Para entender Tajamar

tajamar

Carlos Ramos

A lo largo de la existencia del capitalismo, nos han vendido la historia de que algunos son ricos porque se esfuerzan, trabajan, ahorran, son inteligentes, mientras que, por el contrario, los pobres lo son por haraganes y por no ahorrar. Pero contar la historia de esta manera, es ocultar que el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza, como dijera Marx. En otras palabras, es no ver la violencia estructural que necesita el propio modo de producción capitalista para reproducirse y seguir existiendo, violencia que existe desde el comienzo del capitalismo hasta nuestros días.

Este proceso se conoce como la acumulación originaria, es decir, la forma de acumulación capitalista, que es todo, menos idílica. Un ejemplo paradigmático es lo que sucede en el campo, pues constantemente podemos observar cómo a los campesinos, vía la violencia, se le quitó su tierra, sus recursos naturales e intelectuales y se le dejó únicamente con su fuerza de trabajo, esclavizados en una relación laboral, jurídica “legal” porque hay un contrato y un salario de por medio.  Pues para que exista el capital, es necesario que se enfrente dos clases, los poseedores-propietarios y por otro lado los trabajadores “libres” que venden de forma voluntaria su trabajo. Lo que esto supone es el divorcio entre los trabajadores y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo, es decir, la disociación entre el productor y los medios de producción.

Si bien esto ha sucedido desde el arranque del capitalismo, para su propia existencia es necesario que este proceso se repita incesantemente. No hace falta ir tan lejos para ilustrar esta violencia, aquí en nuestro país tenemos el caso del ecocidio de 50 hectáreas en el manglar de Tajamar en Cancún, el robo a los pueblos indígenas en cualquier rincón de México, quitándoles sus tierras y los ríos. La minería despojando tierras en Hidalgo, Guerrero y muchos más Estados o la apropiación del agua por una refresquera en el Estado de Chiapas. Lamentablemente la lista continua, es la historia de despojo, sangre y violencia, esto es el capitalismo, la obtención de la plusvalía sin importan si mueren personas, si se les embrutece y esclaviza o si el planeta entero es devastado en sus recurso naturales, estructuralmente lo único que importa es la ganancia capitalista.

Como podemos apreciar, no se trata de que unos son ricos por ser trabajadores y ahorradores, lo son porque como clase han robado sus recursos materiales y espirituales a la mayoría. Porque como clase controlan al Estado, al ejército,  policías y todo el entramado legal para tratar de hacer legitima  esta barbarie. Así pues, podemos decir que este proceso no se va a detener por sí solo y el modo de producción capitalista y sus relaciones son el enemigo, hay que hacerles frente de manera organizada y estructural.

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