En la hora del gasolinazo

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Job Hernández Rodríguez

(Texto leído por el camarada Job Hernández Secretario de Relaciones y Solidaridad del SITUAM y miembro del PCdeM en la Reunión Ampliada de la Comisión Política de la CNSUESIC, convocada para discutir la situación nacional el pasado 6 de enero)

Asistimos a un momento relevante de la historia nacional. La coyuntura abierta con la decisión del gobierno federal de liberar el precio de los combustibles ha propiciado incrementos en su costo y desabasto, además de un clima de agitación social pocas veces visto.

Esto no es sino la manifestación inmediata de fenómenos más profundos, que ahora emergen a la superficie con toda vistosidad y que los trabajadores debemos tener completamente claros.

En primer lugar, se trata del punto final al que nos ha conducido una estrategia económica centrada en la preminencia absoluta del mercado y la consecuente renuncia a todo intento de conducir racionalmente la economía. La liberalización del precio de los combustibles no es sino una estación más de esta ruta que nos conduce al gobierno ciego de las fuerzas del mercado, contrapunteo del capitalismo frente a los intentos de la clase trabajadora por meter en cintura a este elemento destructivo del orden social, la naturaleza y la civilización.

En segundo lugar, el llamado gasolinazo es una evidencia más de la intención de eliminar por completo la estrategia de desarrollo centrada en la industria petrolera nacional.  La entrega de esta área de negocios a los grandes monopolios nacionales y extranjeros, solo se explica por el abandono del intento de desarrollo nacional autónomo enarbolado por el régimen surgido de la Revolución Mexicana. Con ello, la burguesía no hace sino reconocer su fracaso en la consecución de este objetivo, entregando a los monopolios uno de los elemento claves para detonar el crecimiento económico de México: la gasolina a bajo precio.

En tercer lugar, es evidente que el régimen político ha mutado de naturaleza. El “pacto de protección a cambio de lealtad” característico de la época anterior ha sido desmantelado por completo. Hoy la clase dominante no está dispuesta a ofrecer nada –ni subsidios, ni precios de garantías, ni salarios dignos- a cambio del consentimiento de las clases populares. La aceptación de la dominación burguesa proviene de la ficticia participación en los asuntos públicos proveniente de la elección “democrática” de nuestros representantes, en el mejor de los casos. Y de la violencia de Estado que paraliza cualquier insubordinación cuando los ciudadanos logran develar el carácter místico de la democracia y se lanzan a la protesta. En ninguna de estas opciones se necesita el control sobre el precio de los combustibles.

En cuarto lugar, el reconocimiento de los aprietos financieros que hacen ineludible el gasolinazo para el Gobierno Federal no es sino la declaración pública del fracaso de la reconversión económica en clave neoliberal, iniciada a mediados de los años setenta en México y el mundo. La promesa de una economía sin déficit financiero ni inflación, a la que se sacrificaron todos nuestros derechos y nuestro nivel de vida, está hecha añicos. Los discípulos mexicanos de Friedman y Hayek tendrán que rendir cuentas: sus pronósticos se hunden en un pantano económico en el que prevalecen no sólo la falta de crecimiento sino la incertidumbre en los precios y la quiebra financiera del Estado. En México, es un secreto a voces que viene ocurriendo un alarmante crecimiento de la inflación y un abultado déficit de las finanzas públicas que el Gobierno no encuentra como resolver más que haciendo que el costo recaiga sobre los hombros de los trabajadores a través de los recortes presupuestales  y el alza en el precio de los combustibles y diversos servicios públicos.

En la hora del gasolinazo hacen carambola todos estos factores. No se trata sólo de las consecuencias del alza de precios en los combustibles en nuestros bolsillos. Hay mucho más en juego: la profunda agitación social que estamos presenciando es el destino final al que nos condujo la preminencia absoluta del mercado que no es sino “la guerra de todos contra todos” que hace imposible la convivencia social bajo normas. Es también el abismo al que nos lleva la incapacidad de la burguesía para propiciar un desarrollo nacional autónomo. Es la guerra civil a la que nos empujó un Estado basado en la violencia desnuda y una democracia acotada y pervertida, que carece de todo compromiso con las clases populares. Y es, finalmente, la consecuencia del fracaso de una estrategia económica que prometió estabilidad a cambio de que nos apretáramos el cinturón y que hoy acepta el caos social como el precio a pagar para abrir la esfera de negocios de los combustibles a los grandes monopolios nacionales y extranjeros.

