El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), otra embestida de los monopolios contra los trabajadores

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Ximena Franco

 ¿Qué es el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP)?

El Acuerdo de Asociación Transpacífico, TPP, por sus siglas en inglés, se autodefine como una “plataforma de integración económica”. En vigencia desde el 2006, lo que pretende es la completa liberalización de los mercados (eliminación de aranceles, barreras comerciales y limitación de regulaciones estatales) de los países que lo integran. Nuevos países se han ido incorporando al Acuerdo, que se encuentra por ese motivo en fase de renegociación. Hasta el momento lo integran 12 países (EEUU, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelandia, Perú, Singapur, Vietnam y Japón), unos como miembros ya firmantes y otros, como México y EEUU, en calidad de miembros en proceso de negociación que esperan establecer acuerdos para entrar definitivamente al TPP. En conjunto, estos 12 países sumarían 620 millones de personas y el 35% de la producción mundial.

Fue el gobierno panista de Felipe Calderón quien se aprestó a integrar a México al TPP como miembro en fase de negociación desde hace dos años. Así que desde octubre del 2012, nuestro país participa, como miembro del Acuerdo, en las rondas de negociaciones que actualmente se encuentran ultimando los detalles del tratado. Del 12 al 16 de enero del 2014, Puerto Vallarta, México, fue sede de una ronda de negociaciones del TPP, y el 19 de febrero del 2014, en Toluca, Estado de México, tendrá lugar una nueva ronda de negociaciones, en el marco de la visita del presidente de EEUU, Barak Obama, a nuestro país.

Se sabe que este tratado internacional es impulsado desde Washington, centro de operaciones políticas y económicas del capitalismo monopólico imperialista. No debe sorprender que fuentes periodísticas señalen además que la organización empresarial Council of the Americas /Americas Society, con sede en Nueva York, tuvo un papel predominante en la conformación y promoción del TPP (www.noticiaspia.org 18/01/14), ni tampoco que esta organización precisamente agrupe diversos monopolios, entre ellos la Barrick Gold (minera), Chevron (petrolera) y Monsanto (agroindustrial). La actual visita del presidente de EEUU a nuestro país lleva como parte de su agenda impulsar las negociaciones con Enrique Peña Nieto para que México se apreste a cerrar las negociaciones del TPP.

El acuerdo tiene una clara tendencia a impulsar lo que los economistas burgueses llaman la “competitividad”, especialmente entre los estados imperialistas de alto desarrollo capitalista en occidente o pro-occidentales (como EEUU y Japón), contra los estados imperialistas o de “nuevas economías emergentes”, como los estados agrupados en el BRICS  (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Así, este nuevo Acuerdo es parte de una guerra económica inter-imperialista por la conquista de nuevos mercados y por el acaparamiento del mercado mundial en todos sus sectores.

¿Qué se está negociando en el TPP?

Tanto en México como en la mayoría de los países integrantes del Acuerdo, el contenido del mismo permanece en secreto para la población, y los detalles del tratado se están ultimando a puerta cerrada entre los funcionarios de los gobiernos y los agentes de empresas trasnacionales. Sin embargo, desde hace al menos dos años diversas organizaciones mediáticas (como Wikileaks) han logrado filtrar información sobre el contenido de algunos capítulos del Acuerdo, por lo que conocemos algunos de los asuntos que se negocian en el TPP:

El gobierno de Washington presiona en las negociaciones para lograr que los países miembros acepten ampliar por 12 años la protección de la vigencia de patentes. En algunos países como México, estos 12 años podrían convertirse en 37, pues se sumarían a los años que ya de por sí se dan de ventaja en este país a las empresas privadas para proteger, por ejemplo, sus patentes farmacológicas. Así, con el fin de salvaguardar las ganancias de las trasnacionales farmacéuticas y así continuar “incentivando” la inversión para la investigación médica, en el TPP se negocia que los emporios farmacéuticos tengan la prerrogativa para producir y vender los medicamentos y vacunas que producen en sus laboratorios. Esto significa que durante muchos años las fórmulas patentadas por dichas empresas no podrán ser reproducidas ni comercializadas por los estados para aminorar su costo, sino que tendrán que comprarse a esas trasnacionales a los precios que se fijen en el mercado de medicamentos. Para los trabajadores y los sectores populares esto significa, a su vez, la imposibilidad de tener acceso a medicamentos genéricos de bajo costo.

