Invierno caliente en Michoacán: ¿Quién puede predecir lo que sigue?

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Andrés Avila Armella

Algo que no se ve todos los días: la temporada invernal transcurrió en la Tierra Caliente de Michoacán[i] con un grupo fuertemente armado, compuesto por civiles, quienes identificando como enemigo a un grupo denominado “Los Caballeros Templarios”, combaten contra él en un escenario que no requiere más elementos para ser considerado una guerra civil. El reclutamiento es amplio, las armas circulan, la gente que participa practica tácticas militares, se toma una, dos, tres y más presidencias municipales, toma el control armado de cada vez extensiones más grandes del territorio michoacano, y posteriormente se dispone a avanzar hacia concentraciones de capital y fuerza de trabajo cada vez más grandes y significativas: se anunciaba que después de Tancítaro, Parácuaro y Nueva Italia, seguiría Apatzingán, y tal vez después Uruapan, Pátzcuaro e incluso se habló de Morelia[ii].

No, no es un juego y amerita toda nuestra atención.

Cada grupo político, académico y editorial tiene su agenda. De pronto consideran necesario hablar o analizar determinados temas en los cuales concentran su búsqueda de información y su emisión de opinión. Pero la realidad suele superarnos a todos y de pronto aparecen fenómenos que parecieran forzarnos a tomar una posición a bote pronto, aún en medio de mucha confusión, provocada, en parte, por la incapacidad de políticos, académicos y periodistas para saber olfatear oportunamente algunos problemas, o bien, para entenderlos en toda su dimensión.

No es que atender temas como la reforma energética o la lucha magisterial no fuera importante, sin duda es necesario estar bien informado sobre esos temas y también es necesario discutirlos, incluso, hace falta hacer mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora para dar esas luchas. Por otra parte, aún las organizaciones de izquierda solemos caer en la tentación de agendar entre nuestros temas los asuntos más por su impacto periodístico, que por las implicaciones políticas profundas que puedan acarrear. A veces, incluso las dirigencias sindicales y de algunos movimientos, suelen sentirse más atraídos aquellas noticias que hablan acerca de la falta de ortografía de un funcionario, o del vestido que usó la primera dama. El caso es que cuando suceden eventos tan significativos como el que estamos tratando, y nos toman desprevenidos, implica que algo no se está haciendo lo suficientemente bien.

Sin caer en un relativismo inútil que se limita invariablemente a decir que la realidad es compleja, es importante comprender que, cuando menos desde la perspectiva del materialismo dialéctico, la caracterización de la realidad implica el conocimiento de las contradicciones y las fuerzas que las impulsan; implica comprender, entre otras cosas, que aunque existen fuerzas dominantes en la sociedad capitalista, éstas no siempre actúan con la misma intensidad y que hasta la fuerza más dominante encuentra algunas contra-tendencias. Suponer que tan sólo viendo las notas periodísticas de actualidad, los artículos improvisados de algunos periódicos o siguiendo las llamadas “redes sociales” se va a tener elementos suficientes para caracterizar lo que sucede en la Tierra Caliente michoacana, es una propia de quien no comprende ni teórica ni históricamente lo que implica, por principio, el hecho de que un grupo civil organizado pueda tener superioridad táctica con respecto al aparato represivo del Estado.

Es tanto lo que nos ha rebasado a todos la situación, que esto que acontece no corresponde al esquema de ninguna de las fuerzas políticas que podrían soñar con manejar dicho fenómeno: ni se trata de un paramilitarismo dirigido por el Estado mexicano, ni se trata de una rebelión popular, o mucho menos una revolución dirigida por una organización marxista; tampoco se trata de un mero grupo criminal que combate contra otro. A continuación señalaré algunas de las contradicciones que implica manejar cualquiera de las tres hipótesis señaladas y que son las más nombradas en medios periodísticos y en  las llamadas “redes sociales”.

