¿Por qué los comunistas no vamos al Congreso Popular?

INGRESAALASFILAS

Carlos López

El 5 de febrero de 1903, los integrantes del Partido Liberal Mexicano (PLM) extendieron una manta afuera de las oficinas del periódico “El hijo del Ahuizote” en la que se leía: “La Constitución ha muerto”. Con ese mismo título, Ricardo Flores Magón firmó el siguiente artículo:

Doloroso nos es causar al pueblo mexicano la merecida afrenta de lanzar esta frase a la publicidad: “La Constitución ha muerto…”

¿Pero por qué ocultar más la negra realidad?

¿Para qué ahogar en nuestra garganta, como cobardes cortesanos, el grito de nuestra franca opinión?

Cuando ha llegado un 5 de febrero más y encuentra entronizada la maldad y prostituido al ciudadano; cuando la Justicia ha sido arrojada de su templo por infames mercaderes y sobre la tumba de la Constitución se alza con cinismo una teocracia inaudita ¿para qué recibir esa fecha, digna de mejor pueblo, con hipócritas muestras de alegría?

La Constitución ha muerto, y al enlutar hoy el frontis de nuestras oficinas con esa frase fatídica, protestamos solemnemente contra los asesinos de ella, que como escarnio sangriento al pueblo que han vejado, celebren este día con muestras de regocijo y satisfacción.

Ciento once años después de este acontecimiento, que marca el inicio de la etapa más radical del magonismo, una cantidad considerable de intelectuales se ha organizado para llamar a la instalación de un “Congreso Popular”. Dicho Congreso contará con la participación de 2652 ciudadanos y sesionará en el Monumento a la Revolución de la capital del país este 5 de febrero. Sus objetivos son: “La votación de la iniciativa revocatoria de la reforma constitucional en materia energética promulgada por Enrique Peña Nieto el 20 de diciembre de 2013”, y plantear “acciones de resistencia civil pacífica a desarrollarse el día 18 de marzo de 2014”. La justificación de los intelectuales que convocan al Congreso es que “Frente a la traición y la corrupción de la clase política, la manipulación de los medios de comunicación dominantes y la avaricia de la oligarquía empresarial, urge construir desde abajo nuevas formas de ejercer y representar el poder popular”.

¿Por qué los comunistas no respaldamos esta iniciativa?

Quien eche un vistazo a las resoluciones de nuestra “Conferencia organizativa sobre la caracterización del Estado en México”, podrá darse cuenta que los comunistas sostenemos posiciones políticas e ideológicas muy distintas a las que defienden los convocantes al Congreso.

Para nosotros, no existe tal cosa como una “clase política”. Consideramos, más bien, que los políticos representan los intereses de una clase social en particular y que, en este momento, todos aquellos que pertenecen a partidos electorales, desde el PRI hasta MORENA, representan única y exclusivamente los intereses de la burguesía nacional y extranjera, de la “oligarquía empresarial”, como ellos la llaman. No hay, no existe en el “amplio” espectro de la “democracia” actual, una sola iniciativa política y organizativa que represente los intereses de los trabajadores. Existen, a lo mucho, algunos dirigentes sindicales pertenecientes a la aristocracia obrera que ocupan espacios en las cámaras de diputados y senadores, otros que aspiran a hacerlo y muchos más que consideran, de forma equivocada, que el sindicalismo sólo debe limitarse a pelear por demandas de carácter económico y no participar en política, o bien participar pero sólo a partir de amplias plataformas de conciliación y “unidad”.

En este sentido, estamos de acuerdo con lo que señala la convocatoria al Congreso: “urge construir desde abajo nuevas formas de ejercer y representar el poder popular”, pero estamos seguros que eso no sucederá dentro de los estrechos límites que impone la “democracia”. Esas nuevas formas de ejercicio y representación del poder del “pueblo”, concepto vago e impreciso, no pueden surgir replicando en la calle los mecanismos de ejercicio y representación del poder a través de los cuales se somete actualmente al “pueblo”. Menos aún cuando los únicos requisitos para participar en el Congreso y considerarse “representante popular” son: “1) Una firme convicción para defender tanto la patria como los derechos humanos y sociales enarbolados por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de los intereses antipopulares” y tener “plena disponibilidad de tiempo” para estar en el Congreso. Habría que preguntarse ¿a quién “representan” los hombres y mujeres que de buena voluntad, o confundidos por la prédica oportunista del “progresismo”, se inscribieron y participarán el 5 de febrero? La respuesta es muy sencilla: a nadie salvo a ellos mismos.

