar el camino de solucionar las demandas de los inconformes, está decidido a mantener los precios de la canasta básica altos, los salarios baratos, las ofertas de empleo pocas y malas y a no dar ninguna garantía a campesinos y comuneros indígenas. Es cierto que Peña Nieto y Silvano Aureoles merecen castigo y son cómplices del asunto, pero no por ello vamos a suponer que con el mero hecho de quitarlos del gobierno la política de Estado va a cambiar. Es el pueblo trabajador organizado quien pueden accionar a tal punto que fuerce al Estado a abandonar esas prácticas, y para renunciar a ellas, la fuerza popular debe ser real, debe hacerse sentir, no puede ser resultado de la mera denuncia o el sentimentalismo pequeño burgués, es la fuerza del proletariado y del pueblo trabajador organizado la que hará a la burguesía temer las consecuencias que la Historia ha deparado para los regímenes asesinos cuando enfrentan a un pueblo digno y capaz de resistir. El pueblo vencerá al final de cuentas, pero ha de prepararse para ello y estar consciente de que el camino no será fácil, no caerá de la buena voluntad de un nuevo gobernante, por muy novedoso que parezca. El pueblo trabajador ha sido la víctima de la política de Estado, y es el pueblo trabajador el único que podrá cobrar esa deuda.

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