Urgente, combatir la reforma educativa desde una posición clasista

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Xenia Hernández

El jueves 15 de mayo, con motivo del día del maestro,  fuimos testigos de una mega marcha en la Ciudad de Oaxaca, con la participación de miles de  profesores pertenecientes  a las siete regiones del estado. La acción se realizó de manera simultánea a la marcha que se llevó a cabo en el Distrito Federal, de la Escuela Normal a Gobernación.

La finalidad de la movilización era exigir al Estado mexicano el cumplimiento del pliego petitorio de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que entre otras cosas demanda la abrogación de las modificaciones realizadas a los artículos 3 y 73 de la Constitución, porque, “vulnera la educación pública y atenta contra los derechos laborales” de los educadores del país.

Las reformas a aprobadas por el PRI, PAN y PRD  no establecen  una propuesta pedagógica para mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes del nivel básico y medio superior; más bien merman los derechos de los trabajadores violentando su contrato colectivo, ya que ahora los profesores formarán parte del Servicio Profesional Docente y la permanencia en el trabajo estará determinada por una evaluación. De esta forma, se perderá el derecho a la estabilidad laboral y el sindicato será reducido a mero observador del proceso de evaluación, asignación y reasignación de plazas.

La función principal del sindicato es resguardar los derechos de los trabajadores, pelear por los intereses de sus agremiados, defenderlos de los abusos que comete el patrón y luchar por mejores condiciones laborales. Sin embargo, en el magisterio esto último sólo  ha sido posible a nivel local a través de la movilización y la presión política que impulsan las secciones disidentes o democráticas, que no están conformes con la  política entreguista de la dirigencia charra del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), ni con el irrisorio aumento salarial de 3.5 % anual. Ahora, con la reforma educativa, el Gobierno Federal concentrará el pago de la nómina de los profesores y el SNTE será el único interlocutor reconocido por la Secretaría de Educación Pública (SEP) para negociar las condiciones laborales del gremio, así como la apertura de nuevas plazas.

Lo anterior deja por completo fuera de la jugada a las secciones disidentes del sindicato y descobija a otros sectores como el de los normalistas quienes, apoyados a nivel local por el magisterio, presionaban conjuntamente para la creación de nuevas plazas o la asignación de recursos presupuestarios para las escuelas normales. Ahora el sindicato está amarrado de las manos ante la negativa de las autoridades locales para asignar las plazas faltantes y demandar  empleo para miles de estudiantes que egresan cada año de este sistema.

Es importante señalar que el grado en el que inciden las diferentes secciones del sindicato en los asuntos administrativos y políticos a nivel local es diferenciado.  Lo anterior se debe al complejo proceso de descentralización implementado por la SEP desde 1992, por el cual las secciones sindicales con líderes estrechamente vinculados al gobierno en turno, están acostumbrados a que las condiciones laborales se acuerden de antemano con la administración federal. En dichas secciones hay una total subordinación respecto al incremento salarial y a las políticas educativas que impone la SEP, y la oposición a la reforma educativa en algunos estados es pequeña o poco significativa. Por su parte, las secciones disidentes como Chiapas, Oaxaca, Michoacán, D.F. y Guerrero, han logrado articular una defensa más amplia y están tratando de hacer llegar información a otras secciones sindicales sobre la pérdida de derechos que la reforma trae consigo; también han tratado de incorporar la inconformidad del pueblo a través de alianzas con otros movimientos y organizaciones políticas o sociales.

Sin embargo, esta estrategia no ha sido suficiente para detener la aplicación de la reforma;  después de 30 años de aprovechar la descentralización administrativa para el avance en las condiciones laborales de los maestros, la estrategia de lucha llegó a su límite, no sin antes evidenciar la podredumbre que tuvo que sortear, y que en muchas ocasiones no logró hacerlo, pues hay que reconocer que en estos años, muchas de las negociaciones se han realizado de forma poco clara, se abandonaron muchas demandas de carácter político a cambio de la firma de una minuta, y se renunció, en algunos casos casi por completo, a la formación política de los agremiados. El compadrazgo y demás prácticas también alejaron a las bases del sindicato y han debilitado el liderazgo  y credibilidad de las direcciones.

Por su parte las organizaciones políticas que se encuentran alrededor del magisterio tampoco salen muy bien libradas de este proceso de deterioro. En lugar de hacer el trabajo de incidir en las bases, de orientar con la teoría hacia una postura más combativa y clasista al interior de éstas, se han dedicado a maquillar los discursos de las direcciones para que estos suenen incendiarios o revolucionarios. Hoy, en Oaxaca, se vive un clima enrarecido: por un lado se escuchan voces de las organizaciones que intentan presionar a la dirección política del magisterio para que asuma posiciones más radicales en la lucha contra la reforma, mientras que, por otro lado, al interior del sindicato se escucha que las organizaciones están  negociando con el gobierno la estabilidad para el estado.

¿La rumorología es ó será una estrategia del Estado para dividir al movimiento? Es muy probable, pero, ¿cómo dejar de lado los rumores para avanzar, cuando los líderes de ambas partes han mostrado en diferentes momentos ser poco confiables? Hay que ser  críticos del proceso y decirlo fuerte y claro: muchas organizaciones políticas han utilizado su influencia en el movimiento magisterial de manera oportunista, y hoy nos toca reconocer que el estado actual del movimiento sindical en parte es responsabilidad nuestra, de todos los que hemos dejado de organizar a los trabajadores de base, de aquellos que han olvidado de impulsar la vida democrática y las posiciones clasistas frente a los conflictos.

El llamado es a analizar las experiencias sindicales para no repetir los errores, el propósito es aprender que en el camino de la revolución verdadera no hay atajos y que si los hay cuestan mucho y no son seguros. Mejor avanzar poco a poco, con paso firme.

Lo que el movimiento comunista no ha hecho en 30 años no podrá recuperarlo en dos o tres. No dejemos de hacer lo que nos toca: avanzar en la formación de la conciencia política, fortalecernos como trabajadores, dar la batalla a lo interno y a lo externo del centro de trabajo, denunciar las corruptelas o prácticas lacerantes de la vida sindical. No podemos esperar que la conciencia de clase emane de los trabajadores sólo por el hecho de ser trabajadores: ese es nuestro trabajo.

Que nadie nos venga a decir que nuestra táctica de lucha es equivocada porque desafortunadamente, para el pueblo trabajador, hasta ahora ninguna organización política ha mostrado que la suya es la correcta. Adelante, y como dice Alí Primera: “Dale, que la marcha es lenta, pero sigue siendo marcha”.

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