Urge construir desde abajo nuevas formas de ejercer y representar el poder popular, sí, pero no a través de la iniciativa individual, sino del esfuerzo colectivo de los trabajadores para organizarse, con un programa político propio, en sus centros de trabajo, en las escuelas, las colonias, barios, pueblos y comunidades. Urge construir desde abajo, pero no presentando como un “éxito” una convocatoria en redes sociales -lo cual ya implica por sí mismo un criterio excluyente-, que consigue agrupar a menos de 3000 participantes cuando, tan sólo en “Twitter”, existen cerca de 5 millones de usuarios. Urge construir desde abajo, pero a partir de posiciones marcadamente clasistas, y no haciendo llamados “plurales” e “incluyentes” a toda la “ciudadanía”.

Los comunistas no participamos en el Congreso porque en realidad es un proyecto de exclusión, hecho por las clases medias para las clases medias, que tiene límites muy pequeños para la participación política de sus asistentes: votar una “iniciativa revocatoria de la reforma constitucional en materia energética”, y plantear “acciones de resistencia civil pacífica” para el 18 de marzo. De antemano podemos decirles que su “iniciativa revocatoria” va a ser aprobada por una muy amplia mayoría, pero nos preguntamos: ¿cómo van a conseguir revocar la reforma energética a partir de su iniciativa, cuando las cámaras están ocupadas por la mayoría que la aprobó? Se podría pensar, entonces, que la “resistencia civil pacífica” aglutinará la fuerza suficiente para impulsar en las calles un proceso que encuentra cerradas todas las vías institucionales. Pero ¿qué tipo de acciones se pueden plantear?, ¿ponerle un “cerco” a PEMEX y golpear incansablemente las vallas de acero de la Policía Federal?, ¿hacer un plantón sobre Reforma?, ¿otra campaña de información dentro y fuera de las redes sociales?, ¿apagar la luz una hora?, ¿”boicotear” el consumo?, ¿dar vueltas alrededor del Ángel de la Independencia como en su momento lo hizo el PRD?, ¿llamar a otra marcha que ni siquiera puede llegar al Zócalo? Ni todas las iniciativas revocatorias, ni todas las acciones de resistencia de la “ciudadanía”, sobre todo si éstas se limitan a un día simbólico, podrán echar abajo una reforma que la burguesía impulsó y ganó por la fuerza.

Los comunistas no participamos en el Congreso Popular porque nos parece una patada de ahogado en el mar de la luchas de clases. Esto tiene todo el sello de MORENA, que hace unos meses estaba más preocupado en juntar la cantidad de asambleas necesarias para conseguir su registro como partido, que en defender un recurso natural estratégico para su proyecto político, es decir: para mantener la administración de la renta petrolera en manos del Estado y usarla como “palanca del desarrollo”, o en otra palabras: para favorecer a un grupo de empresarios que “generen empleo”, eufemismo favorito de los capitalistas para referirse al hecho de mantener la explotación.

Los comunistas no seremos cómplices de ninguna iniciativa inmediatista, ni de la falta de decisión de la pequeña burguesía, ni de la “independencia” política del oportunismo. El Congreso, terminará con grandes declaraciones de éxito y los ya conocidos fuegos artificiales de la “participación ciudadana” y la “democracia”, para mantener inmóvil al “pueblo” con falsas esperanzas y conducirlo, de nueva cuenta, a la desilusión política, y luego estigmatizarlo por su apatía, su indiferencia, su falta de compromiso y su capacidad para aguantar la injusticia.

Reiteramos, en cambio, nuestra disposición a avanzar con los trabajadores, construyendo una organización sólida, con un programa político propio. Invitamos a nuestros compañeros a formar comités de base en sus centros de trabajo, a impulsar la construcción de un sindicalismo de nuevo tipo, independiente, clasista y combativo. Estamos convencidos que los trabajadores son los únicos que pueden acabar definitivamente con el capitalismo y construir una nueva sociedad. Insistimos: este camino es más largo, más difícil, pero también es el único que puede garantizar la victoria final de la clase trabajadora en su conjunto, y los comunistas no vamos a abandonarlo.

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4 pensamientos en “¿Por qué los comunistas no vamos al Congreso Popular?

  1. muy buena la iniciativa de desmitificar propuestas que traen la sombra electoralista de la izquierda del capital.creo que aciertan en su analisis,otra vez,como nos conectamos con ustedes desde sinalos.a.postal no. 90 c.p. 81825 ,ciudad el fuerte,sinaloa.mandenme sus publicaciones ,no manchen….

  2. Pingback: ¿Por qué el PCdeM no van al #CongresoPopular? | El Hijo del Pueblo

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