El PCM ante la lucha electoral y la democracia en México

20121226-221117.jpgCélula José Carlos Mariátegui

(Ponencia en la conferencia de organización sobre la caracterización del Estado en México)

Quienes han tenido la oportunidad de observar o participar en algún proceso electoral, pueden compartir la sensación de que la democracia es un proceso que se vive solo una vez cada tres o seis años, esto se percibe sobre todo cuando los medios de información masiva llaman a los ciudadanos que están inscrito en el padrón electoral a votar en las elecciones para elegir a quienes elaborarán las leyes o administraran el gobierno. Los requisitos para votar es ser mayor de 18 años y para contender por un cargo de representación electoral se requiere: pertenecer a un partido político con registro, contar con una declaración de principios, un programa, unos estatutos y 300 afiliados en por lo menos 100 distritos electorales. Aparentemente cumplir los requisitos para ser candidato o candidata es sencillo, sin embargo la pelea para ocupar un cargo en el gobierno donde se juega influencia y dinero realmente lo importante es contar con el apadrinamiento de algún empresario así como con el acuerdos entre fracciones o grupos al interno de los partidos que garanticen el financiamiento y el menor número de problemas durante la realización de la campaña electoral.
Participar en la democracia representativa como la llaman los ideólogos liberales y neoliberales es muy fácil, cada periodo electoral hay que ir a votar para después delegar en nuestros “representantes” la toma de decisiones sobre asuntos como: la economía, la seguridad, la política exterior la formulación y cambio de leyes, por cierto algunas de estas como La Ley Federal del Trabajo, tienen la importante función de regular la relación entre obreros y patrones así como las condiciones en las que se dará la compra y venta de la fuerza de trabajo.
Es así como los últimos días estos supuestos representante modificaron La Ley Federal del Trabajo, beneficiando a un sector minoritario de la sociedad -los empresarios-, precarizando y flexibilizando aun más las condiciones laborales de los trabajadores. Comúnmente con cierta facilidad los representantes en el parlamento hacen pasar los intereses de una minoría como si fuesen los de las mayorías; la democracia burguesa de acuerdo con Lenin: “inculca al pueblo la falsa idea de que el sufragio universal es en el Estado actual un medio capaz de expresar realmente la voluntad de la mayoría”, dicha decisión es legitimada mediante la propaganda de gobierno así como de los opinadores de los medios de comunicación masiva.
La disociación entre los intereses u opinión de las mayorías con la capacidad de decisión, no es percibida como mecanismo excluyente pese a que la opinión de todos aquellos que fueron a votar no es tomada en cuenta a la hora de tomar decisiones, la república democrática desde la época de Lenin, “se convirtió en la mejor envoltura de que puede revestirse el capitalismo y por lo tanto el capital, sin que ningún cambio de partido, ni de instituciones dentro de la republica democrática burguesa haga vacilar el poder del Estado”.
La idea de democracia ha sido una aspiración de las sociedades occidentales desde su nacimiento hasta nuestros días, está vinculada a la cuestión de la igualdad entre los hombres, entonces nosotros consideramos que la idea de la democracia es contraria a la acumulación capitalista, a la explotación del trabajo y a la desigualdad en la distribución de la riqueza.
Los comunistas compartimos la aspiración de una sociedad democrática, sabemos que su realización práctica sólo se realizará a partir de la existencia de un modo de producción que promueva la igualdad, no sólo en lo formal sino también en lo material. De tal forma que para los comunistas una verdadera democracia será posible cuando el Estado se encuentre en manos de esa inmensa mayoría que son los trabajadores, es decir sólo en el socialismo a través de sus leyes e instituciones el poder se ejercerá de forma diferente mediante mecanismos de participación popular y la inclusión en el gobierno de la organización de todos los sectores de la población -estudiantes, campesinos, y mujeres-.
La democracia proletaria a diferencia de la burguesa tiene su origen no en una idea sino en la experiencia de la Comuna de París en 1871. La comuna estaba formada por consejeros municipales de los diversos distritos, todos sus miembros eran elegidos por sufragio universal y la mayoría eran obreros o representantes conocidos de la clase obrera. Todos los que desempeñaban cargos públicos lo hacían por el salario de un obrero y podían ser revocados en cualquier momento, había completa elegibilidad de todos los funcionarios.
Después de la experiencia de París, los comunistas han puesto en marcha distintas formas de democracia obrera como: los soviets o consejos de fábrica en la Unión Soviética o la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba; estas experiencias han intentado recuperarla idea original de que la democracia es el gobierno del pueblo a través de diferentes mecanismos donde los ciudadanos con condiciones de vida y una educación similar, participan de forma organizada en la discusión de los asuntos públicos, obligando a llevar los acuerdos establecidos en el proceso deliberativo.
