Las modificaciones al “Hoy no circula” y el oportunismo

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Carlos López

La semana pasada se aprobaron modificaciones al programa “Hoy no circula”. Desde el 1 de julio, los automóviles con más de nueve años de antigüedad descansarán obligatoriamente dos sábados al mes, además de los días obligatorios entre semana según sea el caso. La medida ha despertado la indignación de amplios sectores en la Ciudad de México, por considerar que beneficia directamente a las armadoras, agencias e instituciones financieras, al condicionar el uso del automóvil a la propiedad de un modelo de factura reciente bajo un argumento con “tintes ecológicos”. En efecto, las modificaciones al “Hoy no circula” son profundamente clasistas y, detrás de las cifras sobre la disminución en la emisión de precursores de ozono y partículas finas que esgrimen las autoridades, se puede observar de manera muy clara para quién trabaja el gobierno del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la capital del país y en todas partes.

Por su lado, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), máximo dirigente del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), ha llamado en su cuenta de Twitter “a quién corresponda” para que “revoquen” la medida. “Dejen de golpear la economía popular. La gente no aguanta más”, dice el político tabasqueño en su exhorto de 140 caracteres. Lo que olvida AMLO de forma conveniente, oportunista, es que a quien le corresponde revocar las modificaciones al “Hoy no circula” llegó al gobierno capitalino gracias a sus negociaciones con la cúpula perredista para librar el camino a la candidatura presidencial de 2012. Lo que olvida el oportunista Andrés Manuel es que los trabajadores tienen memoria, y que ya no engaña a nadie con sus peroratas en “defensa” de “los más pobres”.

López Obrador no se ha cansado de señalar, cada vez que puede, que Miguel Ángel Mancera es su amigo y que está haciendo un “buen trabajo” en la jefatura de gobierno del DF. La posición de AMLO brilla por su cinismo, y nos permite identificar de modo preciso lo que él considera un “buen trabajo”: aumentar la tarifa del metro, solapar la corrupción de altos funcionarios y de las empresas constructoras en la línea 12, enviar a los granaderos a reprimir cualquier intento de protesta social, detener arbitrariamente a manifestantes sin ninguna garantía al “debido proceso”, mantener presos a luchadores sociales sin justificación alguna, erradicar el comercio ambulante y semifijo, intentar despojar a las comunidades como San Bartolo Ameyalco de sus recursos naturales, instalar parquímetros a discreción, pasando por encima de la voluntad de los vecinos, aplicar la “Reforma Educativa” en el Instituto de Educación Media Superior (IEMS) y lapidar los derechos laborales de los maestros, además de un largo etcétera.

En resumen, para AMLO hacer un buen trabajo significa implementar un programa de gobierno basado en la represión, la hostilidad contra los trabajadores y el respaldo de los ricos. Su patético discurso es un burdo disfraz de oveja que no alcanza para tapar al lobo. Detrás de su “lucha” contra la “Reforma Energética” y sus consultas, detrás de la construcción de MORENA como partido político electoral, se encuentra la firme intención de mantener a raya al pueblo trabajador con toletes y escudos, además de tirarle una cuantas migajas del capital a través de programas sociales. López Obrador y sus amigos son la mejor muestra del oportunismo más vil y amenazante.

Los trabajadores, lejos de concentrar su energía en librar batallas que nos les pertenecen, deben reconstruir su fuerza organizativa e impulsar un proyecto político propio, perfectamente diferenciado de cualquier expresión política que se llame a sí misma de izquierda sin ser anticapitalista, antiimperialista e internacionalista. Los trabajadores, los productores de la riqueza, son el único sujeto capaz de cambiar en principio la realidad política y económica de este país, si logran establecer una alianza firme con los sectores más pobres del campo y la ciudad, y si se deciden a combatir las posiciones oportunistas, conciliadoras, que buscan mantenerlos sometidos al dominio del capital. Si alguna vez alguien pensó que López Obrador y MORENA representaban una “alternativa” para mejorar las condiciones de vida del pueblo trabajador, la herencia de su paso por el gobierno del DF ha dejado claro que ese alguien estaba profundamente engañado; si después de todo lo sigue pensando, es que vive en un mundo de fantasía en el que no existe confrontación alguna entre burgueses y trabajadores. Cuando logre darse de cuenta de su equivocación, habrá dado un paso importante en la lucha por la libertad y en la construcción de un proyecto histórico donde el pleno desarrollo de cada uno implique el pleno desarrollo de todos los demás.

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