La paradoja Trump, tiempos claros y confusos

 

slidereu

Andrés Ávila Armella

Eduardo Victoria Baeza

 Donald Trump es un cínico y declara públicamente lo que otros  comparten pero por mero cálculo de corrección política maquillan o callan, la inusual coyuntura actual ayuda a clarificar los procesos que han estado presentes durante un período histórico de más de un siglo sin embargo la desvergüenza del actual mandatario estadounidense provoca una extraordinaria confusión.

I

El presidente de una república burguesa es la figura visible que representa de manera general los intereses de la clase dominante y del bloque hegemónico de la misma, y cuando hablamos del presidente de los Estados Unidos hablamos del Estado más poderoso del mundo que a su vez representa a la clase más poderosa del mundo, la burguesía imperialista.

Para representar a un puñado de privilegiados se necesita el firme compromiso con ellos de hacer que el sistema económico y político funcione en favor de sus intereses, lo que implica ir contra los intereses de las mayorías que producen la riqueza que ellos administran. Así pues siguiendo este razonamiento podemos afirmar que el presidente de los Estados Unidos de América es de por sí enemigo de todos los pueblos del mundo, enemigo de la clase trabajadora del mundo  (incluidos los trabajadores de su propio país) y por ende enemigo de los sectores tradicionalmente oprimidos y marginados de la sociedad norteamericana, como las naciones indígenas, los afroamericanos y los trabajadores migrantes.

Dentro de la estrategia de la dominación imperialista, a pesar de que está claro que todo el mundo debe ser dominado en favor del interés de la oligarquía monopólica, también es necesario que no todos sean dominados de la misma forma y procurar en su caso, alianzas relativas con quienes resultan excluidos, marginados, explotados y oprimidos. Es por ello que tradicionalmente en esta estrategia suele apretarse la cuerda sobre ciertos sectores para aflojarla un poco sobre otros y así asegurar su lealtad. En ese sentido es que es necesario leer los posibles ajustes en la política imperialista para identificar en donde habrán de agudizarse las contradicciones entre la gran burguesía imperialista y los trabajadores del mundo.

II

Líneas arriba mencionábamos que el cinismo de Trump ha clarificado varios hechos y entre ellos uno que no es nuevo, pero que solía ser encubierto por discursos ambiguos repletos de lugares comunes y es el profundo desprecio que la presidencia de los Estados Unidos siente hacia los trabajadores del mundo y hacia los oprimidos. Las expresiones racistas, discriminatorias y antihumanas van implícitas en cada decisión que el ejecutivo norteamericano toma para favorecer la consolidación del poder de los grandes dueños de los consorcios financieros, industriales y comerciales, así como de las élites burocráticas norteamericanas.

Para los mexicanos que viven en Estados Unidos como para los que lo hacen en territorio mexicano la prédica de Trump resulta muy ofensiva, pero contradictoriamente, ha jugado el papel que hacía falta después de décadas en donde se nos hostigó hasta la náusea con un discurso que afirmaba que la colaboración entre Estados Unidos y México era benéfica y necesaria, que Estados Unidos era socio y amigo de México y que en la medida de nuestro acercamiento con las políticas norteamericanas evitaríamos un conflicto con ellos. Desafortunadamente el pensamiento marxista y latinoamericano está tan marginado de la cotidianidad de la discusión política en México, que la claridad tampoco llega como resultado inmediato de la negación de una supuesta verdad ideológica.

Esto ocurre también en los Estados Unidos donde muchos de los críticos de Trump no pueden sino ver locura en sus dichos y acciones en lugar de darse cuenta que son la consecuencia lógica de una política de Estado sistemática de intensificación del domino imperialista acompañado de la ideología del Estado que siempre ha sido por esencia racista y que siempre por esencia ha denigrado la condición de los trabajadores migrantes y los oprimidos de ese país.

Los sectores “progresistas” que en el fondo no son más que reproductores del pensamiento liberal, confían en que tarde o temprano, la locura de Trump será corregida por el mismo aparato de Estado y esperan que las cámaras de representantes le impriman condiciones moderadas a sus políticas y hasta se entretienen con la esperanza de que los organismos de espionaje e inteligencia militar lo asesinen. Pero ¿Alguien sabe exactamente que está pensando  la CIA y el Pentágono? Lo dudamos, pues son los organismos más cerrados del Estado norteamericano y solo podemos saber que actuarán acorde con sus intereses generales, los cuales no entran en franca contradicción con la política de Trump.

