Declaración por el tercer aniversario del Partido Comunista de México. La revolución será socialista.

LOGO OFICIAL

El 20 de Noviembre se cumplen tres años de lucha por la construcción y fortalecimiento del Partido Comunista de México (PCdeM). En ocasión de su aniversario es necesario reafirmar la absoluta necesidad y vigencia del proyecto comunista, del partido y sus objetivos históricos: el derrocamiento del capitalismo, la conquista del poder del Estado por el proletariado para consolidar el poder obrero popular, la dictadura del proletariado, así como la construcción del socialismo-comunismo.

Es cierto que el duro golpe que significó el temporal triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética  propició el surgimiento de innumerables teorías revisionistas, reformistas y oportunistas que buscaban expandir el pesimismo, el conformismo, y sobre todo, negar la necesidad del Partido Comunista y la viabilidad del proyecto socialista revolucionario, que mira hacia la transformación radical de la sociedad. Sin embargo, asistimos a una realidad que demuestra de manera objetiva la validez de nuestros principios. De entrada, porque la propaganda burguesa no podrá borrar que el campo socialista demostró la superioridad de la organización socialista para resolver los grandes problemas de las masas, como el empleo pleno, la salud y educación gratuitas, al igual que el acceso a los logros de la cultura y la técnica. Como ejemplo de esto puede destacarse a Cuba, donde a pesar de las innumerables adversidades para la construcción del socialismo, se han alcanzado beneficios para la mayoría de la población, impensables en otros países capitalistas de similares condiciones.

La propaganda burguesa tampoco podrá, muy a pesar de sus rabiosos esfuerzos, negar la contribución que hizo el  socialismo a las luchas de independencia de innumerables pueblos, sus aportes a las luchas de liberación nacional, la batalla contra el colonialismo y su definitiva contribución a la derrota del fascismo. Estos ejemplos históricos fortalecen nuestra confianza y nos vuelven orgullosos herederos del movimiento comunista internacional. En estos momentos de la ofensiva capitalista reafirmamos la tesis que asevera que la temporal derrota del socialismo en la Unión Soviética no niega el carácter revolucionario de nuestra época. Defendemos la vigencia  de nuestro proyecto, de nuestro partido, no sólo por una vacía y doctrinaria remembranza histórica, sino como la defensa y reivindicación de sus logros probados.

Además, el proyecto comunista mantiene su plenitud y vigencia porque hoy en día podemos corroborar que el capitalismo agudiza su agresión contra todos los pueblos a causa de la crisis mundial. Ningún gobierno burgués ha logrado erradicar la miseria y la desigualdad que padece la humanidad, al contrario, vemos cómo la ofensiva capitalista asesta duros golpes a la clase trabajadora y contra todos los sectores populares. La crisis tiene un carácter permanente que golpea tanto a los centros de poder imperialistas,  como a los países que ocupan posiciones intermedias en esta cadena. No se trata sólo de un problema nacional que encuentra su causa en las malas gestiones o en los malos gobiernos de cada país, hablamos  de un problema inherente al desarrollo capitalista. Mundialmente, la clase obrera, los campesinos, los jóvenes y los niños son quienes cargan sobre sus hombros las durísimas consecuencias del afán interminable de ganancias de la burguesía. En todo el mundo los trabajadores enfrentan tasas crecientesde desempleo, así como el encarecimiento de los bienes básicos para la supervivencia. Igualmente,  padecen la intensificación de la explotación que los condena a trabajos precarios y sin seguridad social. Esta situación es todavía más grave para los jóvenes, que sin esperanzas de acceder a la educación o trabajos dignos, son presa fácil de la drogadicción y el crimen. No es posible dejar de ver que en todo el mundo, incluidos los países ricos, los niños y los ancianos padecen desnutrición, son forzados al trabajo y la posibilidad de una vida digna les es cancelada. La desigualdad en el mundo no ha disminuido y podemos comprobar que a pesar de los avances científico-técnicos, la calidad y esperanza de vida de la mayoría de la humanidad no se ha incrementado de manera sustancial. La miseria, la explotación y el hambre son la realidad constante a lo ancho del globo, y mientras no sean erradicadas definitivamente,  nuestro proyecto seguirá vigente.

