En defensa de Engels

marx engels

 

Job Hernández

El nombre de Engels está indiscutiblemente unido al de Marx. Su estrecha amistad estaba fundada en las tareas prácticas y teóricas que les sugería la revolución proletaria. En esta obra común, Engels era el primero en reconocer, con suma modestia, que la batuta la llevaba Marx y él desempeñaba el papel de segundo violín. Pero seguramente Marx sería el primero en desaprobar cualquier intento de menoscabar las capacidades intelectuales y políticas de su amigo, como se viene haciendo desde hace algunos años.

Marx reconoció en múltiples ocasiones la profundidad de pensamiento, el agudo sentido de la crítica y el carácter anticipador e inspirador de la inteligencia de Engels. Incluso, sabía que en áreas determinadas el talento de éste era superior al suyo: en la división de tareas había temas que eran confiados a Engels de manera natural. Además, con ánimo sincero, Marx siempre reconoció dos aportes de Engels a la obra común: los geniales anticipos teóricos contenidos en el famoso Esbozo de Crítica de la Economía Política, que orientaron decididamente los esfuerzos de Marx para el resto de su vida; y el conocimiento certero de Engels sobre la vida obrera y el movimiento político de la clase trabajadora inglesa, contenidos en La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra, reiteradas veces citado en El Capital con suma aprobación.

Finalmente, también muchas decisiones en torno de la obra de Marx le eran consultadas a Engels. La correspondencia entre ambos permite corroborar este papel de consejero de absoluta confianza que le corresponde con justicia, por ejemplo, en la larga elaboración de El capital. Por eso, si había alguien con la autoridad moral y teórica para culminar la obra que dejó inconclusa Marx al morir, ese era Engels, que tomó la descomunal tarea de arreglar para la publicación los manuscritos del amigo, robando tiempo a la obra propia. Con el amor entrañable que le tenía, se echó a cuestas la ardua tarea de que el mundo conociera la obra de Marx y no quedarán entregados estos importantes papeles a la crítica roedora de los ratones.

Hay quienes también aquí se han dedicado a  enturbiar las aguas de la amistad. Se piensa que Engels, en su papel de editor, traicionó la obra de Marx al acomodarla a su propia visión de las cosas, considerablemente más estrecha, a decir de estos inteligentes profesores.

Así, los crímenes de Engels serían dos, de acuerdo con lo que llevamos analizado hasta aquí. Por un lado, una inteligencia menor que condujo al naciente marxismo a los estrechos cajones de la vulgarización, el reduccionismo, el determinismo, la visión lineal de la historia, etc. De acuerdo con esta interpretación, la riqueza de la naciente escuela habría sido derrochada en textos de poca valía científica y el filo de la dialéctica materialista habría sido mellado en explicaciones unilaterales y rústicas. Por otro lado, la publicación selectiva de los manuscritos de El capital hecha por Engels habría también contribuido a la deformación de la herencia, evitando que se conociera lo que auténticamente dijo Marx.

De esa manera, Engels aparece como el iniciador de los errores del marxismo que, por una serie saltos increíbles en la explicación, llevarían finalmente al movimiento obrero a la derrota mundial. ¡Si Engels no hubiera impedido nuestro conocimiento directo de Marx  ni nos hubiera constreñido a su estrecha visión de las cosas, otro gallo hubiera cantado! Eso piensan los críticos de Engels.

No comprenden las intenciones de este pensador. En realidad, la tarea que se propuso Engels fue la elaboración del marxismo como visión del mundo íntegra, sistemática y ordenada, para que el proletariado tuviera en sus manos un instrumento efectivo de ataque contra las viejas ideas. De la misma forma, Engels consideró necesario poner al alcance de los trabajadores esta nueva visión del mundo, destacando sus rasgos esenciales, de forma clara y directa, aunque esto les pareciera vulgar y rústico a los profesores de ayer y hoy, consumidores de complejidades y sofisticaciones intelectuales.

Teniendo en mente estas tareas, Engels hizo posible que millones de proletarios alrededor del mundo hicieran suyas las nuevas ideas. Gracias a textos como Del socialismo utópico al socialismo científico, Ludwing Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana o El origen de la propiedad privada, la familia y el estado, el proletariado mundial obtuvo una idea clara de las líneas de confrontación y de sus objetivos históricos, además de la seguridad necesaria para emprender la transformación del mundo. Generaciones enteras de combatientes iniciaron su formación política con estos textos, para tener una base firme antes de entrar en los niveles más complicados de la teoría y para no flaquear en el camino de su práctica política.

Por supuesto, nuestros inteligentes profesores, críticos  de Engels, desprecian este tipo de tareas. Piensan que educar al proletariado mediante ideas sencillas y claras, captando los rasgos esenciales de las cosas y procesos, es una tarea indigna. Juzgan con desprecio los llamados «manuales» y le llaman a esto «marxismo vulgar» o «rústico».  Incluso hay quien agrupa a todo esto bajo el nombre de «marxismo del movimiento obrero» para diferenciarlo, seguramente, del marxismo de los intelectuales universitarios, pretendidamente más refinado y cercano a las intenciones de Marx.

Pero mientras los críticos de Engels piensan en condenar a Marx a un reducido público de especialistas, Engels se dedicó a llevar el marxismo a los lectores que en verdad le corresponden: los millones de integrantes de la clase trabajadora alrededor del mundo. Sin su labor de construcción del marxismo como visión del mundo integral, sistemática y ordenada y sin su labor de publicación de los volúmenes faltantes de El Capital, seguramente el marxismo habría sido sólo una más de las tantas curiosidades intelectuales propicias para avezados investigadores de rarezas. En cambio, gracias a Engels el marxismo se generalizó, se difundió ampliamente entre aquellos a quienes principalmente iba dirigido el mensaje.

Por supuesto, todo esto tiene que ver con los desgarramientos sociales del mundo moderno, con la lucha de clases al interior de la sociedad capitalista. Marx es también terreno de disputa. Nuestros inteligentes profesores sienten que les corresponde la comprensión auténtica de Marx y que son los legítimos albaceas de la herencia, mientras que los usos proletarios de Marx le parecen bastardos. Y como Engels más bien ayudó a la apropiación proletaria de Marx, le condenan sin misericordia, echándolo del panteón de los inteligentes. Pero, justo por eso, nosotros debemos reivindicar a Engels y mostrar la unidad indisoluble de la pareja fundadora del marxismo, descartando cualquier intento de meter cizaña entre estos dos amigos. Esta es una más de nuestras tareas revolucionarias.

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