Dos errores en la lectura de la realidad mexicana actual

mir mexico

Ponencia presentada por el PCdeM en el homenaje al camarada Fabricio Gómez Souza, militante del MIR, celebrado el 17 de mayo de 2014 en la ciudad de Morelia, Michoacán.

La Revolución socialista no brota de una simple agudización de las condiciones objetivas de explotación y ningún movimiento social surgido fuera de la parte más avanzada del proletariado tomará espontáneamente un rumbo revolucionario: estas son dos premisas que en el México de hoy nos toca enfrentar y que todos los comunistas tenemos que entender profundamente.

En los últimos años, se han agravado muchas de las llamadas clásicamente condiciones objetivas: la precarización del trabajo se multiplica, el despojo de la tierra a los campesinos se concreta, la destrucción de la vida comunitaria en los pueblos indígenas se profundiza. Tanto en los hechos como en las leyes, el capitalismo da pasos significativos para recuperar lo que en otro tiempo tuvo que conceder por la presión popular. En tan sólo dos años, el Congreso logró legalizar la reforma laboral, la energética y la educativa, mismas que eran consideradas en algún momento como conquistas irreversibles.

Como resultado de todo esto, la pobreza en el campo y en los centros urbanos es más grande. Sin embargo ello no ha generado en la mayoría de los casos una respuesta combativa y mucho menos revolucionaria. Es cierto que algunos sectores de trabajadores, de campesinos y de estudiantes han mostrado su inconformidad, pero estos brotes se han encontrado concentrados principalmente en los estados del centro-occidente y sur del país, mientras que en otras ciudades importantes, de significativa actividad obrera como Guadalajara, León, Monterrey, Tijuana o Ciudad Juárez, la respuesta política ha sido mínima.

Es cierto también que cada una de las llamadas reformas estructurales ha enfrentado una cierta oposición, sin embargo ha sido de forma tibia y limitada. La oposición a la aplicación de dichas reformas ha sido prácticamente simbólica, tanto por la falta de vocación combativa de quien convoca a manifestarse, como por la ausencia de sectores clave en las protestas y las respuestas infantiles de quienes pretenden ser más combativos. Finalmente también y esto es es importante reconocerlo esto ha sucedido porque las organizaciones que pretendemos aportar la conciencia de clase y el programa revolucionario hemos sido incapaces de penetrar masivamente en la conciencia de los explotados.

Al respecto, nosotros hemos identificado dos errores importantes en la lectura de esta realidad al interior de la llamada “izquierda revolucionaria”, entendiendo por ella a las organizaciones que reivindican una posición anticapitalista:

– 1.- Festejar el agravamiento de las condiciones objetivas: Existen organizaciones que llevan años festejando la “crisis del capitalismo”, suponiendo que por este simple hecho las contradicciones llevarán a los trabajadores y masas explotadas a tomar el camino de la rebelión anticapitalista. Esta suposición no corresponde con la realidad. Esa pauperización de la población mexicana ha alimentado más bien fenómenos como el reclutamiento de sicarios, el crecimiento de sectas religiosas, la emigración y el fortalecimiento de la economía delincuencial, antes que la actividad revolucionaria. Además, las crisis son recurrentes en el desarrollo del capitalismo y muchas veces arrojan como resultado un recrudecimiento de medidas anti-laborales que no siempre ocasionan como respuesta una rebelión obrera.
– 2.- Pensar que alguno de los movimientos que surgen para oponerse a alguna de las ofensivas patronales en cuestión, madurará en el corto plazo y se convertirá espontáneamente en un movimiento revolucionario. Esto, sin embargo, es poco probable puesto que, tal como advertía Lenin, este tipo de movimientos se caracterizan principalmente por su carácter espontáneo y economicista. Y aun cuando pueda influirse positivamente en su desarrollo político, esto difícilmente se tornaría revolucionario en unos cuantos meses. Esta suposición es aún más errónea cuando suponemos que un movimiento u organización que ya tiene una posición política claramente definida por ejemplo, la defensa del interés de la pequeña burguesía o meras modificaciones al Estado capitalista para “mejorarlo” por ser atacado por posiciones más conservadoras y reaccionarias, se tornará revolucionario en algún momento. Esto no sólo no sucede sino que provoca que se destinen esfuerzos a fortalecer indirectamente al Estado, en lugar de fortalecer las organizaciones de la clase proletaria.

