Autodefensas michoacanas después del 10 de mayo: el fin de un capítulo

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Andrés Avila Armella

Se ha cumplido el plazo que el gobierno federal había señalado para que los llamados grupos de autodefensa en Michoacán se regularizaran legalmente, ya sea incorporándose a alguna figura policiaca estatal, o bien, desistiéndose de seguir fungiendo como vigilantes ciudadanos y entregando las armas que hubiesen utilizado. La coyuntura esta vez está marcada por las siguientes situaciones:

1.- La mayoría de los dirigentes de las Autodefensas, medianos propietarios agrícolas, socios de la agroindustria y la exportación, han decidido que su lado es el Estado.
2.- Dos de los primeros dirigentes, e incluso los que en su momento fueron más visibles del movimiento, han sido sacados totalmente de la jugada: por un lado Hipólito Mora, quien ahora está en prisión, y por otro lado el Dr. Mireles, quien ha sido destituido como vocero del llamado Consejo General de Autodefensas y Guardias Comunitarios, y enfrenta acusaciones, en el plano mediático, por homicidio.
3.- Nace una policía y muere un movimiento. Sin embargo, la pregunta más interesante es: ¿Qué pasará con aquellos que participaron del movimiento y no se incorporaron como policías?
Un movimiento que cierra su ciclo

Es cierto que en la historia es difícil marcar puntos de inicio y de final, pues los acontecimientos siempre están ligados por aquellas fuerzas motrices de la historia. Sin embargo, en la caracterización concreta de las coyunturas y de los actores políticos sí es muy importante saber distinguir dichos puntos, dejando que, por otra parte, el análisis estructural y de largo plazo cumpla con sus principales tendencias. En este caso, después del 10 de Mayo de 2014, no se podrá hablar más del Movimiento de las Autodefensas Michoacanas, cuando menos no de la misma forma en que se venía haciendo. A partir de ahora, tendremos que dejar esa historia en su lugar y hablar en lo sucesivo de los nuevos actores que han brotado y brotarán de ese movimiento que ha cerrado una página. Esto aplica independientemente de su posición en la lucha de clases, la cual cada subgrupo definirá.

Cuando analizábamos la coyuntura en el pasado invierno, decíamos que de ella aún no se podían derivar conclusiones totalizantes, que en aquel momento sólo confundían un panorama de por sí enredado. En aquel momento, el movimiento de las llamadas autodefensas alcanzaba su cenit. Su poder de fuego era grande, su legitimidad pública era amplia, y estaban logrando lo que nadie parecía poder o querer hacer: desarticular a una de las organizaciones criminales más famosas del país.

Advertíamos entonces que la composición del movimiento era pluriclasista, y que la dirigencia tendía hacia los medianos y pequeños propietarios; por tanto, el movimiento estaba amalgamado de una forma tan inestable que su unidad no duraría mucho, pues ese carácter pluriclasista encerraba contradicciones que se revelarían en una futura coyuntura.

Cuando el aparato represivo del Estado intervino directamente a través de Ejército, Marina y Policía Federal, los grupos articulados en el Consejo General de Autodefensas y Guardias Comunitarias de Michoacán, no parecían requerir su apoyo para culminar su principal misión. Sin embargo, dichas corporaciones, cuya legitimidad está por los suelos, parecían ávidas de un poco de la legitimidad que sí tenía aquel Consejo; además, dicha intervención les facilitaría tener información más precisa sobre los movimientos a realizar, y por tanto, seguramente alcanzaron a prevenir a determinados contactos y actores clave, para modificar su posición.

El Gobierno Federal, no permitió que el Consejo concluyera con la captura o ejecución de sus principales blancos, y alcanzó a tomarse la foto para presumirlos como aciertos propios. Pero además, el gobierno federal logró ganar tiempo para operar como indica el manual en estos casos: se acercó de manera diferenciada a los distintos protagonistas del movimiento, estudió sus contradicciones internas y potenció el rompimiento. Como suele ocurrir, eligió como sus interlocutores más seguros a los medianos propietarios de capital, con quienes habla un lenguaje común de dinero, ventajas y negocios, marginando a la vez a aquellos personajes que le resultaron incómodos, o bien, a quienes se negaron a entregar el movimiento a la conducción estatal.

Hombres como Mora y Mireles habían sido los indicados para dirigir los combates, pues contaban con una especie de atracción popular y parecían contagiar de ánimos a los enlistados. Hombres como Mireles, y como otros protagonistas de significativa importancia local, aunque de menor impacto mediático, recibieron el interesado apoyo de quienes sólo pueden atraer combatientes a su lado bajo sueldo, pues sabían que ellos directamente no podían ocupar ese papel moral. Sin embargo, el objetivo de ese tipo de propietario agrícola-comercial es vender: lo más caro posible y en las mejores condiciones posibles; y por supuesto, no les interesa prolongar un conflicto que desde su punto de vista ya está resuelto. Y entonces, aún cuando habían apoyado a los “guerreros del pueblo”, ahora se limitan a sugerirles el retiro voluntario, la confianza en las autoridades, o bien la subordinación. Si alguien no acepta, podrá atenerse a las consecuencias acostumbradas, que van desde la exclusión, la represión, hasta la traición.
De ahora en adelante, los miembros de un movimiento que fue amplio, espontáneo y con un objetivo central, se hallan parados en posiciones contradictorias, derivadas en lo fundamental del papel que ocupan en la sociedad capitalista. Difícilmente se les verá juntos otra vez, y es muy probable que las fricciones entre ellos aumenten. Ahora, quien quiera darle un curso a esta historia, habrá de nombrarse de una forma que refleje una posición política más específica. Los leales al Estado ya lo hicieron.