III

¿Cuál es exactamente la estrategia imperialista encabezada por Trump? Este parece ser uno de los puntos que hoy lucen confusos, pero descartando la hipótesis de la locura clínica y atendiendo a la generalidad histórica, solo podemos saber que las condiciones geopolíticas han cambiado en los últimos 15 años principalmente por 2 actores, Rusia y China. El Estado norteamericano es aún el Estado imperialista más poderoso del planeta, sin embargo teme varias amenazas. Hasta ahora ni Rusia ni China han tenido una política propiamente colonialista que amenace con invadir o apoderarse de territorios que históricamente han estado bajo el dominio del capital norteamericano, pero sin duda al Estado norteamericano  le preocupa la influencia aplastante que ambas potencias económicas y militares ejercen, reduciendo su margen de maniobra y a la vez  el crecimiento económico deseado. Muy probablemente debaten ahora mismo, al más alto nivel, las formas en que podría revertir el proceso que de seguir las tendencias actuales amenazaría sin duda su lugar en el mundo.

IV

¿Cuál es el papel exacto de México en esa estrategia? ¿Por qué Trump confronta a un país que Estados Unidos tiene dominado? En el plano superficial todo esto parece un disparate, pero ¿Lo será?

El que Trump busque confrontarse al pueblo trabajador de México en ambos lados de la frontera no debe sorprendernos, pues como mencionamos anteriormente ese es su comportamiento histórico y tampoco debería sorprendernos el hecho de que muestre a la burocracia mexicana su lugar frente a la burocracia norteamericana, pues se saben infinitamente más poderosos y no hay razón alguna para otorgar concesiones a quien no cuenta ni con la voluntad ni con la fuerza para presionarlos ni en lo político, ni en lo comercial, y aún menos en lo militar. Entonces ¿Por qué el gobierno de los Estados Unidos eligió confrontarse diplomáticamente con un gobierno que le es incondicional?

México juega un papel en la estrategia imperialista, pero definitivamente no es un papel principal y por esa razón tendríamos que entender que la actual beligerancia hacia el Estado mexicano por parte del estadounidense es un paso hacia algo más, y no el capricho de un “loco” que por azares del destino llego a la Casa Blanca ¿Podría acaso haber un mejor lugar para iniciar una escalada imperialista que un país donde todo está controlado a su favor y el margen de error es escaso?

En medio de esta confusión, el Estado mexicano desgastado y deslegitimado intenta chantajear al pueblo trabajador de México izando las banderas  del patriotismo y convocando a la unidad nacional entre explotados y explotadores, ¡Ahora resulta que los vendedores del territorio, el subsuelo y el fruto del trabajo de millones de mexicanos a las empresas imperialistas, de pronto se sienten más identificados con sus explotados que con sus socios comerciales! (y los intelectuales orgánicos del Estado mexicano critican a Trump por descarado…).

El pueblo mexicano luce indefenso frente a la mayor potencia imperialista del planeta y todo indica que estamos a su merced, y ante esta preocupante situación vale la pena recordar y no olvidar jamás como llegamos a tal posición de debilidad. La burguesía criolla mexicana, socia de la burguesía imperialista, así como la burocracia política del Estado mexicano, históricamente han sido los responsables de esta situación. Desde Santa Ana hasta Peña Nieto pasando por Porfirio Diaz, Miguel Alemán y Vicente Fox, prácticamente sin excepción la política del Estado mexicano ha sido de la idea que es mejor ser un sirviente amigable frente a la potencia norteamericana que enemistarse con ella. Con este argumento se firmó la independencia de Texas, el tratado Guadalupe Hidalgo de 1847, el tratado Mc Lane-Ocampo, los tratados de Bucarelli con Álvaro Obregón y el TLCAN (Tratado de libre comercio de América del Norte) con Carlos Salinas.

El resultado de lo anterior es claro, cada vez ha sido más grande la distancia entre México y Estados Unidos y nunca tan grande como ahora.

V

La burocracia política nos extiende la mano para salvar la patria que ellos arruinaron, pero en el fondo de su asquerosa demagogia sólo buscan mantenerse en sus puestos de intermediarios ya sea en la explotación del trabajo de millones de mexicanos o en el saqueo de los recursos naturales del territorio.

El panorama es preocupante y no será fácil hacer frente a lo que venga, sin embargo algo está claro; es urgente la organización del pueblo trabajador mexicano para librar las mil batallas en todos los frentes contra el imperialismo, y habremos de hacerlo sin las élites burguesas y burocráticas. Esta tarea solo se concretará en la medida que aprendamos a fortalecer la unidad con los explotados de América Latina, los trabajadores de Norteamérica y las fuerzas revolucionarias que aún hay en el mundo. Ningún capitalista y ningún gobierno ni propio ni extranjero vendrán a librarnos de Trump ni del imperialismo, pues la liberación es una tarea histórica de los explotados del mundo, y los explotados de México debemos estar conscientes que el momento de la lucha ha llegado y que podemos parar esta escalada fascista ahora, de ser así seremos ejemplo de vanguardia para la humanidad, si no lo hacemos el mundo mirara nuestra opresión con dolor o desaire, pues seremos responsables de permitir el primer paso de una escalada imperialista planetaria.

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