Sobre la represión del 10 de Junio de 2013

Represion_zocaloCélula José Carlos Mariátegui

El pasado 10 de junio, como cada año, se llevó a cabo la marcha conmemorativa del “Halconazo” de 1971, uno de los actos de represión más brutales ordenados por el Estado en contra del movimiento estudiantil. Esta vez, sin embargo, la marcha que partió del Casco de Santo Tomás al Zócalo no terminó con “saldo blanco”. La razón fue el despliegue policiaco que custodió el recorrido de la movilización y que, al llegar al centro de la Ciudad, se volcó en contra de los manifestantes.

En las imágenes que transmitieron los medios masivos de comunicación en sus noticieros “estelares”, se puede ver a un grupo de granaderos arrinconado en la esquina de 5 de Mayo y Plaza de la Constitución y a un puñado de encapuchados que los enfrentan con palos, piedras y cadenas. En la imagen más difundida, uno de ellos se acerca desafiante a los uniformados usando una lata de aerosol como soplete. Después, la noticia se limita a consignar el número de personas detenidas “durante el enfrentamiento”. Contrastan, pues, las palabras que usan los conductores de televisión con lo que vemos en la pantalla. Cuando uno busca información al respecto por otras vías, entre ellas las redes sociales, puede encontrar varios videos que consignan la brutal actuación de los granaderos. Durante el “enfrentamiento” hubo un solo detenido: un joven que extendió una pancarta, de espaldas, frente a la policía. Como respuesta, un grupo de manifestantes “tomó” también a un sujeto identificado como el Director de Atención Ciudadana y Concertación Política del GDF, Pedro Bello Aguilar, (Video en: http://youtu.be/X1FAU53Dx_A) exigiendo que los granaderos soltaran al joven que habían “detenido”.

A partir de otros testimonios videograbados se puede ver que, en “auxilio” del “funcionario” capitalino, acuden otros burócratas ­-que en realidad desempeñan funciones como policías- para tratar de “rescatarlo” y, momentos después, que los granaderos cargan contra todo aquel que se encontrara en la plancha del Zócalo (http://youtu.be/Wdb6lEvnqOo). Las detenciones arbitrarias se llevaron a cabo aleatoriamente, en calles aledañas a la Plaza de la Constitución y en diferentes momentos después de la marcha  (http://youtu.be/H8IP7o8IXvI) contra quienes no tuvieron oportunidad, ni tiempo para escapar de la policía. Incluso se ha documentado la detención de un estudiante de doctorado de la Facultad de Filosofía y Letras en las calles de Regina y 20 de Noviembre, cuando se dirigía al metro. Por si fuera poco, los granaderos también impidieron la entrada de abogados y familiares de los detenidos a la Agencia 50 del Ministerio Público. Además, a los heridos de gravedad se les negó la atención médica necesaria, según han demostrado diversas organizaciones de derechos humanos.

Los testimonios en video que se pueden consultar en la red son muy claros y demuestran que el Gobierno del Distrito Federal está decidido a reprimir sistemáticamente cualquier manifestación política que se desarrolle en las calles de la Ciudad de México. En perspectiva, se puede decir que:

