1968: contra el autoritarismo, autonomía; contra los intereses burgueses, los populares

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El día 1 de octubre se realizó una plática sobre el movimiento estudiantil de 1968 en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). A continuación, compartimos las dos ponencias leídas por los camaradas del Partido Comunista de México que intervinieron en el evento como parte del trabajo político que desarrollan con la juventud.

 Jéssica Navaro y Diego Fernán

  1. El deber de nuestros deberes

Jessica Navarro

Antes de comenzar quisiera advertir que en absoluto cuento con alguna maestría para abordar el tema que se ha venido debatiendo. Ni en términos historiográficos, sociológicos o de la envergadura que se requiera para hacer un recuento digno de lo acontecido en ese 68 mexicano; sé tanto o menos que muchos para hacer referencia del caso.

Mi intención es más bien compartir inquietudes que a todo estudiante le surge cuando se aproxima a este tipo de eventos conmemorativos, especialmente cuando es la primera vez, aunque resulta sintomático preguntarse: y a todo esto… ¿qué con el 68?

Inmediatamente queda alguna sensación extraña al no tener mayor respuesta que las vinculadas especialmente al 2 de octubre. Final de un comienzo.

Primero, brincan con nombres y apellidos los autores de la masacre, los involucrados de los hechos y una que otra noción de lo que demanda el movimiento. Respuestas someras al fin y al cabo.

Siguiente paso: se intenta reflexionar por qué, el gobierno fue y sigue siendo altamente autoritario y especialmente represivo cuando se atenta contra los intereses de las clases dominantes. Claro, el Estado es un órgano de dominación de clase, la creación de un orden que legaliza y afianza la opresión de una clase por otra. Suena bastante vigente ¿no creen?

¡Ah, ya va! el primer ejercicio de memoria… ya solo queda crecerla.

Acto seguido, de quedar algo inconforme y darle algo de vueltas al asunto, inevitablemente empezamos a dar pesquisas sobre la situación de nuestro momento. Bueno pues, se le da a uno el vicio de comparar.

Finalmente el acto de construir memorias es un acto de resistencia, ayuda a entender el presente y prometer futuro. Por ello, especialmente hoy, el gobierno y la burguesía necesitan del olvido…

¿O en algo me equivoco? Si se recuerdan de algún asomo omitido corrijan pronto.

Entonces ¿qué reivindicaba el movimiento estudiantil? ¿De dónde venía? Y aún más importante: ¿a dónde quería llegar? ¿Qué nos queda a nosotros?

El movimiento estudiantil no venía de cero, sencillamente. Más que estallar se fue consolidando a través de luchas populares que venían dándose a partir de la represión a la huelga ferrocarrilera de 1959; el asesinato de Rubén Jaramillo, del activismo del Movimiento Revolucionario del magisterio; los movimientos huelguísticos de los telegrafistas y médicos, así como una fuerte influencia que venía, tanto del triunfo de la Revolución Cubana, como del pensamiento comunista. Deviene así como la culminación de una década de intensas luchas que cristalizaron en la primera idea: la revolución es posible.

Estudiantes y profesores, padres de familia y personas de diversos sectores conformaban un movimiento estudiantil-popular. Primero, por sus antecedentes de lucha, segundo, por su composición y tercero por las perspectivas del movimiento que apuntaban a la articulación con sectores estratégicos como la clase obrera y el campesinado.

En aquel momento la necesidad de cambio parecía evidente. En aquella época se concretaba un incremento notable de universitarios que abarrotaban los campus; las universidades se fueron proletarizando, pero para obreros y campesinos, los espacios de educación pública estaban dominados por una economía y política nacional que afianzaba la burguesía burocrática, industrial y financiera del país. El PRI gobernaba en solitario y los espacios de representación estudiantil eran utilizados para cooptar dirigentes.

Lo que comenzaba con demandas que buscaban reivindicar una democratización en el espacio universitario fue creciendo en una crítica política a las estructuras vigentes de la sociedad. La universidad se desmantela como una institución ligada al poder y, al mismo tiempo, una institución crítica de ese poder: un instrumento de dominio de clase y un espacio para cuestionarlo.

El estudiantado toma conciencia de clase y comienza a consolidarse sin igual en la historia de México como un sujeto político capaz de generar transformaciones. La crítica no sólo apuntaba al autoritarismo y falta de democracia del Estado, sino al orden capitalista. Contra el autoritarismo, autonomía; contra los intereses burgueses, los populares. La lucha de clases entra por las rendijas de las universidades.