Las nuevas guardias y policías

A estas alturas, los voceros del aparato represivo del Estado mexicano, no terminan de definir de manera homogénea a qué tipo de corporación se ha dado origen, aunque se mencionan con más frecuencia la Guardia Rural y la Policía Municipal, así como una nueva llamada “Fuerza rural Estatal”. No hay mucha novedad, son dos figuras existentes cuyos objetivos son claros: los objetivos de Estado. Las guardias rurales pertenecen al organigrama del Ejército Mexicano, lo cual indica que sólo pueden operar bajo las órdenes de mandos militares, dentro del territorio que les sea asignado, y siempre bajo la supervisión y dirección militar. Dado que en este caso, a diferencia de cuando las promovió el presidente Gral. Lázaro Cárdenas, no está en curso la Reforma Agraria y no es muy candente el peligro de que los grupos paramilitares organizados por la Iglesia Católica estén planeando sabotear la instauración del Ejido, básicamente estaríamos ante una policía barata con pocas atribuciones, bajo mando militar, que poco podría hacer contra mafias que mueven capital a través de las fronteras.

La Policía Municipal es aún más limitada. En este caso no habría ni siquiera un cambio institucional, simplemente se estará reemplazando un personal policiaco por otro, el cual estará bajo las órdenes de los mismos funcionarios a quienes tan solo hace unos meses se denunciaba como operadores de los “Caballeros Templarios”.

Por su parte, la nueva corporación, llamada Fuerza Rural Estatal, según se anuncia, estará subordinada al gobierno estatal de Michoacán, a quien las Autodefensas habían acusado cotidianamente de ser un “narco-gobierno”.
Lo importante a destacar es que cuando el movimiento operado por el Consejo de Grupos de Autodefensas y Guardias Comunitarias, alcanzó mayores logros, fue cuando no tenía mando Estatal, y por lo tanto tenía mayor movilidad a través de los municipios y jurisdicciones estatales. Ni la Guardia Rural ni las Policías municipales pueden operar de ese modo, de tal forma que poco podrán hacer en contra de grupos de contrabandistas que mueven capital a través de las fronteras, y sin embargo, seguramente estos grupos estarán en condiciones de renegociar algunos tratos con ellos.

Lo que está por venir

Algunos podrán quizá preguntarse: ¿Por qué no se pudo rebasar a la dirección de este movimiento?, ¿por qué no trascendió de manera inmediata a otro plano de lucha? Aunque la situación es compleja, podemos responder ahora de manera simple señalando dos cosas: 1. Porque revertir dichas tendencias es muy difícil y se requiere una dirección alterna, capaz de disputar la capacidad de orientar la generalidad de un movimiento; 2. Porque en el caso de una parte del movimiento, subsiste un antagonismo de clase que no puede ser resuelto por un simple movimiento coyuntural.

Está claro que el negocio del narcotráfico y del contrabando en general, pueden desechar y generar nuevos operadores. Por ello no es tan raro que se haya ejecutado al supuesto fundador y líder de lo que primero se llamó “La Familia Michoacana”, y después “Los Caballeros Templarios”; o bien que se haya capturado a quien fuera el Secretario de Gobierno de Michoacán y por unos meses su Gobernador, Jesús Reyna García, de quien cada michoacano sabía con más o menos detalles su participación en ese negocio. Por el contrario, desechar figuras mediáticas del crimen y de la política, le sirve al Estado para aparentar legitimidad, mientras busca formas y personas más eficientes para darle curso a sus jugosos negocios.

Por lo tanto, difícilmente estamos ante un escenario en el cual podamos predecir la disminución del contrabando en Michoacán, la tendencia a esta actividad está motivada por la propia dinámica de la acumulación capitalista, y no se solucionará de este modo.

¿Esto significa que quienes se esforzaron honestamente en este movimiento lo hicieron en vano? De ninguna manera Yo destacaría principalmente los siguientes logros:

1. Se le indicó a las empresas ilegales que el pueblo puede poner también sus límites y que determinados abusos pueden resultarles muy caros. Esto no acabará el problema de fondo, pero de momento podrá salvar algunas vidas y evitar algunos excesos.
2. Se le dio al pueblo de México una muestra muy interesante de las cosas que se pueden lograr cuando se está organizado y decidido, cuando se vence el miedo y se enfrenta de manera directa y cabal a quienes se presentan como intocables e invencibles. Esa fue la señal que el Estado mexicano vio con alarma y la que seguramente querrá opacar.
3. En la historia, la experiencia no es poca cosa: contribuye al desarrollo político de las clases explotadas y nos permite renovar ideas, tácticas, técnicas de lucha y consolidar algún aprendizaje colectivo. Quienes participaron de manera honesta en dicho movimiento, ahora cuentan con más experiencia, ahora saben lo que antes no sabían y su potencial ahora es mayor que cuando esta lucha comenzó. Tal vez pasará tiempo antes de que volvamos a saber de algunos de ellos, tal vez unos meses o tal vez unos años, pero la historia no puede borrarse desde los canales de televisión. El principal reto que tienen ahora es convertir esa experiencia en mayor eficacia de lucha y resistir ante la descomposición social y las fuerzas que tratarán de anularlos políticamente.

Por otra parte, es claro que este problema seguirá en México, pues como ya señalé, tiene hondas raíces en el proceso de acumulación capitalista. Todavía correrá mucha sangre y muchas injusticias se cometerán, pero por ahora creo que es importante decir que ni el Estado, ni las organizaciones empresariales de contrabandistas, ni el pueblo, podrán olvidar por buen tiempo este capítulo que duró más o menos un año y que se llamó “Las Autodefensas de Michoacán”. Cada quién habrá de tomar sus cartas en el asunto y la historia seguirá su curso.

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