1. “Los grupos de autodefensa son una invención oscura del gobierno”

En estos casos, nunca faltan quienes pretendiendo denunciar la capacidad de jugar sucio por parte de las fuerzas del poder, llevan este hecho al extremo de afirmar que en este mundo, si un lápiz cae al suelo es porque “se decidió en el Pentágono”. Si bien es cierto que existen un sinnúmero de experimentos y operaciones encubiertas por parte de la CIA y otras agencias de espionaje, no es muy acertado atribuirles omnipotencia. Cualquiera que conozca la Tierra Caliente de Michoacán, sabrá que es un territorio en donde la gente está acostumbrada a convivir con las armas desde hace mucho tiempo, y cualquiera que conozca Michoacán, sabrá que en dicha entidad existe una larga y fuerte tradición organizativa de muchos tipos. Que surja una organización armada en la Tierra Caliente michoacana, no necesariamente es una invención del Pentágono.

Comparar el surgimiento de grupos paramilitares como lo son las Autodefensas Unidas de Colombia, de carácter eminentemente reaccionario y contrainsurgente, con estos grupos, me parece sumamente exagerado. En el caso de Colombia, está claro que existe una insurgencia armada y revolucionaria, y está claro que los grupos paramilitares funcionan en parte con mercenarios y en parte con gente forzada a combatir a costa de perder su propia vida, para que los terratenientes y capitalistas colombianos contrarresten a las fuerzas insurgentes. Al menos hasta ahora, no se sabe de que opere en Michoacán una organización que siquiera se aproxime en capacidad a las FARC-EP o al ELN colombianos; y hasta ahora, ninguna organización de izquierda, ni de carácter sindical, ni estudiantil ni campesino, ha denunciado algún tipo de amedrentamiento de parte de las “policías comunitarias” y “grupos de autodefensa” de la Tierra Caliente michoacana. En cambio, sí ha habido denuncias que señalan, en los últimos años, actividades de corte paramilitar en contra de comuneros, sindicalistas y campesinos, por parte de las mafias de contrabandistas.

Ahora bien, esto no significa que una vez surgidos estos grupos, no puedan derivar en aliados políticos del Estado. Por el contrario, es muy probable que haya ahora mismo operadores de la Secretaría de la Defensa Nacional, de la Secretaría de Gobernación y de las altas esferas políticas en México que estén pensando en cooptar a dichos grupos y utilizarlos a su favor, lo cual se encuentra de frente con otro hecho contradictorio: que también hay un sinnúmero de funcionarios y burócratas del Estado que tienen profundos nexos con las mafias de contrabandistas y no es tan fácil romper esos compromisos.

2. “El avance de los grupos de autodefensa es un principio de rebelión popular”

Así como existen quienes de manera alarmista piensan que la CIA planeó todo milimétricamente, también hay quienes al ver gente armada realizando una acción que en principio es legítima, se entusiasman de más suponiendo que estamos ante el principio de una rebelión popular armada, o incluso una Revolución. Sin embargo, esta suposición está también muy lejos de ser coherente.

La región de Tierra Caliente en Michoacán es muy drástica en lo que se refiere a la desigualdad social: existen grandes y medianos propietarios de empresas agroindustriales con mucho dinero, y también está la gente más pobre, como en todo Michoacán. Los grupos de autodefensa y policías comunitarias de la Tierra Caliente michoacana tienen un carácter pluri-clasista, en ellas participan desde huerteros, exportadores de aguacate y medianos terratenientes, hasta profesionistas, campesinos pobres y asalariados. Por lo que puede apreciarse, la dirección de los mismos es eminentemente pequeño-burguesa, lo cual explica el hecho de que hayan tenido la capacidad de amalgamar a los otros polos más claramente diversos, por ejemplo, terratenientes y jornaleros. Como suele ser en estos casos, la gente más combativa y arrojada es la más pobre, pero son los propietarios de capital -dado que tienen la capacidad de financiar aspectos logísticos y de armamento- los que suelen tener más peso en las decisiones.