Hoy, las universidades comienzan a tender a la elitización, hoy hay cada vez menos jóvenes que tienen acceso a la educación, situación producto de las políticas neoliberales que afianzan los intereses monopólicos de la oligarquía nacional y trasnacional. Pero… la memoria no se rinde.

La herencia de la digna lucha del movimiento estudiantil y popular del 68 nos deja la marca de seguir luchando por democracia y justicia. Aquellos presos políticos y asesinados que en nuestra memoria jamás cayeron, vuelven a nosotros con nuevos contornos, como aquello informe que corre por un mundo que está por ganarse… y ¿quién podría privarnos de la esperanza de esa victoria?

Justo ahora que parecía que la juventud se había desgastado, que la política parecía escaparse de a poco de las aulas, vuelve a resurgir de manera fuerte el movimiento estudiantil. Porque lo que se juega en el Politécnico no es una cuestión solamente de programas académicos, sino una disputa política que pone de relieve que el interés del capitalista y los intereses de los estudiantes como parte del pueblo están completamente encontrados. Que sólo a través de una lucha organizada se puede llegar a poner de pie la dignidad.

Por ello compañeros, es nuestro deber presente e histórico derrotar esa gangrena de sistema de partidos que se alimenta de la corrupción y se fortalece oprimiendo con la más sucia de las imposiciones, que a voces bajas, maquina el nuevo potro de tortura de la miseria.

No demandemos cualquier justicia, queremos una justicia revolucionaria y esa justicia no se negocia, se lucha por ella… nuestro descontento no puede ser más un cabo suelto del sistema como una pieza que no contemplaron en sus planes, seamos una conciencia organizada para constituir una oposición real y efectiva contra éste régimen de esclavitud que se impone de forma antidemocrática, tiránica y criminal.

Repudiamos las tantas y reiteradas violaciones a los derechos fundamentales de una sociedad justa y libre de yugos, nos oponemos rotundamente a sus reformas y políticas neoliberales, títeres y fascistas y contestamos que no bastará con el intento de golpearnos con su policía, embrutecernos con su prensa vendida y su televisión reaccionaria, que busca esparcir la ignorancia como infección para no levantarnos jamás, pues sabemos que temen al golpe decidido del pueblo.

No nos repleguemos al rincón de la ominosa impotencia… no claudiquemos.

Pasemos del acontecimiento al cambio, dejemos de brincar entre las letras muertas de sus reformas y escribamos con las letras vivas de la lucha política, porque aún aquellos que han sido excluidos de todo, hasta de las letras, escriben con la historia para no quedar en el olvido, porque su historia sigue siendo algo por lo que se lucha. Aprendamos a leer con otras letras que desafíen el orden de lo escrito.

O, sobre eso de luchar… ¿ya nos cansamos compañeros?

  1. De cómo la historia viva se repite

Diego Fernán

Antes de 1968, los teléfonos igual que las películas eran en blanco y negro, después de su invierno bañado de sangre, empezaron a filmarse películas a color y a producirse teléfonos de colores.

En el mundo los colores de los distintos movimientos que explotaron fueron de varios colores también, quizá el más carmesí de ellos haya sido el mexicano, por su masacre y sus demandas políticas.

Qué coincidencia que también el 2 de octubre de 1920, se inaugura el III Congreso de la Unión de Juventudes Comunistas de Rusia, en donde se dieron cuenta hace casi 100 años por primera vez, de manera abierta, que una generación educada en una sociedad capitalista puede y debe cumplir con la disminución de los cimientos de la vieja vida basada en la explotación, ayudar a organizar un régimen social que permita al pueblo a crear una sólida base, así, aprendiendo del pueblo, estando con el pueblo para así ser parte conscientemente de lo que constituye un pueblo. Solo transformando radicalmente la enseñanza, la organización y la educación de la juventud se dieron cuenta que sus esfuerzos se traducirían en la creación de una sociedad que no se parezca a la antigua.

Uno de los mayores males que nos ha dejado el capitalismo es la incoherencia entre el libro y la vida práctica, pues hemos tenido textos en los que todo estaba expuesto en forma perfecta, donde las sombras no son más que una reproducción hipócrita, que nos ha mostrado un cuadro falso de la sociedad capitalista.

