A 103 años de la Revolución: ¿qué más quiere la mujer mexicana?

Coronela Clara de la Rocha y general Herculano de la Rocha

Adriana Montesinos e Ingrid Camarena*

En el marco del 103º aniversario de la Revolución Mexicana queremos recordar que las mujeres participaron de manera importante en este movimiento que inaugura el siglo XX y que su presencia activa definió muchos de los caminos que han recorrido hasta hoy. Este pequeño artículo intenta ser un homenaje a aquellas quienes dieron su vida para la construcción de un país más justo tanto durante la Revolución como después de ella, y pretende romper con la imagen mítica de la soldadera que en la memoria colectiva representa a la mujer únicamente ejerciendo roles de género tradicionales, en un papel abnegado, sumiso y sólo “siguiendo a su Juan”.

¿Soldadera?

Aunque la historia otorgó a las mujeres revolucionarias un papel secundario y considerado poco protagónico, de acompañamiento o apoyo, su presencia en el proceso fue notable, pues transformó el rol de género que hasta entonces habían tenido en la sociedad mexicana y las incorporó al mundo de lo público.

Al inicio del movimiento formaron asociaciones antirreeleccionistas, y poco a poco tomaron un papel activo en los enfrentamientos militares, como lo hizo Clara de la Rocha, quien participó como comandante de guerrilla a favor de la causa maderista o La Coronela Carmen Parra, quien, junto a Villa, tomó Ciudad Juárez en 1913[i].

Durante este periodo histórico, muchas otras mujeres ocuparon cargos militares de importancia, y también contribuyeron a la causa como mensajeras, espías, empleadas, transportistas de armas y municiones, costureras de uniformes o banderas, contrabandistas, secretarias, periodistas, enfermeras; roles, todos ellos, en los que debían tomar decisiones.

Hoy queremos resaltar que ellas, además de conseguir comida, atender a los enfermos, cuidar a los hijos y, por supuesto, seguir dando a luz, también cargaban y utilizaban las armas para defenderse y pelear contra el enemigo.

¿Y el voto?

Constantemente las mujeres han estado inmersas en la construcción de la historia nacional y han luchado cotidianamente por alcanzar sus derechos sociales. Después de la revolución, una de las primeras exigencias de los movimientos feministas fue el derecho a votar; para ello las sufragistas se organizaron de diversas maneras.

En retrospectiva podemos observar que, a pesar de la participación de este sector en la lucha, la demanda por el reconocimiento de su ciudadanía y, con ella, el acceso a los mismos derechos antes reservados a los hombres, fue logrado hasta mucho tiempo después. Como ejemplo, tenemos la lucha de Hermelinda Galindo, quien desde 1916 propuso que se concediera el voto femenino, conseguido hasta 1953. Este tardío reconocimiento habla del menosprecio hacia la mujer y de un proceso político sinuoso en su incorporación a la vida pública.

Hay que resaltar que, a pesar de que la lucha femenina por obtener su derecho a ejercer el voto debió de dar paso a una transformación democrática y equitativa, las mujeres han sido marginadas de forma radical de gran parte de la toma de decisiones políticas relevantes en la construcción de este país.

Hoy

En la actualidad, la democracia burguesa representativa responde sólo a intereses de una clase en el poder y por más que transita no termina por consolidarse de manera benéfica para la mayoría. En este sentido, la participación de la ciudadana mujer dentro del margen de este modelo político sigue siendo limitada, como puede verse con el caso de las llamadas Juanitas de San Lázaro[ii].

Ante esto, nosotros consideramos que debe ser constante la tarea de impulsar procesos democráticos con una amplia participación de todos los sectores de la población tanto de hombres como de mujeres. En este proceso, hay que reconocer los logros alcanzados por las mujeres para poder resignificar el papel actual que tenemos, sin dejar de visibilizar las condiciones o los nuevos retos a los que nos enfrentamos.

¿Qué más quiere tener la mujer mexicana? Queremos no sólo el reconocimiento histórico o el reconocimiento político como ciudadanas, sino también los mismos derechos, la libertad para participar, construir y tomar decisiones de manera activa en lo que concierne a las mujeres, y también a todos. Deseamos tener la posibilidad de decidir ser o no partícipes de lo que históricamente se nos ha negado. En suma, la oportunidad de construir otras realidades.


* Estudiantes de la UNAM. Colaboración externa.

Notas

[i] Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, Las Mujeres en la Revolución Mexicana 1884-1920, México, 1999, p. 41.

[ii] Se refiere al caso de las ocho diputadas, elegidas por sus partidos políticos con el único propósito de aparentar que cumplían con la cuota de género que exige el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), quienes renunciaron al puesto inmediatamente después de haber sido instaladas en San Lázaro. Para más información véase el periódico La Jornada del 18 de septiembre de 2009.

 

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