Aun cuando haya campesinos pobres y asalariados en las filas de las autodefensas, lo cierto es que sus demandas son todavía muy limitadas y no cuentan con un programa propio que apunte a combatir la explotación. Sólo se oponen a los métodos que han empleado las mafias de contrabandistas y lo han hecho en alianza con sus claros enemigos de clase.

Ahora bien, esto no significa que el movimiento no pueda evolucionar, fraccionarse o incluso radicalizarse. De hecho, me parece que si el Estado mexicano y su aparato represivo no ha tomado acciones más fuertes en contra de dichos grupos de autodefensa, es porque implica un riesgo muy grande el tratar como enemigo a alguien que no te considera como tal, y que dicho sea de paso, ha demostrado tener una nada despreciable capacidad organizativa, logística e incluso militar.

3. “Los grupos de autodefensa son sólo un cártel más”

Esta hipótesis también es débil, pues precisamente lo que ha lucido de dichos grupos es que existe gente que pelea dentro de ellos sin sueldo ni obligación, sino por convicción, lo cual les aporta una especie de plus en el combate: la legitimidad ante el pueblo y el dominio territorial. Esta hipótesis, al igual que la primera, parte de una enorme desestimación de la capacidad combativa del pueblo, y supone de antemano, siempre, que si algo pasa es sólo porque el gobierno o alguna parte de la burguesía así lo quiso.

Esto tampoco significa que sea imposible que alguno de los cárteles rivales de quienes han controlado la región desde hace años, pueda facilitar directa o indirectamente algunas situaciones relacionadas con estos grupos. No está de más recordar que al ser un movimiento tan amplio en todos los sentidos, es muy predecible que se encuentre infiltrado, además de ser susceptible de cometer errores propios de la indefinición política y la inexperiencia.

A manera de síntesis:

–          Es importante reconocer que por ahora, cuando menos, siguen muchas dudas abiertas y que nadie puede presumir de poder caracterizar con toda precisión esta situación.

–          Las fuerzas que por su movimiento han provocado el choque que nos muestra esta síntesis concreta de la realidad, siguen en movimiento, lo cual implica que nada está decidido aún. Los grupos de autodefensas pueden derivar en cualquiera de las suposiciones que aquí se presentan como hipótesis, incluso en todas ellas simultáneamente, pues como he dicho, en ellas subsisten conflictos que por su esencia son irreconciliables.

–          Por ahora es evidente que ninguna de las fuerzas políticas que aspiran a controlar y a darle un curso favorable a este movimiento, tenga ya en el bolsillo la solución o la capacidad de moverlo a su antojo.

–          El Estado mexicano y la burguesía pagan en este momento el costo de los métodos de dominación y explotación que han utilizado: han abusado de la corrupción y de las operaciones ilegales, han reproducido una burocracia política tan corrupta y mercenaria que todo funcionario sabe que es susceptible de ser traicionado por otro, cuestión que los mantiene entre el miedo y el error.

–          Las organizaciones que aspiran a dirigir los procesos de lucha popular y elevar su carácter político, nuevamente se encuentran fuera de juego, pues han apostado por otros escenarios y por lo tanto, poco podrán hacer para darle una nueva orientación política a este movimiento. Así que muchos esperarán simplemente el siguiente tema de moda para hablar de él. Inevitablemente la realidad sigue su curso más allá de la comprensión subjetiva de la misma.


Notas

[i] Estamos hablando de una región que mayormente se ubica geográficamente en la “Cuenca del Balsas”, como parte de la Sierra Madre Occidental. Se trata de una región calurosa y agreste donde existe una activa producción de cultivos de frutas, muchas de ellas de exportación, con serias disparidades socioeconómicas.

[ii] Poblaciones como Tancítaro, Aguililla y Parácuaro, son sitios que ya se consideran urbanos, pero que no llegan a los diez mil habitantes, pero por ejemplo Nueva Italia tiene una población de 32mil habitantes. Apatzingán ya es una ciudad de casi 100mil habitantes, y Uruapan tiene cerca de 270mil habitantes. Morelia, la capital de Michoacán, tiene una población cercana a los 600 mil habitantes. Todo según datos de INEGI.

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