Por la creación de revolucionarios profesionales

Libro de MellaJulio Antonio Mella

El satisfacer las necesidades sociales ha sido la causa de la creación de las profesiones. Algunas necesidades, artificialmente creadas por el actual régimen de opresión y desigualdades, serán consideradas por el hombre del futuro como inútiles. Mas, otras perduran, perfeccionadas y acondicionadas al momento histórico. Siempre, por ejemplo, tendrán los humanos necesidad del obrero que domine a la naturaleza en la mina, en el mar o en el bosque, podrá ser, y es de desear, que el comerciante, el militar y el embrollador de la justicia, junto con otros varios, desaparezcan, como ya ha desaparecido el clásico patrón de esclavos, el agorero y otros parásitos de épocas pretéritas. (Cierto es que estos han sido sustituidos por el burgués y por el sacerdote. Pero esta misma sustitución anuncia una desaparición próxima.) Hay una profesión que ha existido en otras épocas y que hoy es de primordial importancia en la era agitada en que vivimos. Esta es la de revolucionario profesional. Aunque ignorada, esta profesión utilísima es una de las que más importantemente llena la gran necesidad del progreso social. Junto al minero, al sabio inventor, al electricista, al pedagogo, al ferroviario se encuentra, sin duda alguna, el revolucionario. Ora es un Graco, ora un Espartaco, ora un Marat, ora un Robespierre, ora un Bolívar, ora un Marx, ora un Lenin, ora un Sun Yat Sen… Libertador de esclavos, impulsador de la revolución agraria, libertador de la burguesía del yugo feudal o del proletariado del yugo burgués, su tarea, su oficio, su profesión es la misma, aunque en distinto escenario.

La principal característica del revolucionario es su comprensión absoluta y su identificación total con la causa que defiende. Las ideas que abraza se convierten en dinamos generadores de una energía social. Los ignorantes acostumbran a calificarlos de «fanáticos» por esta razón. Los reaccionarios, llevados por el odio y el temor, sí colman de insultos al revolucionario. No ha habido en todo el siglo un hombre más insultado que Lenin. Tampoco ha habido otro que se acercara más a la genialidad, la santidad y el heroísmo éticamente considerados que el gran conductor de la III Internacional.

El revolucionario profesional si es marxista, por ejemplo, sabe aplicar el marxismo a todos los problemas. Los enemigos se asombran ante la fuerza de su verdad, pero no se atreven a aceptarla a pesar de considerarla cierta y no combatirla abiertamente. Dan la sensación monstruosa de locomotoras avanzando por selvas vírgenes y ciudades populosas. El revolucionario profesional puede llegar al martirio o a lo que es considerado como tal por los extraños. Aún más: cada minuto de su extraña vida sería un minuto en el infierno para muchos otros. Puede morir en la horca, en el suplicio, revivir los sanguinarismos del circo. Todo lo acepta con la misma naturalidad que el jugador de bolas acepta sus ganancias: es su profesión y nada más. Por esta razón, cuando el público o la «opinión pública» le aplauden cualquiera de sus diarios gestos de heroísmo se considera tan extrañado como si viera a un público aplaudir al cantor después de oír la voz en un disco de ortofónica.

Su acción, como la voz en el disco, no es «suya», es reflejo e inspiración del medio social. Como recuerda Bernard Shaw en Santa Juana, es «arrastrado» quizás sin saber ni por qué.

Reconoce lo infinito de la humana obra. Comprende como el Zaratustra el sentido de la tierra. Es santo de esta tierra, héroe de estos hombres y genio de las pequeñeces del momento. No aspira al «trascendentalismo». Tiene orgullo de ser puente para que los demás avancen sobre él. Probablemente no creerá en el super hombre nietzscheano. Pero reconoce el progreso habido del gusano al mono y de éste al hombre. De igual manera el materialismo histórico le ha enseñado el paso del feudal al burgués y de este al proletario.

Cuando muere, completamente consumido, agotado, como un leño en un incendio, muere satisfecho reconociendo la utilidad de su obra. Se ha quemado violentamente. Pero ha iluminado a muchos y ha calentado un tanto la fría atmósfera social.

Si eres estudiante es posible que no comprendas tu profesión. Habrás visto si eres sincero, que de nada vale la sabiduría médica si un enorme tanto por ciento de males no lo produce nada más que las miserias y las injusticias sociales.

Habrás visto que todas las teorías jurídicas son nada ante el interior de la clase dominante. Habrás visto que de nada valen tampoco las conquistas de la moderna industrialización si la enorme mayoría de la población vive aún las condiciones del abuelo de las cavernas. Entonces, querido camarada, si ninguna de las profesiones anteriores que se cursan en las universidades burguesas te llama, hazte revolucionario. Ve a las cárceles a buscar el doctorado.

Si eres obrero, si comprendes que tus 8 a 16 horas de trabajo son una explotación sin límites, comprende que jamás tú ni la sociedad recibirán el beneficio de tu trabajo, si comprendes que a pesar de todas las huelgas siempre serás explotado, hazte revolucionario. Los oprimidos hoy buscan a estos profesionales que llenan la gran necesidad del momento. Es la profesión sin competencia, la profesión triunfante, la profesión que todo hombre honrado debe desempeñar.

[Aurora, México, diciembre de 1926, núm. 65, pp. 897 y 907.]

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s