La lucha del pueblo kurdo por su autonomía

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De la redacción

La etnia kurda que habita el Asia Menor, está conformada por una serie de antiguos pueblos con orígenes totalmente ajenos a los árabes, judíos o persas, cercanos más bien a los turcos y armenios. En años recientes, dichos pueblos han mantenido una relativa autonomía social. Sin embargo, desde el triunfo de las potencias imperialistas en la Primera Guerra Mundial, los kurdos fueron de las primeras víctimas de la repartición europea de Medio Oriente, ya que la mayor parte de su población quedó circunscrita dentro de la frontera turca, frente a las nuevas naciones árabes de Iraq y Siria. Esto a pesar de que según el Tratado de Sèvres, existía el compromiso de crear el Estado soberano de Kurdistán. Dicho tratado jamás fue cumplido y fue enterrado en el olvido a conveniencia, a pesar de las reiteradas exigencias, civiles y armadas, del pueblo kurdo, desarrolladas para su cumplimiento a lo largo del siglo XX.
Los kurdos conocieron el socialismo desde muy temprano, primero gracias a la convivencia con los comunistas armenios que se integraron a la Unión Soviética y posteriormente con la fugaz experiencia de la República Socialista de Mahabad.
Desde fines de la década de 1970, cuando se fundó el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), se formaron destacamentos armados para luchar por su territorio y autonomía en contra del expansionismo nacionalista turco, y para construir un Estado soberano de orientación socialista. Este proceso terminó en el año 2000, después de la detención del fundador del PKK, Abdullah Öcalan.
Hoy en día, la resistencia kurda es ya poco homogénea y el PKK no es la única organización situada a la “izquierda” de la lucha. Por eso, el papel preponderante de las partisanas kurdas trasciende hoy más que nunca. A raíz de la segunda Guerra del Golfo en 2003 y con el actual desarrollo de la guerra siria, los pueblos kurdos se han reorganizado y tomado control de sus tierras.
Las Unidades Femeninas de Protección (YPJ) que actúan en Siria, se distinguen como los batallones más eficaces en la auténtica defensa popular contra las agresiones externas, ya que es entre ellas donde se fomenta, por ejemplo, el internacionalismo proletario. Las milicianas kurdas lograron, en el 2014, expulsar de la ciudad de Kobané (punto estratégico de abastecimiento) a los mercenarios fundamentalistas. El arrojo de las milicianas kurdas, llamadas peshmergas, ha hecho que sus enemigos huyan aterrorizados debido a su puntería, tenacidad y al significado “deshonroso” de ser eliminados por una mujer.
Sin embargo, este conflicto toma hoy, por primera vez, un matiz mucho más cruento. La diversidad de posiciones dentro de las Unidades de Protección Popular de Kurdistán, al coincidir con los avances del pueblo sirio contra el fundamentalismo (sembrado artificialmente), ha llevado a la desesperación a algunas potencias imperialistas. Entre ellas están Israel y Arabia Saudí, quienes han anunciado ya sus planes de invasión para aprovechar mañosamente el pendiente Tratado de Sèvres, con lo que pretenden dividir de nuevo el Levante, acomodándolo a sus intereses comerciales y militares. Si Kurdistán no es planteado como un Estado Popular siguiendo el ejemplo de las mujeres kurdas de las montañas, será entonces el Kosovo de nuestro tiempo.

 

 

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