Ninguno de estos problemas tiene solución en los marcos del capitalismo, puesto que las causas de la crisis radican en la naturaleza misma de éste, derivan de su propio carácter contradictorio y anárquico. Su contradicción fundamental sigue siendo la que se da entre el capital y el trabajo. Es decir, las consecutivas crisis se explican en última instancia por la creciente contradicción que existe entre el carácter social de la producción y la forma privada de la apropiación de la ganancia. Al estar seguros de la irresuelta contradicción entre el capital y el trabajo, comprobamos también que no hay ninguna gestión burguesa del capitalismo que pueda disminuir la crisis, y esto incluye a los gobiernos que se hacen llamar de izquierda o progresistas. Mientras no se avance en la socialización de los medios de producción y en la eliminación del trabajo asalariado, la crisis aparecerá tarde o temprano, y todo proyecto que formule la viabilidad del capitalismo con “rostro humano” no es más que un cruel engaño para la clase trabajadora y sus esperanzas de construir una vida mejor.

A pesar de estos intentos por desprestigiar y mostrar como inviable el programa histórico de la clase trabajadora, vemos con entusiasmo cómo el movimiento comunista internacional se fortalece y recobra terreno, cómo en diversos países del mundo, los jóvenes y los trabajadores han retomado y mantenido en pie la bandera de la revolución socialista y se han dado a la tarea de fortalecer los partidos comunistas, así como de reconstruirlos donde el golpe contrarrevolucionario fue más severo. No hay otro camino y la disyuntiva es clara: o socialismo o barbarie.

Estamos en la última fase del capitalismo, la imperialista, y es por esto que el PCdeM reafirma las tesis leninistas que nos indican que vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias. El asentamiento y fortalecimiento de los monopolios en distintas regiones del mundo, así como el engrosamiento de la clase obrera mundial, nos brindan elementos firmes para creer que las consecutivas crisis no alcanzarán solución dentro del capitalismo. Las condiciones objetivas se han madurado y las próximas revoluciones habrán de ser proletarias.

México, con sus particularidades y deferencias específicas, no se mantiene fuera de esta tendencia. La ofensiva capitalista en México parece interminable. Las líneas de defensa de los trabajadores frente a la voracidad de la burguesía han sido derribadas una a una. Las comunidades rurales, indígenas y campesinas, han sido sometidas al saqueo de sus bienes de una forma despiadada. Las llamadas “conquistas sociales” logradas con la Revolución mexicana han sido desmanteladas poco a poco, destacadamente la educación pública, la seguridad social y los derechos laborales.

Todo esto ha sido indispensable para que el capital sortee sus dificultades y trate vanamente de resolver el mal incurable de su crisis estructural. Las medidas que se han tomado han sido para garantizar márgenes adecuados de ganancia en un periodo declinación y descomposición del modo de producción capitalista. Y en el caso de México, esto se ha hecho para garantizar a los monopolios asentados en el país las condiciones más adecuadas para la explotación de la fuerza de trabajo –abundante, barata y controlada-, contribuyendo de esa manera con un espacio para colocar los excesos de capital mundial a un nivel de alta rentabilidad.

En la consecución de estos objetivos, la burguesía ha transformado radicalmente al país. El cuadro de las clases sociales ha sido modificado en su conjunto: las relaciones entre las distintas clases y la composición interna de cada una de ellas ha sido alterada. Pero no en el sentido que gustan promover los teóricos del fin de la clase obrera y de los “nuevos movimientos y sujetos sociales”. Mirando las cosas de frente, lo que ha ocurrido es un crecimiento absoluto y relativo del moderno trabajo asalariado, una dramática disminución del campesinado, una continua destrucción de la pequeña propiedad y un fortalecimiento de la fracción monopolista de la burguesía. A esta modificación estructural corresponde también una modificación de la lucha de clases: en términos generales, ocurrió una agudización de la confrontación entre las clases sociales, que conllevó una transformación de las alianzas y bloques de poder establecidos. Fueron rotos todos los mecanismos de “conciliación” o “compromiso” y rebasadas las formas tradicionales de encasillamiento o contención del conflicto social. El mundo rural vivió el retorno de la lucha armada, los sindicatos se vieron obligados a salir a las calles para defender sus derechos amenazados, los estudiantes debieron defender con todo a la universidad pública, los pequeños productores rurales se coaligaron frente a la crisis del campo y los indígenas se insurreccionaron.