Por otro lado, se sabe –gracias a esas filtraciones periodísticas- que los países imperialistas del TPP negocian también cláusulas tendientes a aumentar el poder las empresas privadas frente a las legislaciones estatales respecto al control de pesticidas, medidas de protección ecológicas, seguridad alimentaria, regulaciones económicas y sanciones fiscales, entre otras . De ser firmadas, dichas medidas permitirían a las empresas privadas demandar a los estados ante tribunales internacionales por el entorpecimiento de sus negocios, o incluso por “daños” a sus intereses debidos a la aplicación “lesiva” de esas regulaciones o medidas de protección, lo que les permitiría recibir compensaciones millonarias, pagadas por esos mismos estados. Asimismo, EEUU presiona para que las “empresas estatales” no reciban subsidios u otras condiciones favorables para competir con las empresas privadas de capital trasnacional.

Otras de las cláusulas que se sabe que se negocian en el TPP tienen que ver con la “propiedad” intelectual. El Acuerdo prevé que sean las empresas proveedoras de servicios de internet las que tengan a su disposición los medios para “fiscalizar” los contenidos de la red (La Jornada, 15/11/13). Lo mismo que en caso de las patentes farmacológicas, lo que se pretende es proteger la “propiedad” intelectual de los grandes consorcios académicos, editoriales, de investigación entre otros, hasta por 70 años, lo que significa que durante este tiempo, el acceso a determinados contenidos estaría restringido (se cobraría por acceder a dicha información) por los “dueños” de dicho material.

¿Qué podemos esperar de la firma del Acuerdo de Asociación Transpacífico?

Para el Presidente Enrique Peña Nieto, así como para el Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villareal, el TPP es una inmejorable oportunidad para lograr el crecimiento económico y la generación de más y mejores empleos. Incluso el subsecretario de la SAGARPA, Jesús Aguilar Padilla, es tan optimista que sostiene que el Acuerdo será un instrumento “que coadyuvará a detonar la productividad y competitividad de los pequeños productores” (La Jornada, 20/01/14). Para el caso específico de México, el Secretario de Economía afirmó que en las negociaciones del TPP se buscará la compatibilidad con el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), lo que le proporciona a nuestro país una “ventaja”, pues ahora puede aproximarse a la firma de nuevos tratados comerciales con la experiencia acumulada de 20 años de TLCAN (eleconomista.com.mx, agosto 2013).

Pero parece que el flamante secretario Guajardo, junto con el resto de la camarilla de oligarcas que gobierna este país, “olvidan” cuáles han sido en realidad para los trabajadores y los campesinos pobres, para los pequeños productores y comerciantes, y en general para todos los sectores populares del país, las verdaderas bondades del TLCAN: una dependencia alimentaria del 42%, debido al aumento de las importaciones de granos y alimentos básicos que es un efecto de las condiciones desventajosas en que los pequeños y medianos productores mexicanos “compiten” con los monopolios nacionales y trasnacionales; 5 mil millones de dólares de déficit comercial agroalimentario; pérdida de más de 2 millones de empleos en el sector agropecuario; 2.3 millones de campesinos han emigrado a EEUU desde la firma del TLCAN; 5 millones de productores abandonaron el sector agropecuario; el predominio de aproximadamente 20 empresas privadas, en su mayoría extranjeras (Maseca, Bimbo, Cargill, Bachoco, Pilgrims Pride, Tysson, Nestlé, Lala, Sigma, Monsanto, Wall Mart, etc.), en el sector agroindustrial y de alimentos; más 20 millones de mexicanos viviendo en pobreza alimentaria; 25% de la población sin acceso a la canasta básica alimentaria; una quinta parte de los niños padeciendo malnutrición (datos de la ANEC, Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo).

