El 18 de marzo y la reforma energética privatizadora

petroleoCélula José Carlos Mariátegui
Este 18 marzo, en un aniversario más de la expropiación petrolera, no tenemos nada qué festejar, ya que a través del llamado Pacto por México se está planteando una reforma energética que pretende engañosamente justificar, una vez más, los propósitos de privatización en uno de los sectores estratégicos más relevantes para la soberanía nacional.
Este Pacto está redactado de forma abstracta, no especifica las propuestas ni aclara cómo se pretenden realizar los cambios que establece.
El petróleo, al ser sumamente rentable y al no contar con posibilidades de ser renovado, se establece como uno de los recursos que siempre ha estado en la mira de la privatización. Históricamente ha habido varios intentos por parte del gobierno para lograrlo: De la Madrid fue el primero al clasificar los petroquímicos —lo que no existe en ningún otro lugar—, subdividiéndolos en petroquímicos primarios y secundarios, lo que permitía privatizar parcialmente este sector.
Posteriormente, Salinas dividió la paraestatal en cuatro subsidiarias, con lo que prácticamente creó cuatro empresas de lo que antes era una sola. Con ello generó mayor burocratización: pasó de 1 director y 7 subdirectores a 7 directores y 49 subdirectores, todos ellos con cuantiosos salarios.
La finalidad de la división era cortar la cadena productiva y generar precios de transferencia al interior de las subsidiarias, es decir, que se vendían —y aún se venden—entre las propias subsidiarias (todas pertenecientes al Estado) los insumos y productos a precio de mercado (o sea más caro, no a precio de producción) con lo que se encarecían —y encarecen—todos los costos. Por esta razón, la petroquímica se encuentra en un estado de muerte latente y se ha preferido exportar crudo o comprar gasolina refinada en lugar de invertir para tener mayor capacidad de producirla.
Debido a los bajos salarios que ganan la mayoría de los trabajadores de Pemex, esta paraestatal es la que tiene el costo de producción más bajo a nivel mundial. Es así que producir cada barril de crudo le cuesta únicamente 4.9 dolares, mientras que obtiene una ganancia anual de 1,478,562.3 millones de pesos.
Visualizando estos datos podemos identificar que no es cierto que Pemex sea ineficiente ni que necesite una reforma energética en los términos que se plantean para incrementar su producción. Si deseamos que la empresa crezca y mejore, en vez de privatizar, se tendrían que eliminar los precios de transferencia que encarecen descomunalmente los costos, habría que invertir más en refinación y además se tendría que reclamar que Hacienda cobre puntualmente a las grandes empresas los impuestos que deben pagar (las 50 empresas privadas más grandes sólo pagan 78 pesos al año) para ocupar ese dinero en capitalizar a Pemex y en invertir en investigación sobre energía limpia y renovable.
La reforma energética del Pacto por México, en términos reales, servirá para favorecer a la clase burguesa del país: incrementará cuantiosamente la fortuna de sólo unos cuantos, como pasó en el caso de la minería, en el que se otorgaron —y aún hoy ocurre así— amplias consideraciones a las compañías privadas para que no paguen regalías, sino únicamente impuestos sobre las ganancias. Esto se ha reflejado en un considerable incremento de las fortunas de un pequeño grupo de multimillonarios de un año a otro. No es casualidad que, actualmente, dentro de los tres primeros lugares de los mexicanos más ricos en la lista Forbes se encuentren dos personas dedicadas a la minería: Alberto Bailleres y Germán Larrea, quienes subieron a dichos lugares al aumentar sus fortunas en 18.2 y 16.7 billones de dólares, respectivamente.
Por todo lo anterior podemos decir que no nos engañan con el pretexto de modernización, como ha pasado con otras reformas. Sabemos que vienen por lo que queda y que, al ritmo de explotación con el que quieren que Pemex produzca, si seguimos como hasta ahora, las reservas petroleras se acabarán en 9 años.
Por eso es necesario que alcemos la voz y los puños en contra del Pacto por México. El petróleo es de los pocos recursos estratégicos que aún no se han privatizado en su totalidad y debemos evitar que avancen los propósitos que en ese sentido se establecen a través de la reforma energética y este embustero Pacto.

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