NOS TOCA LUCHAR, NO HAY MÁS QUE ESPERAR

captura

Andrés Avila

Vivimos tiempos críticos, el ajuste neoliberal tal como lo conocimos desde los noventa hacia acá, ha alcanzado su punto máximo y por tanto empieza a agotarse como forma de gestión específica del capitalismo y del imperialismo, no solamente en México sino en el mundo entero. Ahora tanto en Estados Unidos como en Europa, el Imperialismo busca perpetuarse y readecuarse a través de métodos fascistoides como los que pregona Donald Trump.

En México, se está agotando el período de privatizaciones por la simple y sencilla razón de que ya han privatizado los aspectos más lucrativos del control de la producción que antes habían sido el emblema del desarrollismo mexicano. Los estragos que se sienten en la economía familiar tras la liberalización del precio de la gasolina, refleja la voracidad de los monopolios petroleros y energéticos mundiales y también refleja el hecho de que el Estado mexicano renunció a sus fuentes de financiamiento más sólidas.

Si esto no cambia, lo que está por venir es aún peor. Los mercados no renunciarán a extraer más recursos ni a aumentar la tasa de explotación, y el déficit en el presupuesto, al no poderse cubrir ya con la industria propia, sobre todo la petrolera, buscará reponerse necesariamente con el aumento a los impuestos al consumidor y con cada vez más bruscos recortes en el gasto social. El Estado mexicano ha malbaratado lo que había sido hasta cierto punto su participación en el manejo de la plusvalía producida por el conjunto de trabajadores mexicanos, y quienes lo han comprado no están dispuestos a devolver nada, por el contrario, insisten en que la solución es seguir desangrando al país con más concesiones al gran capital imperialista y con más recortes al pueblo trabajador.

Por otra parte, la reconfiguración que se viene en el capitalismo norteamericano y las políticas de presión y superexplotación de los migrantes latinoamericanos que serán reforzadas con un aumento de la discriminación de Estado en aquel país, limitará la salida que habían encontrado millones de familias mexicanas a través de la migración hacia la Unión Americana. Migrar es cada vez más una salida riesgosa y con menos posibilidades de reponer el déficit que sobre las economías domésticas dejan las altas tasas de explotación en México.

Las opciones de evitar una profundización de la crisis de la mano de fuerzas políticas oportunistas como la encabezada por MORENA y su dirigente López Obrador, carecen de sustancia y de viabilidad política y económica; ellos insisten en embellecer el capitalismo apelando a que puede ser más humano y divagan entre defender ahora el TLCAN sólo porque Trump lo critica, evocar al ex presidente norteamericano Franklin Roosevelt y sugerir que todo es un problema de excesos en

el gasto burocrático. No hay duda de que los funcionarios se enriquecen como ladrones del presupuesto público, pero esto es apenas una de las aristas del problema, no son su origen ni fundamento.

Ni los “demócratas” en Estados Unidos, ni los liberales oportunistas de México tienen la mínima intención ni posibilidad de sacar al pueblo trabajador de su crítica situación. Ya no hay para donde hacerse, los trabajadores debemos tomar la iniciativa, no importa en qué lugar nos encontremos, lo fundamental es que comprendamos: para que nuestro futuro esté en nuestras manos habremos de tomarlo a como dé lugar. Es indispensable que reforcemos nuestra capacidad de organización, elevemos nuestra combatividad y nos hagamos de un programa propio alejado de quienes han lucrado con nuestras esperanzas prometiendo que nos salvarán de los que son aún peores.

El momento se acerca y debemos estar preparados para todo, pues la situación se va a recrudecer y si no hacemos algo frente a ella, será más factible que siga emergiendo la barbarie acompañada del crimen organizado y todas las formas de terrorismo de Estado. Luchar es lo que nos toca, nuestra generación de trabajadores será responsable ante la Historia de lo que hagamos o dejemos de hacer. Luchemos ahora sin temor a las consecuencias de corto plazo que de nosotros depende que haya tierra, trabajo y dignidad para las próximas generaciones. La riqueza la producen los trabajadores y sólo ellos deben administrarla.

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