Sindicalismo clasista y Partido Comunista, necesarios para la recomposición de la clase trabajadora

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Llegamos a este Primero de Mayo con un ascenso de la extrema derecha al poder en Estados Unidos y en otras partes del mudo. El capitalismo pretende salir de la crisis como acostumbra: reforzando la explotación y echando mano del militarismo. Tal opción nos pone al borde de una guerra nuclear por las provocaciones contra Corea del Norte y la agudización de la confrontación inter-imperialista en Siria.

Mientras tanto en México la ofensiva se recrudece contra los trabajadores y las clases populares. Sendas reformas legislativas están en curso para completar el ciclo que nos conduce a una nueva esclavitud. La modificación de la Ley Federal del Trabajo en materia de salud, aprobada ya por la Cámara de Diputados, pretende, entre otras cosas, dejar en manos de los empresarios la integración de la tabla de enfermedades laborales. Simultáneamente se busca aprobar una Ley de Cultura lesiva del patrimonio cultural de la nación, que pone en manos de los empresarios un área de negocios importante, otorga súper poderes a las autoridades del ramo y establece un modelo laboral precarizador para los trabajadores del sector.

Para cerrar la pinza, una nueva Ley de Seguridad Nacional está en la fila de espera. Con ella se pretende legalizar la intervención de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública, multiplicando su intervención ante hechos evaluados como amenazas a la seguridad interior y la paz pública, destacadamente la protesta social. Ahora que tendrán el amparo de la ley, ¿cuántos muertos más sumaremos a los cientos de miles ocurridos desde que el Ejército y la Marina salieron a las calles con el pretexto de combatir el narcotráfico?

El contexto económico y social en el que se pretende aprobar este paquete de reformas jurídicas ya lo conocemos. El salario mínimo real ha perdido 80 por ciento de su poder adquisitivo. Dos terceras partes de los trabajadores son informales, es decir, carecen de seguridad social. Una abrumadora mayoría de los mexicanos tiene salarios manifiestamente insuficientes, a pesar de que en México se trabajan más horas que en cualquier otro país de la OCDE. Los jóvenes no encuentran empleo y, paradójicamente, las oportunidades se estrechan conforme tienen un nivel educativo más alto. Para colmo de males, los recortes presupuestales a la educación, ciencia y tecnología restringen su acceso a las universidades o imposibilitan la obtención de una beca para continuar sus estudios.

Esta tendencia a la devastación del trabajo y a la agudización de la sobre explotación laboral experimenta este año una nueva vuelta de tuerca. El desmesurado incremento de la deuda pública, que ya representa alrededor del 50 por ciento del Producto Interno Bruto, puso en jaque las finanzas públicas, repercutió en la inestabilidad del peso y culminó en el desborde de la inflación. Los precios crecieron 5.29 por ciento en promedio durante el primer trimestre del año y los combustibles y energéticos lo hicieron en 17.57, anulando los incrementos salariales conseguidos por los sindicatos.

La única forma de detener esta curva descendente en el nivel de vida de las grandes mayorías mexicanas es organizar un sindicalismo clasista, ágil y agresivo, que sustituya al prevaleciente, obeso y entumido, que carece de las aptitudes necesarias para enfrentar este periodo de cruentas batallas sociales. Incluso en el llamado sindicalismo independiente y democrático, es necesario propiciar un giro significativo para ponerlo a tono con los nuevos tiempos, doblemente difíciles para los trabajadores.

Acompañando esta ofensiva gremial, es indispensable reconstruir la representación política de la clase trabajadora con la finalidad de que entre a la lucha de forma organizada, con un programa propio y un partido distinto de todos los demás partidos. Sin un Partido Comunista, disciplinado y orientado por el marxismo leninismo, los trabajadores no tienen ninguna posibilidad de vencer, sobre todo porque el norte orientador del programa histórico, consistente en la abolición del capitalismo, es necesario para no perder el rumbo.

Sindicalismo clasista y Partido Comunista son dos elementos de una misma estrategia destinada a la recomposición de la clase trabajadora en México. Ambos elementos se van construyendo mediante acciones concretas. Por un lado, por ejemplo, llamando a luchar por un reajuste salarial nacional y contra los recortes al gasto social, para evitar que la crisis la paguen los trabajadores. Por el otro, creando cuadros políticos mediante un fuerte proceso de formación, capaces de dominar la teoría y la práctica de la revolución. Así, mientras por un lado incidimos en el movimiento obrero y sindical impulsándolo a una lucha más decidida, por otro lado, hacemos del estudio del marxismo leninismo una labor cotidiana al interior del Partido Comunista de México.

Quien lo desee está invitado a sumarse a esta doble iniciativa. Las puertas están abiertas a quien manifieste su deseo de canalizar su esfuerzo a una estrategia política de probada eficacia histórica. Y nada mejor que hacerlo en una fecha tan significativa como el Primero de Mayo.

 

¡Por la revolución y el futuro comunista!

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Comité Central del Partido Comunista de México PCdeM

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