Los trabajadores necesitamos reflexionar profundamente sobre esta situación. Es insuficiente sumarnos a las acciones espontáneas sino es para propiciar el salto cualitativo de la protesta. Necesitamos opiniones y acciones que orienten la potencia disruptiva desatada por el gasolinazo. La transformación de lo espontáneo en organización consciente y de las reivindicaciones inmediatas en un proyecto de largo plazo, ese es el salto que debemos propiciar para ayudar a que la movilización popular de estos días llegue a buen puerto.

En esa dirección los trabajadores debemos:

  1. Retomar nuestro programa histórico en materia de economía. Frente a la anarquía del mercado tenemos que reivindicar la planificación económica, la posibilidad de organizar racionalmente una economía próspera, estable y dinámica.
  2. Reafirmar que la única posibilidad de un desarrollo económico autónoma radica en el ascenso al poder de los trabajadores y campesinos pobres, ante el fracaso de la burguesía en la consecución de esta meta y la imposibilidad histórica de reditar el desarrollismo nacionalista del antiguo PRI.
  3. Difundir que la solución al desabasto y el alza de precio de los combustibles radica en la reconstitución de una industria petrolera nacional dinámica, motorizada por grandes inversiones públicas, además de amigable con sus trabajadores, en la dirección de los 10 puntos propuestos por la Unión Nacional de Técnicos y Profesionistas de Pemex.

Es la hora de asumir el papel dirigente de los trabajadores organizados como la opción más eficaz para detener las medidas que lesionan gravemente los intereses de las clases populares. Es responsabilidad de las centrales sindicales aglutinar en torno suyo la protesta y neutralizar las provocaciones destinadas a justificar el estado de excepción. La acción disciplinada de los trabajadores organizados es indispensable en la presente coyuntura.

En este sentido es necesario ampliar el alcance y permanencia de las manifestaciones con demandas claras y acciones que puedan llevarse a cabo en centros de trabajo y a partir de sindicatos, organizaciones campesinas y barriales. Es nuestra obligación abrir un nuevo frente de batalla que acompañe a la protesta callejera.

Tal como lo proponen el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y la Nueva Central de Trabajadores (NCT), en la presente coyuntura hay que respaldar la legítima protesta, auto organizar la resistencia civil y pacífica, convocar a reuniones informativas y asambleas populares y desplegar una campaña de información que nos lleve a tomar acciones masivas más contundentes. Específicamente, debemos apoyar el llamado a realizar asambleas de base en nuestros respectivos sindicatos para tomar acuerdos que fortalezcan la respuesta popular al gasolinazo y sumarnos al llamado a la unidad de acción propuesto por la NCT y el SME, además de exigir mayores incrementos salariales en nuestras revisiones y demandar un incremento salarial de emergencia.

En cuanto al plan de acción inmediato los trabajadores organizados podemos:

  1. Sumarnos a la propuesta de realizar una gran Jornada Nacional de Lucha y Desobediencia Civil contra el alza de precios de los energéticos y el recorte al gasto público en educación, salud y vivienda.
  2. Realizar una campaña informativa de medios impresos y electrónicos para hacer contrapeso a los argumentos del gobierno y combatir la estrategia de rumores desatada en los días recientes.
  3. Pronunciarnos contra el gasolinazo y los recortes presupuestales mediante desplegados y conferencias de prensa.
  4. Consensar un paro de labores con las diversas centrales sindicales (CNSUESIC, NCT, CONTU, UNT, FNSU, etc.)
  5. Reforzar la marcha de los sindicatos universitarios contra el recorte al gasto en educación programada para el 31 de enero del presente año y la correspondiente reunión del día 17.

Nutrir las acciones de protesta cercanas a nuestros centros de trabajo en apoyo de los estudiantes, campesinos, transportistas y demás sectores populares movilizados.

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