96 años de la Revolución Socialista de Octubre

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Irlanda Amaro Valdés

La Revolución Socialista de Octubre de 1917 en Rusia constituye no sólo una victoria para la clase obrera, sino para toda la humanidad en su lucha por abolir la explotación del hombre por el hombre. Por esta razón, a 96 años de su triunfo es necesario reflexionar sobre ella y reivindicar sus logros, así como combatir las grandes falsificaciones históricas que desde los centros del saber burgueses y las filas del oportunismo buscan equiparar al comunismo con el fascismo, negando de la manera más absurda y ofensiva sus contribuciones para el desarrollo de la humanidad, así como la heroica y determinante lucha de la Unión Soviética para derrocar al fascismo en Europa.

Igualmente, para el movimiento comunista estas reflexiones son vitales puesto que clarifican nuestros objetivos estratégicos y tácticos, fortaleciendo nuestra convicción sobre la necesidad de la revolución y la construcción del poder obrero, elementos que son precisamente los que busca socavar la crítica oportunista y las fuerzas retrógradas.

En ese sentido, en primer lugar es necesario reconocer que la Revolución Socialista de Octubre y la experiencia de la URSS son una prueba de que es necesario y vital el papel de la clase obrera organizada y su carácter de vanguardia revolucionaria para la construcción de una nueva sociedad.

El partido bolchevique, el partido de Lenin, demostró que el movimiento revolucionario requiere un partido revolucionario, cuando durante septiembre de 1917, después del derrocamiento de la autocracia y ya proclamada la democracia en Rusia, las promesas de cambio seguían sin cumplirse: la hambruna azotaba a la mayoría de la población, los obreros eran despedidos masivamente dada la crisis económica, los soldados morían por miles en la guerra contra Alemania y los campesinos seguían sin tierra. Fue la dirección del partido bolchevique y su acertada táctica lo que llevó a cumplir las principales demandas de la revolución. Esto fue así, porque la clase obrera rusa, en alianza con los campesinos y bajo la guía del Partido Bolchevique fundó y fortaleció los Soviets como los núcleos de organización y acción revolucionaria, en la lucha por tomar el poder estatal. La toma del poder del Estado por parte del proletariado en alianza con los campesinos, fue correctamente plateada como la única alternativa real de formar un gobierno estable, capaz de cumplir los objetivos de la revolución y verdaderamente basado en la voluntad de la mayoría.   

Estos hechos sucedidos durante la Revolución de Octubre demuestran, en segundo lugar, la superioridad de la democracia obrera en el socialismo. La consigna ¡todo el poder a los Soviets! fue la bandera de la insurrección a partir del 14 de septiembre, y ya en Octubre todos los Soviets habían retirado el apoyo al gobierno provisional. Así, la cuestión del poder terminó de decidirse cuando la insurrección del 25 de octubre obligó en los hechos a la disolución del gobierno provisional. El congreso panruso de los Soviets conformó un gobierno obrero-campesino y el consejo de comisarios del pueblo, estableciendo la dictadura del proletariado y marcando el comienzo de la transformación del sistema soviético en los órganos de poder del Estado. Como lo demostró la experiencia de la construcción socialista, su desarrollo y derrota temporal en la URSS, la democracia obrera no puede corresponderse con la democracia parlamentaria, sino con las construcciones de poder obrero popular, donde la unidad electoral básica son las fábricas y los centros de trabajo. El poder obrero o socialista está realmente conformado por colectividades  y  es esto lo que garantiza la participación plena y el éxito en la planeación del trabajo, ya que las decisiones están basadas en la realidad objetiva y en la organización de los trabajadores en el proceso de la producción social. Estos órganos de poder, que son electos por las colectividades obreras, atraviesan toda la sociedad y aseguran el carácter del Estado como Estado de la clase obrera. Esta es la única y verdadera democracia a la que aspiramos y por eso no podemos dejar de reafirmar su posibilidad objetiva con el ejemplo y la experiencia de construcción socialista de la Unión Soviética durante sus primeros treinta años, antes del triunfo de la contrarrevolución.

En tercer lugar, la experiencia en la Unión Soviética mostró la superioridad de la organización y planeación de la economía socialista para solventar las necesidades de la humanidad y garantizar su vida plena.  Problemas como el acceso al pleno empleo fueron resueltos y se garantizaron la educación y la salud gratuitas, el acceso a los logros de la ciencia y la cultura. Igualmente, el poder socialista sentó las bases para eliminar la desigualdad de las mujeres. Fueron aseguradas la maternidad social y la atención infantil socializada, elementos claves para garantizar de forma efectiva la participación e igualdad de las mujeres en las esferas económicas, políticas y culturales.

Esto ocurrió también en los países del campo socialista, a pesar de las enormes desigualdades de desarrollo de las fuerzas productivas de las que se partió al iniciar la construcción del socialismo. En la Unión Soviética la vivienda, los servicios públicos, el transporte, eran accesibles para todos y casi gratuitos. Con esto, no sólo satisfacían las necesidades materiales y mentales básicas de toda la población,  sino que se abría el camino para el verdadero e integral desarrollo del ser humano. Es imposible negar que ningún país capitalista ha proveído seguridad al pueblo de la manera en que la Unión Soviética lo hizo.

Todos estos logros de la gran Revolución de Octubre no pueden ser negados por toda la maquinaria burguesa que busca desprestigiar el movimiento comunista, incluso no pueden ser ocultados por el temporal triunfo de la contrarevolución. Los comunistas estamos claros de que fue el abandono de los principios básicos del comunismo los que condujeron en la práctica a la contrarrevolución. Este abandono comenzó con la revisión del marxismo-leninismo en el XX congreso del PCUS y tuvo su clara expresión cuando se renunció a la dictadura del proletariado por el “Estado de todo el pueblo”, que fue la semilla de la política de la perestroika. Es necesario tener presente también que la contrarevolución  contó en todo momento con el apoyo del imperialismo internacional y que su apoyo fue vital para al derrocamiento del socialismo y en la restauración del capitalismo. Comprendemos así esta temporal derrota, pero ni aún ella puede negar los logros de la revolución y su precedente histórico incomparable. Al contrario, las reflexiones sobre la Revolución Socialista de Octubre y la construcción socialista demuestran lo acertado de nuestra teoría revolucionaria, el marxismo-leninismo, y fortalecen nuestras convicciones. Sobre todo en estos tiempos en que la agudización de la crisis y la intensificación de la explotación demuestran que en el capitalismo no es posible siquiera garantizar las condiciones materiales de vida mínimas para la mayoría de la humanidad.

No hay salvación para los pueblos en el sistema capitalista, al contrario, mientras la obtención de ganancia siga siendo el criterio que rija el orden mundial, la mayoría de la humanidad seguirá destinada a la miseria y la incertidumbre; y no habrá democracia burguesa que pueda solucionar esto. Mientras haya explotación del hombre por el hombre, el camino y los objetivos iniciados por la Gran Revolución Socialista de Octubre seguirán vivos y el movimiento comunista continuará defendiéndolos, hasta verlos triunfar en su totalidad.

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