  1. El carácter inminentemente violento y represivo del Estado está siendo subestimado en la misma medida que se ha sobrevalorado el poder de convocatoria y organización de las redes sociales. Esto ha traído como consecuencia el abandono de las organizaciones de base, sin las cuales es imposible obtener una victoria, por más pequeña que sea, frente al gobierno de los poderosos. El activismo virtual, en esencia, sólo es eso: virtual.
  2. Deben ser abandonadas las posiciones oportunistas y los martirologios que ven en cada capucha un “provocador” y en cada piedra un “acto vandálico”. La violencia la produce diariamente el Estado al dejar a millones de jóvenes sin educación, sin empleo y sin futuro; al imponer condiciones laborales que rayan en lo humillante para los trabajadores y sus familias, mientras los patrones ven crecer su riqueza a manos llenas; al impulsar un plan de reformas privatizador y nocivo para la mayoría de la sociedad, como programa de gobierno; al regodearse todo el tiempo en la impunidad y corrupción de funcionarios y gobernantes.
    Tenemos que reflexionar, pues, en torno al “acto de provocación” que desató el brutal uso de la fuerza por parte de los granaderos el pasado 10 de junio. Hay una serie de preguntas y consideraciones al respecto: ¿quién era ese muchacho que extendió la cartulina frente a la policía?, ¿fue consignado al ministerio público como el resto de los detenidos o no ha sido presentado? Hasta este momento, no contamos con una respuesta clara y fidedigna. Por otra parte, la provocación no fue contra los granaderos, ni siquiera en el momento del “enfrentamiento”. La provocación surgió de las fuerzas policiacas contra los manifestantes al “detener” injustificadamente a un chico que no estaba haciendo nada. Ese es el verdadero acto de provocación que desencadena la violencia, la cual, insistimos, surge de la policía contra quienes participaron en la movilización, no al revés.
  3. La infiltración, la presencia de policías vestidos de civil y de provocadores en marchas y movimientos sociales, incluso en las organizaciones políticas, no es un fenómeno reciente. Ha existido desde hace muchos años, adaptándose y cambiando de forma de acuerdo a las circunstancias, mientras que manifestantes y activistas continúan actuando más o menos de la misma manera. Sin duda alguna, los hechos del lunes pasado, sumado a lo que ocurrió el 1 de diciembre de 2012, son un claro indicador del grado de represión al que nos enfrentamos en la Ciudad de México. En este sentido, urge establecer, al menos, mecanismos de seguridad que garanticen que nuestra inconformidad y reclamos lleguen al pueblo trabajador, y para ello es importante que  la respuesta de las organizaciones convocantes y participantes sea clara y contundente  frente a la intimidación y provocación del Estado.
  4. La represión dispersa el movimiento social. Después de un acto represivo como el del 1 de diciembre o el del 10 de junio, la fuerza de las organizaciones políticas y sociales se ve disminuida no sólo por la detención de sus cuadros y militantes, sino sobre todo porque tiene que volcarse por completo a obtener la libertad de los compañeros presos. Por otra parte, no es necesario que la policía cargue contra una manifestación, su simple presencia a lo largo de un recorrido, aislando al contingente del pueblo, es por sí solo un acto represivo, injustificable. Por otro lado, las detenciones arbitrarias, la violación sistemática de los derechos humanos, el accionar de la policía, en general, y del sistema judicial, en particular, tienen como objetivo intimidarnos, disuadir cualquier intento organizativo del pueblo trabajador que cuestione la lógica del poder y pretenda hacer la historia con sus propias manos, reclamando lo que por derecho legítimo nos pertenece: la riqueza que producimos a diario con nuestro trabajo. De antemano podemos decirles que no lo van a lograr.
  5. La única manera de revertir este proceso represivo es asumir plenamente la construcción de organizaciones de base, cada quién en su propio espacio de participación, y con absoluta independencia de las propuestas que surgen desde los partidos de la burguesía, sin importar las siglas o el color de estos últimos. Sobre todo, es necesario impulsar iniciativas de organización con un carácter clasista y combativo en cada centro de trabajo, en cada escuela, en cada barrio.
  6. No podemos olvidar que el gobierno de Miguel Ángel Mancera es resultado de arreglos y concesiones entre los dirigentes que forman la cúpula del PRD, entre ellos los ex jefes de gobierno Marcelo Ebrard y Andrés Manuel López Obrador, quien ahora ha formado su propio partido, MORENA, con el único fin de no quedar fuera del juego del poder y seguir administrando una parte del descontento social; que el gobierno del represor Miguel Ángel Mancera es consecuencia del clientelismo como política pública, y que responde únicamente a los intereses de los grandes capitalistas que él representa. Sirva como ejemplo la actuación de sus fuerzas policiales el pasado lunes, y el silencio cómplice de perredistas y obradoristas.
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