Si, como afirma el Secretario de Economía, el TPP tiene la finalidad de ampliar y profundizar el TLCAN, podemos esperar, sin duda alguna, que este negro panorama se agudice, y que todos sus efectos recaigan, una vez más, sobre las espaldas de clase trabajadora de éste y los otros países que firmarán el Acuerdo. Por mencionar uno de los efectos del TPP, miembros de la ANEC y otras organizaciones campesinas señalan que de mantenerse la tendencia de apertura y desregulación comercial promovida por el TLCAN mediante la implementación de este nuevo Acuerdo, es posible que dentro de 15 años México deba importar el 80 por ciento de los alimentos que consume la población.

Como todos los acuerdos comerciales fraguados en las oficinas políticas del capitalismo, el TPP no es sino un instrumento que servirá para el fortalecimiento de los monopolios, nacionales o extranjeros, asegurándoles las condiciones más favorables para invertir sus capitales sin riesgo de pérdidas y con un ancho margen de ganancias.

En nuestro país, años de política económica burguesa vienen allanando el camino para que los monopolios encuentren un terreno fértil en el que puedan instalarse definitivamente para invertir a gusto y sin obstáculos, sus capitales. Por un lado, la reforma laboral en México les permitirá -ahora “legalmente”-, generar más empleos, sí, pero agudizando las condiciones de explotación del trabajo: pagando salarios de miseria y sin la menor consideración por los derechos laborales. Todo lo cual representa para los “inversionistas” un ahorro considerable y un plus al momento de dónde elegir el país en el que instalarán sus minas, fábricas, maquiladoras y demás empresas. Eso es a lo que el gobierno priista y sus economistas burgueses llaman hacer de México un país más “competitivo” y productivo. Por otro lado, los artículos constitucionales que antes impedían entregar (al menos en la letra) al sector privado los recursos “estratégicos”, fueron modificados con la recientemente aprobada reforma energética para que los capitales monopólicos puedan gestionar dichos recursos sin habérselas con engorrosos procesos de protección estatal. El propio Secretario de Economía ha dejado entrever, hace apenas unas semanas, que el posible que el sector energético del país quede regulado bajo las cláusulas establecidas por el TPP (eleconomista.com.mx, 02/02/14). Pero además, para profundizar las “ventajas” del  TLCAN y continuar aplicando las medidas económicas capitalistas que “liberan” las fuerzas anárquicas de la libre competencia y de libre mercado para beneficio de los mayores depredadores económicos, el gobierno de Peña Nieto ya alista una nueva reforma al campo, que aunada a la de 1992, terminará de afilar la cuchilla con la que habrá de guillotinarse definitivamente al campesinado mexicano.

Los trabajadores no debemos dejarnos engañar por las cínicas promesas de “bienestar económico” con las que pretenden vendernos la conveniencia de que México ingrese en un Acuerdo del tipo del TPP. Tampoco podemos creer a aquellos que insisten que lo que le falta a estos gobiernos es mayor capacidad para gestionar la economía capitalista y llevarla por buen camino, y que proponen el camino de la “cooperación económica” y la “internacionalización de nuestros productos” para impulsar el desarrollo económico.  No. Los trabajadores debemos tener claro que el capitalismo, con su lógica imparable de obtención de ganancia y acumulación de propiedad privada, se funda necesariamente en la explotación del trabajo, y no puede encontrarse un modo gestionarlo más “benignamente”. Con la posible firma de esta Acuerdo, el gobierno de Peña Nieto intenta hacer partícipe al pueblo trabajador  de una lucha inter-imperialista en la que, como en un gigantesco tablero de ajedrez, los trabajadores no seremos sino los peones que sacrificarán su vida por afianzarles la corona a unos cuantos monopolios, y a los estados imperialistas que representan sus intereses.

Es por eso que la lucha de los trabajadores y de todos los sectores populares por tener una vida digna pasa directamente por una lucha frontal contra los monopolios y contra todas las “políticas” burguesas, que hoy se expresen en tratados como el TPP. Esta lucha debe tener como objetivo final la liquidación del régimen económico capitalista burgués, y su suplantación por un régimen socialista, en el que todos los medios de la producción sean gestionados directamente por un gobierno conformado por los trabajadores y los demás sectores populares.

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