Ambas tendencias, a nuestro juicio erróneas, son prolíficas por dos tipos de razones. La primera, porque existen organizaciones que simulan deliberadamente defender posiciones revolucionarias para atraer el respaldo y simpatía de sectores combativos del proletariado y de las capas populares, con el fin de engañarlos, mantenerlos en su esfera de influencia y colocarse en una posición idónea para fungir como intermediarios ante el Estado (obteniendo de paso un provecho personal o, en el menor de los casos, gremial a través de negociaciones poco claras con las autoridades patronales y estatales).

La segunda aplicable a revolucionarios de buena fe es que, aun queriendo honestamente que caiga el régimen capitalista, se imaginan formas de evitar pasos indispensables para lograrlo y suponen que, tal vez en un golpe de suerte, la burguesía, ya sea por reaccionaria o por democrática, nos ahorre el trabajo a través de su torpeza o bien de su evolución progresista.

Según nuestra apreciación de la historia del comunismo en México, la mayoría de las organizaciones y partidos que reivindican dicha tradición, han cometido sistemáticamente ese par de errores y han confiado demasiado en que el trabajo subjetivo es prescindible por la evolución objetiva de la explotación. Ha habido desde quienes pensaron que Lázaro y después Cuauhtémoc Cárdenas abrazarían la causa comunista, o quienes pensaron que el pueblo de México estaba a punto de llegar al colmo de su paciencia y sólo le haría falta el estímulo de un pequeño foco guerrillero para lanzarse a la guerra contra el capital.

La situación es más grave porque, en los últimos años, se ha ido perdiendo la tradición organizativa revolucionaria y se ha presentado una ruptura generacional entre las viejas organizaciones revolucionarias y las nuevas. Dicho panorama desalienta y es difícil resistir el impacto psicológico de quien mira el edificio derrumbado y piensa que jamás podrá remover los escombros y levantarlo de nuevo. El problema es que la izquierda revolucionaria, en lugar de arremangarse y comenzar a remover los escombros, se la ha pasado años mirando el edificio derrumbado e imaginando formas fantasiosas de evitarse el trabajo de reconstruirlo con sus propias manos; el resultado es que el edificio sigue derrumbado y no hemos avanzado mucho en su reconstrucción.

Apegándonos a los aportes de Lenin, nosotros pensamos que ni el movimiento obrero ni mucho menos otras expresiones del movimiento social, tomarán un rumbo revolucionario de manera espontánea; por el contrario, para que eso ocurra, es necesario que cuadros preparados política e ideológicamente, insertos de manera congruente en el seno del movimiento obrero y popular, irradien la conciencia de clase y orienten el camino hacia la revolución socialista. Pero este proceso habrá de ser con los trabajadores de base y no con los charros, con los campesinos y no con los caciques, con los estudiantes y no con las autoridades universitarias. Algunos tal vez se dirán: “Sí, pero eso está muy difícil”. Y nosotros respondemos: “Así es, sin embargo pensamos que es mejor seguir un camino difícil pero con un rumbo claro, que buscar un camino fácil pero fantasioso”. Siguiendo con la metáfora anterior, pensamos que, por muy difícil que sea, debemos arremangarnos y remover piedra por piedra en lugar de seguir mirando estupefactos lo que se ha derrumbado para seguir fantaseando con un golpe de suerte que nos evitará todo el trabajo.

Compañeros:

Si nosotros viéramos que existe un camino claro y fácil, con toda sinceridad, créannos que lo tomaríamos sin pensarlo dos veces. No es que nos guste lo difícil. Es que, más bien, como marxistas, tenemos un firme apego a lo real y una cultivada desconfianza por las fantasías sin fundamento.

Nosotros, como Partido Comunista de México (PCdeM), desde el momento de nuestra fundación, simplemente decidimos comenzar a remover escombro por escombro y a levantar piedra por piedra. Sabemos que necesitamos muchas más personas para cumplir con el objetivo y por supuesto queremos sumar esfuerzos con aquellos que compartan nuestros propósitos, pero somos firmes y estamos decididos a no abandonar nuestra tarea por la falsa esperanza de que la burguesía liberal y democrática evolucionará hacia las posiciones comunistas.
El camino es largo y hemos empezado a caminar, poco está escrito y sin embargo hay mucho por escribir.
Atentamente
¡Por la revolución y el futuro comunista!
¡Proletarios de todos los países, uníos!
Partido Comunista de México
PCdeM

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