La reforma en telecomunicaciones, un pleito de la burguesía

monopolios

“…los trabajadores no tendremos acceso a las nuevas cadenas de televisión, simple y sencillamente porque nuestra condición de clase, con reforma y sin reforma, sigue siendo exactamente la misma: no somos dueños de nada más que nuestra fuerza de trabajo. Nuestros intereses, nuestras luchas, seguirán sin ser “materia informativa” y, por lo tanto, continuaremos usando todos los medios a nuestro alcance, aunque estos sean muy limitados, para hacer llegar a otros trabajadores la información que se genera en el desarrollo de la lucha de clases, en nuestros centros de trabajo, en nuestros sindicatos, buscando tender vínculos organizativos y de solidaridad clasista. Es en esa dirección que debemos avanzar, con independencia, sin aceptar la píldora de la “ciudadanía” que nos ofrecen los poderosos y sin distraer nuestras tareas por participar en sus conflictos, pero tampoco sin perderlos de vista”.

 Carlos López

Durante la noche anterior se aprobó, en lo general y lo particular, la reforma en telecomunicaciones contenida en el Pacto por México. A grandes rasgos, el dictamen obliga a Carlos Slim a comprar la retransmisión de las señales de Televisa y TvAzteca para su compañía de televisión satelital: Dish, o bien renunciar a ella; establece la creación de un organismo autónomo, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) que regulará el otorgamiento, la ampliación o la revocación de concesiones; y permite la inversión extranjera al 100% en el ramo. Con esta reforma, se establecen nuevas reglas para la competencia entre concesionarios de televisión y se resuelve, de modo grotesco, un viejo pleito entre monopolistas a favor de Emilio Azcarraga Jean, dueño de Televisa. La aprobación de esta reforma nos ofrece varios elementos de análisis.

Cabe recordar que el año pasado, en el contexto de la contienda electoral por la presidencia de la República, surgió un importante movimiento social, encabezado por estudiantes de distintas universidades públicas y privadas, que cuestionaba severamente al candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, en tanto que éste representaba el regreso de autoritarismo priista al poder, al mismo tiempo que aparecía ante los ojos de todo mundo como el “candidato de Televisa”, empresa que durante toda la campaña se encargó de colocarlo, a través de la inducción de la opinión pública, como ganador inalcanzable e indiscutible de las elecciones. En este sentido, el movimiento #YoSoy132 no sólo cuestionaba al candidato del PRI por su legado, sino que también exigía que los medios masivos de comunicación se “democratizaran” para que no beneficiaran a un candidato, a un proyecto político en particular.

Ya con el poder en las manos, el PRI aparentemente dio cabida a la demanda que el movimiento había puesto en la agenda nacional: la democratización de los medios. La reforma en telecomunicaciones contenida en el Pacto por México, un documento difuso avalado por representantes de las tres principales fuerzas políticas del país, cuya redacción ambigua sugiere muchas cosas sin explicar cómo se llevarán a cabo, se presentó como un gran avance democratizador en la materia.

Algunos intelectuales del liberalismo, como Raúl Trejo Delarbre, y de la socialdemocracia, como Purificación Carpynteiro, se encargaron de difundirla como la satisfacción de una “vieja demanda ciudadana”. “Es el fin de los monopolios”, decían, pero no hace falta ser un experto para darse cuenta que los monopolios, Televisa, TvAzteca, continúan controlando más del 90% de la oferta en televisión, y que lo único que se hizo, en realidad, fue abrir el mercado a la inversión de nuevos competidores. “Esto va a abaratar los costos para los usuarios”, decían, pero ¿en qué puede beneficiar a los trabajadores de este país, quienes formamos la inmensa mayoría de la población, que la televisión sea más barata porque hay mayor competencia entre concesionarios? ¿Nuestra calidad de vida se va a elevar si en vez de veinte canales de televisión ahora podemos ver cuarenta? ¿Tendremos acceso a contenidos de mayor calidad? La respuesta es muy sencilla: no. La reforma no nos beneficia en nada porque, tal como fue aprobada, sólo habrá mayor capacidad para hacer llegar mensajes publicitarios a los consumidores, por un lado, y por otro, para reproducir con mayor fuerza la voz de la clase dominante, mientras nuestras condiciones de vida se deterioran día con día y cada vez de manera más violenta a partir de la aprobación de la reforma laboral.

En resumen: la reforma en telecomunicaciones no rompe los monopolios que actualmente existen, sólo propicia una mayor competencia entre monopolistas. La competencia no sirve para construir una verdadera democracia, sino para abrir mercados, para llegar a más consumidores a un costo menor.

Por otra parte, los trabajadores no tendremos acceso a las nuevas cadenas de televisión, simple y sencillamente porque nuestra condición de clase, con reforma y sin reforma, sigue siendo exactamente la misma: no somos dueños de nada más que nuestra fuerza de trabajo. Nuestros intereses, nuestras luchas, seguirán sin ser “materia informativa” y, por lo tanto, continuaremos usando todos los medios a nuestro alcance, aunque estos sean muy limitados, para hacer llegar a otros trabajadores la información que se genera en el desarrollo de la lucha de clases, en nuestros centros de trabajo, en nuestros sindicatos, buscando tender vínculos organizativos y de solidaridad clasista. Es en esa dirección que debemos avanzar, con independencia, sin aceptar la píldora de la “ciudadanía” que nos ofrecen los poderosos y sin distraer nuestras tareas por participar en sus conflictos, pero tampoco sin perderlos de vista.

Algunas enseñanzas podemos extraer de este proceso. En primer lugar, que la democracia parlamentaria, las cámaras de diputados y senadores, no son espacios de participación política para los trabajadores, sino el lugar donde la burguesía resuelve y acuerda las leyes para mantener su poder político y económico como clase. Que en el escenario actual, debemos insistir en la necesidad de la organización de nuestra clase social: el proletariado, hasta constar con la fuerza necesaria para cambiar todo el orden social existente. Que en el proceso de organización debemos mantener nuestra independencia y, por lo tanto, generar nuestros propios medios de información y propaganda para llegar a más trabajadores. Que nuestras demandas no tienen nada que ver con las demandas de la burguesía y, por lo tanto, en ningún momento podemos hacerlas nuestras ni considerar que, por ser “ciudadanos”, todos somos iguales.

El camino es largo y complejo, pero los trabajadores no podemos renunciar a caminarlo juntos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s