Un amplio conflicto social atraviesa al país, de cabo a rabo. Marchas, plantones, caravanas, consultas, levantamientos populares, cortes de carretera, toma de oficinas, huelgas, paros, etc., son el pan de cada día. Cada clase social intenta detener los golpes en su contra con lo que puede. Se organiza en policías comunitarias, ejércitos populares, grupos guerrilleros, coordinadoras estudiantiles, nuevas centrales de trabajadores, tribunales populares, asambleas de afectados ambientales, frentes nacionales, congresos sociales, etc. De todo hay en este enorme y complicado país. Ninguna forma de organización y de lucha ha dejado de ser probada.

El Partido Comunista de México (PCdeM) es producto de esta agitada dinámica. Sus militantes han estado en algunas de las más importantes luchas de las últimas décadas y han extraído conclusiones políticas de estas experiencias. La más importante de estas conclusiones indica que, en la época en que vivimos, es necesaria la existencia de un partido revolucionario de la clase obrera, porque ante las agresiones debemos no sólo soportar los golpes, sino emprender el ataque directo contra la burguesía, lo que conlleva librar combates encarnizados hasta desembocar en una lucha decisiva por el poder político.

Por tanto, la necesidad del Partido Comunista surge del despliegue de la lucha de clases, de su agudización y del deseo de culminarla exitosamente en favor de la clase trabajadora. Surge porque el desarrollo del capitalismo en México, la lucha de clases y la experiencia mundial de las revoluciones proletarias indican que debemos contar con una sólida organización, un nuevo tipo de organización amplia, que englobe a las masas obreras independientemente de la profesión y  del grado de desarrollo político; un aparato flexible, capaz de renovarse constantemente, de ampliarse infinitamente, que pueda siempre atraer a su órbita a nuevas categorías y abarcar a los sectores de trabajadores próximos al proletariado, de la ciudad y del campo. Se trata de la necesidad urgente de que en México exista un partido al estilo del formulado por Lenin desde inicios de siglo, para enfrentar la época del imperialismo y las revoluciones proletarias: amplio y flexible, al mismo tiempo que dotado de una inquebrantable centralización, por regirse con los principios y normas leninistas de organización; un partido que no considera la intervención parlamentaria como su forma principal de lucha; que se basa en la teoría marxista-leninista; que se asienta fundamentalmente en los centros de trabajo y que no es exclusivamente un partido urbano, sino que se extiende también al campo para articular la alianza obrero-campesina como la mejor garantía de triunfo.

Por esta ruta ha avanzado el Partido Comunista de México, evitando los atajos que pretendidamente hacen más fáciles la construcción. En un medio contaminado por lo modos de la política burguesa, hemos evitado los membretes que simulan el crecimiento, la firma de desplegados sin ton ni son que parecieran avalar nuestra existencia, las postales para consumo en el extranjero, la sustitución de la clase trabajadora por sectores donde la agitación prende más rápido, las consignas escandalosas que se quedan en el papel, las alianzas de dudosa procedencia para abultar las filas, la ayuda del dinero público para simular “un salto cualitativo y cuantitativo”, el recurso a ideologías que “las masas comprenden más rápido”, como el nacionalismo revolucionario, etc.

Nada de esto sirve en la inaplazable tarea de que, frente al poder colectivo de las clases poseedoras, el proletariado se constituya en partido político distinto, opuesto a todos los añejos partidos creados por las clases dominantes, a fin de asegurar el triunfo de la revolución social y su objetivo final: la abolición de las clases.

El proletariado constituido en partido político implica un programa propio, acorde con la función histórica y los intereses de nuestra clase, que se proponga el derrocamiento de la burguesía, la transformación del proletariado en clase dominante y la transición al socialismo-comunismo. Ningún partido político burgués u oportunista tiene este programa, todos optan por el desarrollo del capitalismo en una u otra variante de acuerdo con la fracción de la burguesía a la que representan. También significa ideología y teoría propia: el marxismo-leninismo adoptado en forma integral, no sólo en alguna de sus partes como algunos partidos quieren, al aceptar el marxismo purgado de sus consecuencias revolucionarias o deshaciéndose de las contribuciones que la burguesía les dijo que eran reprobables, o al adulterar al marxismo con “complementos” provenientes de una u otra ideología o “novedades teóricas” de origen burgués. Y por último, significa métodos de trabajo distantes de las  componendas, triquiñuelas, compadrazgos, etc., -herencia maldita del priismo en México- para asentarse definitivamente en la ciencia leninista de la organización, construyendo una organización eficiente al mismo tiempo que transparente.

