Un año entero de ignominia, larga vida a la resistencia

Madres de Ayotzinapa 4Pronunciamiento del Comité Central del Partido Comunista de México (PCdeM) a un año de los crímenes contra los normalistas de Ayotzinapa

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Hace un año, si algún analista, activista o militante político hubiera mencionado que el Estado mexicano era capaz de desaparecer a 43 estudiantes de una normal rural en medio de un auténtico clima de terror, alimentado por el asesinato cruel de seis jóvenes más, muchos hubieran dicho que se trataba de una exageración propia de quienes quieren provocar la ira popular; muchos, como los intelectuales del régimen, hubieran dicho que eso era impensable en el México democrático contemporáneo, que ese tipo de sucesos sólo acontecían durante el porfiriato o en las duras década de los sesentas y setentas, pero que todo eso había quedado atrás.

Cuando en la mañana del 27 de septiembre de 2014 se empezó a escuchar la noticia de lo sucedido en Iguala, todavía muchos consideraron que el asesinato de seis personas, entre quienes estaban normalistas rurales, en un estado como Guerrero, era, por decirlo así, algo normal, pero se rehusaban a creer que los 43 muchachos reportados como desaparecidos lo estaban en realidad. Después de saber que en efecto se encontraban desaparecidos, muchos se negaron a creer que podría pasar un año sin que tuviéramos de parte del gobierno alguna respuesta más o menos satisfactoria sobre lo acontecido; y durante el agitado octubre y noviembre del año pasado, muchos pensaron que el gobierno de Peña Nieto no tendría la desfachatez de seguir en pie y menos sosteniendo las mentiras que pretenden deslindar al Estado mexicano de sus acciones, encubriéndolas tras el omnipresente crimen organizado, el cual sin duda es parte del propio Estado.

Hoy, a un año de los sucesos de Iguala, es evidente que mientras gran parte del pueblo y sobre todo, la crítica de corte liberal sigue subestimando el carácter represivo del Estado, e insiste en ver este tipo de sucesos como meras fallas derivadas de un mal gobernante o la corrupción de algunos funcionarios, el Estado sólo refrenda su vocación esencialmente represiva, la clase en el poder sólo nos confirma que para conseguir sus intereses no conoce límites morales, son capaces de hacer todo lo que sea necesario y todas las veces que sea necesario para defender los privilegios de quienes controlan la economía y de quienes desde la política les sirven como perros de ataque.

Es ingenuo pensar que el gobierno de Peña Nieto se conmoverá con el dolor de los padres de familia, es ingenuo suponer que el gobierno de Peña Nieto caerá después de que algunos de los instrumentos internacionales de la ONU o la OEA lo regañen por oscuro, o bien porque emita alguna recomendación de transparentar el caso; por el contrario, el Estado mexicano ha podido ganar tiempo en la medida en que la crítica liberal ha difundido la idea de que tal vez los “organismos de cooperación internacional” le exijan a Peña Nieto la verdad.

Es fundamental que el pueblo trabajador, ofendido por el crimen de Ayotzinapa y por una suma interminable de agravios, tenga muy presente que todo lo que logremos lo lograremos luchando, que cada cosa que le arranquemos a la burguesía y a la burocracia en el poder, será a pesar de su resistencia a soltarla. Ningún gobierno cae por remordimiento, caerá sólo cuando la fuerza del pueblo organizado supere a la fuerza que lo mantiene en el poder. Ninguna verdad será revelada por un Estado caracterizado por la mentira a menos que alguien más descubra esa verdad. El terrorismo de Estado que ha cundido por el país entero no cesará hasta que detengamos con la fuerza popular a los asesinos y sembradores de terror.

La lección a un año de Ayotzinapa es que podemos generar una gran voz, que recorra el mundo entero exigiendo justicia, podemos evidenciar el repudio popular hacia un presidente y generar ecos para que en cada lugar que se pare sea abucheado, pero también debemos aprender que lo que hemos hecho hasta ahora no ha sido suficiente, y que se necesita hacer más: tenemos que afinar nuestros instrumentos de lucha, hacerlos más poderosos y eficientes, tenemos que estar más y mejor organizados, sólo entonces el Estado dejará de confiar en su omnipotencia y sólo así es que podremos convertir nuestras aspiraciones en realidad. La lucha por alcanzar justicia para Ayotzinapa aún está por definirse e implica cambios profundos en nuestro país. Por eso es necesario que el pueblo trabajador defina esa lucha a su favor, que la gane por la memoria y la justicia de los que durante décadas han luchado para construir un México más justo, sólo así se evitará que crímenes como estos vuelvan a ocurrir, sólo así habrá verdadera justicia y sólo de esta manera avanzaremos en nuestras aspiraciones de emancipación.

Por la revolución y el futuro comunista

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Partido Comunista de México

26 de septiembre de 2015

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