Otra forma de democracia obrera es la que se vive en los partidos comunistas, quienes organizados de forma similar a los sindicatos toman decisiones una vez que se ha discutido colectivamente dando oportunidad a expresar acuerdos y disensos de los militantes, pero una vez que se ha llegado a resolutivos estos deben aplicarse o ejecutarse por todos, de esta manera se cumple con el mandato de la mayoría y se avanza como uno solo.
Vivir la democracia en el Partidos Comunista de México no es tarea sencilla, requiere que cada uno de los militantes deje a un lado vicios y valores adquiridos en la sociedad capitalista y para ello es necesario avanzar en la conciencia e ir cambiando prácticas que promueven el individualismo, el personalismo, la apatía o la falta de solidaridad.
Los valores y principios entre los militantes del PCM son indispensables para lograr la transformación de las condiciones actuales de la clase explotadas, así que al contrario de las instituciones burguesas que promueve la participación, transparencia, legalidad, etc., los valores no se viven de forma ajena.
La burguesía ha demostrado que sus valores son imposibles de materializarse en la sociedad capitalista, muestra de ello son las dos últimas elecciones presidenciales que fueron fuertemente cuestionadas, incluso consideradas ilegitimas por un sector de la población ya que en ambas se corroboró que los medios de información masiva orientaron la opinión de las personas a través de comerciales y encuestas, todos los partidos político excedieron el monto máximo de recursos para las campañas, la compro del voto fue la práctica preferencial junto al acarreo, e incluso el narcotráfico intervino en algunas regiones presionando u obligando a las personas a votar por determinado candidato.
Todas estas prácticas fraudulentas que violan la legalidad del mismo régimen burgués demuestran que la burguesía y sus representantes políticos no respetan las reglas del juego, que a través del parlamento han establecido, evidencian también, que son los intereses de la fracción hegemónica en el poder la que impone un partido en el gobierno, reafirman la tesis de Lenin de que el Estado es por regla general el de la clase económicamente dominante.
La burguesía a través del Estado mexicano desde la revolución de 1910 hasta la actualidad ha intentado controlar la organización obrera a través de las grandes centrales sindicales como la CTM o de La Ley Federal del Trabajo, ha limitado la participación política de los sindicatos de oposición mediante el uso de la fuerza o mediante la corrupción de cuadros así como de líderes sociales, campesinos u obreros.
La clase política en el poder anquilosada en la estructura del Partido Revolucionario Institucional (PRI), corporativizó e inmovilizó a varios sectores de la sociedad, de ahí que ningún partido hasta antes de la década de los ochentas tuviese oportunidad de contender efectivamente contra él, de esta forma es posible explicar que un régimen profundamente autoritario permanezca por más de setenta años en el poder y este de regreso.
Actualmente consideramos que ninguna organización de la clase obrera cuenta con los recursos o los instrumentos necesarios para disputarle el poder a la burguesía en su cancha, de ahí que de principio nosotros consideramos erróneo participar en un juego donde los equipos no siguen sus propias reglas, pero a demás donde las dimensiones de la cancha están hechas a modo es decir donde los límites para participar son las instituciones que velan por el estado burgués y sus leyes para preservar el orden establecido.
Consideramos que el PCM no debe concentrar ni desgastar su s recursos en incorporar al partido en lucha electoral ya que los recursos con los que cuenta no son suficientes, consideramos que ninguna táctica de lucha debe estar negada de antemano pero sólo cuando tengamos la verdadera posibilidad de disputar el poder a la burguesía podremos valorar la oportunidad de jugar en su cancha siempre con el objetivo de una vez ganado el partido habrá que destruir la cancha para garantizar la construcción de otro orden económico y social.
No debemos desviar la mirada de las tareas que como partido nos ocupan, no debemos creer que existen caminos más cortos para enfrentar a la burguesía con una alianza con alguno de los partidos de la burguesía mal llamados socialdemócratas, dichos partidos han alcanzado cuantiosos presupuesto para contender en las elecciones y a un cuando han ganado como en 1988 y el 2006, en las urnas, estos no han tenido la fuerza suficiente para hacer valer dicha situación y confrontar a la clase en el poder.
Frete a la debilidad mostrada por el movimiento obrera, el PCM no tiene de otra para crecer y fortalecerse más que impulsar a los trabajadores, campesinos y estudiantes en su organización, hace falta mucho para tener las condiciones necesarias que nos permitan enfrentar a la burguesía en su cancha o en cualquier otra, avancemos en las tareas de construir instancias intermedias que nutran el partido de verdaderos cuadros revolucionarios y fortalezcamos desde las bases la unidad del movimiento obrero.

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