Por esta ruta ha avanzado el Partido Comunista de México. En el camino de construcción hemos sufrido las consabidas decantaciones, tropiezos y separaciones con que la paciencia revolucionaria tiende a enfrentarse en una tarea de este tipo. Pero también hemos vivido la alegría de construir el Partido con el material a toda prueba que son los sindicalistas, estudiantes, indígenas y campesinos que se han integrado en estos años.

Son apenas los comienzos de una tarea de alcances históricos. Y los comienzos siempre son difíciles. Marx decía que para acceder a las luminosas cumbres no hay que temer fatigarse al escalar por senderos escarpados. Y en México el ascenso es doblemente difícil. Al contexto de contrarrevolución del que vamos saliendo a nivel mundial, debemos agregar la liquidación del Partido Comunista a manos de quienes cambiaron su lugar en la lucha de clases por un cómodo sillón en la academia o una curul en el Congreso, lo que generó un corte histórico en la continuidad de nuestra tradición de lucha.  De la misma forma, debemos remar a contracorriente de un movimiento obrero amarrado de manos no sólo por el “charrismo” tradicional, sino por el reformismo y el oportunismo de dirigentes que no tienen en su agenda la utilización de los sindicatos como palanca para el derrocamiento del régimen, sino exclusivamente para la obtención de prebendas que muchas veces son personales o, cuando mucho, para la defensa de los intereses restringido de sus agremiados, con lo que tratan de paliar las consecuencias sin atacar las raíces de nuestros problemas.

Ninguna se estas adversidades será remontada por arte de magia. Solo la paciente tarea de unir el socialismo científico con el movimiento obrero, de impulsar la transformación de lo espontáneo en conciencia organizada, de juntar todos los hilos de la protesta en una sola fuerza guiada por el saber acumulado de la clase obrera, salvará a México.

Hay que apresurar el paso en esta tarea. Las condiciones están maduras. Miles de mexicanos protestan ante el terremoto del desarrollo capitalista que conmueve todas nuestras condiciones de vida. La burguesía no se va a detener: el automatismo de su lógica económica –centrada en la ganancia- se lo impide. A nosotros nos toca escoger: podemos resignarnos a sólo presenciar el espectáculo del capitalismo que elude su desaparición histórica recargando sobre nuestros hombros el costo; podemos ver con nostalgia el pasado pidiendo el retorno imposible de nuestras anteriores condiciones de vida, pretendiendo que eran ideales; o podemos ver de frente a la realidad para descubrir las contradicciones que podemos aprovechar, ubicando al proletariado como la clase social que es producto de estas condiciones y que puede ser el sepulturero de las mismas.

El Partido Comunista de México renació por obra y gracia de la realidad misma como una urgente necesidad, como una tarea inaplazable, como una responsabilidad ineludible con la clase trabajadora, para crear un instrumento de lucha que faltaba en los últimos años. Y nació montado en las contradicciones sociales generadas por el desarrollo capitalista acelerado, que hace del moderno trabajo asalariado la forma principal de extracción de excedente, del proletariado la inmensa mayoría de la población en México y del capital monopolista nuestro enemigo principal (cuya expresión política es el Pacto por México).

Como producto necesario del propio desarrollo capitalista y sus contradicciones, será imposible eliminar al Partido Comunista. No nació del capricho intelectual de tal o cual teórico, sino del hecho de que el proletariado crece en el país y sus condiciones de vida y trabajo se deterioran, mientras se amasan inmensas fortunas en unas cuantas manos. Y nació porque esta masa de millones de personas necesita una representación política adecuada, que exprese su programa histórico y sus intereses de forma auténtica.

Trabajador: ¡éste es tu partido, el instrumento para demoler la esclavitud asalariada y para construir el nuevo mundo al que estamos llamados! ¡Súmate a las filas del Partido Comunista de México!

 

¡Viva el Partido Comunista de México (PCdeM)!

¡Por la revolución y el futuro comunista!

¡Proletarios de todos los países,  uníos!

Comité Central del Partido Comunista de México (PCdeM)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s