Cherán: la democracia que no requiere del INE

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Teresa Rojas

La comunidad de Cherán, Michoacán, está organizada, y aprobó que sus representantes sean elegidos por la modalidad de usos y costumbres. Es una decisión que se tomó por la falta de credibilidad de los políticos de los diversos partidos electoreros, que durante años optaron por los beneficios personales a costa de ocasionar problemas en la comunidad. Todo ello en medio de sus disputas internas, en las que el pueblo no ganaba nada.
Tal como indica la teoría leninista del Estado, dichos partidos políticos se enfocaban principalmente en justificar los privilegios de unos cuantos. Con el paso de los años, se sintieron las consecuencias y se puso un hasta aquí. La gente se quitó la venda con que se les impedía ver la realidad a la que estaban sometidos, en una reacción legítima ocasionada por las peleas entre los diferentes partidos y las omisiones del Estado ante la tala clandestina y el narcotráfico.
Por eso, podemos decir que en nuestra comunidad dimos un paso al frente en la forma de gobernarnos. Los problemas que hemos padecido nos han mostrado que se requiere de otras formas de organización, no subordinadas a la lógica del Estado burgués, que no violenten los derechos; formas de organización en las que exista igualdad y se desarrolle de forma más plena la democracia, esa democracia que el Estado no ha sabido dar.
En nuestra historia existen elementos que podemos recuperar para avanzar en este proyecto. De acuerdo con la consulta realizada el 18 de diciembre del 2011, la mayoría de los integrantes del municipio de Cherán estuvo de acuerdo en celebrar las elecciones por el sistema de usos y costumbres, convocando para ello a todos los comuneros mayores de edad de la comunidad. Sólo una marginal minoría se opuso.
Las circunstancias nos han llevado a tomar decisiones entre todos y para todos los habitantes de la comunidad. Las asambleas se han vuelto el medio más conveniente para tener una democracia estable (entendida como poder del pueblo), donde las decisiones pasan por la familia, la fogata y la asamblea de barrio, hasta llegar a la asamblea comunal, a la que se llevan todos los puntos a tratar, así como el punto especial requerido por la comunidad. Éste es el modo de gobernar que practicamos. Como lo expuso V. I. Lenin, en la Conferencia sobre el Estado pronunciada en la universidad de Sverdlov, en 1919: “Hubo un tiempo en donde no existía el Estado, en que los vínculos generales, la sociedad misma, la disciplina y organización del trabajo se mantenían por la fuerza de la costumbre y la tradición, por la autoridad y respeto que gozaban los ancianos del clan o las mujeres ¬-quienes en aquellos tiempos, no sólo gozaban de una posición social igual a la de los hombres, sino que, no pocas veces, gozaban incluso de una posición social superior-, y en que no había una categoría especial de personas que se especializaban en gobernar”.
Sin embargo, desde entonces, los partidos electoreros se han aferrado a que las elecciones sean por el esquema típico de la república burguesa, para seguir sacando provecho del voto personal y obstaculizando las causas del pueblo. Ante este panorama, el pueblo debe de estar preparado para seguir tomando las decisiones que le corresponden y no permitir que el Estado sea el que decida qué hacer con nuestras tierras y nuestra gente. Debemos mantenernos firmes en la decisión de elegir a nuestros representantes por la modalidad de usos y costumbres, hacer que la organización popular crezca y avance hacia el fortalecimiento del poder popular y la construcción del Estado de los trabajadores y campesinos organizados.
El Estado ha enajenado la forma de pensar de la gente, utilizando a los partidos políticos electoreros para hacernos creer que el Estado no es un aparato de sometimiento contra el pueblo, y ha pretendido darle migajas a la población para dividirla. Las tentaciones económicas con las que se está tratando de sobornar a la comunidad permiten pensar a algunos que el Estado está realizando bien su trabajo de mantener quieta a una parte de la población, para que no se desate la rebelión en más comunidades. Pero ese trabajo del Estado será en vano, porque la decisión de hacernos cargo de nuestro gobierno no es de unos cuantos, sino de todo el pueblo, y es el pueblo entonces, el que decidirá quiénes deben gobernarlo y cómo quiere ser gobernado.

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