Sin trabajo, sin lucha, el conocimiento cotidiano no tiene absolutamente ningún valor, ya que no haría más que continuar esta antigua incoherencia ente la teoría y la práctica, misma que constituye un rasgo de la ya vieja sociedad capitalista en la que vivimos.

Hoy siguen tratando de preparar servidores útiles, capaces de proporcionar beneficios a la burguesía, como lo vemos con las reformas recientemente aprobadas.

Esto hay que tenerlo en cuenta cuando se hablaba, como lo decían los estudiantes modernos de 1968 (digo modernos con toda intencionalidad), sobre la cultura popular.

Muchos estudiantes involucrados en los movimientos sociales, se dieron cuenta que si aspiraban a ser partícipes de un sentir del pueblo, esto auténticamente solo podía darse cuando se enriquece la memoria.

¿Y para qué nos sirve ser conscientes de nuestro papel como estudiantes insertos en una clase que está en lucha antagónica respecto a otra? Una respuesta descansa en los motivos que tuvo el movimiento estudiantil de 1968, pero se ha ido repitiendo y ya había madurado con la existencia del movimiento magisterial revolucionario una década antes y se había hecho latente el encarnizado enfrentamiento de clases, cuando por ejemplo allá en mayo de 1967, la policía y efectivos del ejército abrieron fuego contra la población que se reunía en un mitin magisterial en un pueblo de Guerrero, provocando, entre otras, la muerte de una mujer embarazada, como hoy y como ayer, en donde no hay casualidades, son ésas y muchas otras las razones crecidas que se manifiestan hoy con los compañeros del IPN, o los de la CNTE.

Sin embargo, la mediatización del recuerdo de aquélla fecha de octubre de hace casi 50 años, ha sido por lo regular maquillada de delicadezas académicas o impregnada solamente de sonidos psicodélicos. Pocas veces se difunden las razones más sensibles y tiernas por las que tal generación salió masivamente a protestar contra el imperialismo, derrotado en Cuba aunque estremecidos por el doloroso trago de la muerte del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, mientras aquí, una vez más en Guerrero, la figura de un profesor llamado Lucio iluminaba las montañas; más adelante se produciría la derrota más vergonzosa del imperialismo yanqui, cuya primer gran tumba sería Vietnam.

Empresas como Televicentro, hoy Televisa, iniciaban el despunte de su gloria financiera gracias a las acciones invertidas con anterioridad por personajes como el ex presidente Miguel Alemán. Apenas un puñado de empresas tenían bajo su control cerca del 80% de la industria no energética del país. Casi 50 años después, las cosas han cambiado, estamos seguros de que muchísimo, para peor.

A nivel social, nuestros padres y abuelos, podrán confirmar que en esos años, había una santa trinidad, cuyo dogma era impronunciable: El presidente de la República, el Ejército y el PRI. Y con esta tríada de innombrables, la censura era como la siguen conociendo hoy muchos periodistas.

¿Y los estudiantes? Igual que hoy somos tan tomados en cuenta, muy bien gracias; tal efervescencia, solo necesitaba un chispazo para que las condiciones objetivas y subjetivas de irritación de clase, resultaran no en actos violentos sino en una serie de protestas civiles, cuyo lujo no se podía permitir un hombre de la altura de Díaz Ordaz, bajo el auspicio del ajonjolí blanco de todos los moles, la CIA y sus múltiples herramientas, que no sólo se cristalizaban en los conocidos aparatos de represión de cualquier estado capitalista, sino también en el uso de mercenarios de guante y manga blancos, tan blancos como cualquier detergente que se necesita para limpiar las bermejas manchas de naturaleza estudiantil, obrera, campesina y cualquier otro agregado por absurdo y ajeno que resultara, todo parecido con una limpieza de símil fascista no es más que una calamidad y poco seria coincidencia, tan casual como despreciable.

Reflejado todo esto igual que hoy en particulares pasajes documentados en el AGN, donde se da cuenta de una relación de espionaje, literalmente hacia “niños involucrados en mítines durante el 68”, rayando el la paranoia, misma que este reciente 15 de septiembre toma presa a quien haya mandado violar los derechos humanos y la integridad de los menores revisados minuciosamente por parte de elementos de las fuerzas del orden en el zócalo capitalino.

Alguien dijo que la historia se repite a veces como tragedia y otras como farsa.

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