Ya en circulación el número 12 de nuestro Periódico 30-30

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En lugar de votar, construir poder popular

Andrés Ávila

Como es costumbre, en tiempos electorales como los que han de vivirse en este 2015, la publicidad del régimen se da por varias vías. Por un lado, los partidos políticos hacen la suya, pero por otro, instituciones como el INE y los principales medios de comunicación nos saturan con la idea de que las elecciones y la democracia son lo mismo.
Hablar de democracia en términos abstractos siempre será equívoco, por lo tanto, quien así lo hace promueve consciente o inconscientemente la confusión política. Es por ello que un marxista, tal como lo dijera Lenin, siempre que escucha la palabra “democracia”, se pregunta: ¿para qué clase?
Eso que la burguesía, a través sus voceros y del Estado, llama democracia, es en realidad la democracia burguesa, pues consiste en una serie de reglas que favorecen de manera clara clase capitalista sobre la esfera de la política y de la burocracia de Estado. Mucho antes de que un “ciudadano” esté en posición de emitir su voto, la burguesía ya tomó una serie de decisiones relacionadas con promoción, publicidad, espacio en medios, compromisos económicos y políticos, etc. La verdadera elección no es la que se da en las urnas, sino la que se opera en los círculos selectos desde donde se lanzan las candidaturas.
No es extraño que la burguesía, principalmente la norteamericana, haya construido todo un discurso ideológico, adoptado por el Estado mexicano, en donde se da por hecho que el presente sistema político es el mejor que podemos alcanzar. Ciertamente, en algún momento de la historia, este tipo de democracia, representó un avance con respecto a regímenes anteriores, en donde las mayorías plebeyas no tenían siquiera la oportunidad de votar. Por eso, Marx y Engels concedían que la democracia burguesa era un avance con respecto a regímenes monárquicos, dictatoriales o militares.
Pero de cualquier modo, la república burguesa siempre ha impuesto al proletariado y a los campesinos pobres una serie de trabas para participar en los procesos supuestamente igualitarios. Es por ello que a la par de la organización de Estado burgués, surgió históricamente la democracia proletaria, la cual se construye desde la lucha obrera, en los sindicatos y asambleas populares, y que empata en muchos sentidos con otras formas de organización que se dan en algunas comunidades campesinas e indígenas, en donde se han desarrollado formas para organizarse políticamente de manera colectiva.
Las asambleas e instancias de representación colectiva que surgen de la lucha obrera, en los sindicatos independientes, las asambleas comunales, ejidales, populares y estudiantiles, se construyen no sólo con votos, sino también con experiencia de vida y de lucha colectiva; se construyen a través del diálogo público, la exposición de argumentos y el razonamiento colectivo que permite elegir, en algunos momentos, a representantes que rinden cuentas directas y públicas a la instancia que los eligió, a través de cargos que no implican privilegios y que son revocables. De esa manera, el poder popular, con base en las necesidades de la mayoría y los recursos objetivos de cada territorio, definiría el rumbo del desarrollo del país y no dejaría a unos pocos tomar decisiones que sólo beneficien a una clase social.
Por todo esto, la democracia proletaria supera por mucho a la democracia burguesa, y le ha permitido en algunos momentos al proletariado la posibilidad de tomar el poder.
La historia nos muestra que surge durante la lucha proletaria al interior del capitalismo y se convierte en el instrumento principal de los trabajadores cuando toman el poder y construyen el socialismo.
Encontramos varios ejemplos que nos inspiran a seguir en esa ruta: desde la Comuna de París y los Soviets (que surgieron desde antes de la revolución de octubre pero que sirvieron para sostenerla en el poder), hasta figuras como las asambleas populares en Cuba, que permiten construir la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Es por ello que la construcción de instancias de poder popular es fundamental en la estrategia comunista para que el pueblo trabajador tome el poder. Y es por ello que todos los cuadros del Partido Comunista de México (PCdeM) estamos comisionados para construir y fortalecer dichas instancias en cualquier lugar en donde nos encontremos: escuelas, centros de trabajo, barrios, ejidos y comunidades. Porque no basta con decir que rechazamos la democracia burguesa, ni con decir que la democracia proletaria la supera: es necesario generar confianza dentro de nuestra clase para seguir adelante, hacia la construcción del socialismo. La tarea histórica de la destrucción del Estado burgués pasa simultáneamente por construir las semillas de la nueva sociedad socialista -comunista.

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