Stalingrado y el holocausto, dos historias olvidadas por Occidente

Staling

Martín Sánchez

En este número queremos recordar dos sucesos importantes ocurridos los meses de enero y febrero de 1945 durante la tortuosa Segunda Guerra Mundial. Estos sucesos marcan dos momentos de liberación y triunfos del comunismo y de la humanidad en general sobre la tiranía nazi-fascista.

El primero es la liberación de los prisioneros del campo de concentración nazi en Auschwitz, Polonia, el 27 de Enero de 1945 (actualmente, en ese día se conmemora el holocausto). Auschwitz fue uno de los mayores campos de concentración y exterminio de Europa del Este, donde fueron aprisionados más de 1.4 millones de personas, entre judíos, antifascistas y comunistas de Alemania, Polonia y otras partes de Europa oriental. En este campo, el fascismo asesinó a 1.2 millones de personas (más mil personas por día) en las llamadas “marchas de la muerte”, en trabajos forzados o en la cámara de gas. Este terrible campo de muerte fue liberado por el Ejército Rojo en su avance hacia Berlín, y es ahora que vamos a ver la segunda fecha importante que dio pie a este momento liberador: el fin del sitio a Stalingrado.

Para inicios de 1943, la operación “Barba Roja” que emprendía  la máquina bélica nazi, se desmoronó estrepitosamente. Pretendía borrar del mapa a la Unión Soviética en cuestión de semanas o meses, pero tras 5 meses de haberse iniciado el asalto a Stalingrado, los planes fascistas quedaron truncados. Para el 5 de febrero de 1943, el ejército alemán tuvo que aceptar la derrota tras incesantes y encarnizadas batallas calle por calle, vecindario por vecindario. El triunfo no se debió solamente al duro invierno ruso, como pretenden hacernos creer los medios informáticos y hasta académicos occidentales anticomunistas. Lo que hizo retroceder a los nazis fue la estrategia de los altos mando militares y la dirección política del Partido Comunista de la Unión Soviética, así como la fuerza y determinación del proletariado organizado. La victoria en Stalingrado fue el comienzo del fin del fascismo, fue la victoria que cambio el curso de la guerra y de la humanidad.

¿De qué nos sirve hoy recordar y reflexionar sobre estos momentos históricos? Más allá de que fueron los momentos más dramáticos de la guerra, se trata de recordar el sacrificio de millones de vidas en un conflicto desatado por la necesidad de los países imperialistas (no sólo de Alemania y sus aliados, sino también de las potencias occidentales) para recuperarse de la gran crisis de 1929; de reconocer que tan sólo el frente soviético se encargó de enfrentar al 75 por ciento de las fuerzas fascistas, lo cual le costó a la URSS más de 27 millones vidas. También puede servirnos para analizar cómo el dramático holocausto de la segunda guerra mundial ha sido utilizado por el imperialismo sionista, para dinamitar e invadir Palestina desde dentro, como lo podemos ver hoy en día. Y también para estar atentos ahora que los remanentes del fascismo quieren alzar cabeza de nuevo en Europa y amenazan nuevamente a los pueblos del mundo con sus guerras. Es tarea del proletariado mundial recordarles que si se les detuvo en el pasado, se les volverá detener en el futuro.

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