PARTICIPACIÓN DEL PCM EN EL 3er ENCUENTRO DE ORGANIZACIONES Y PERSONALIDADES CONTRA EL CAPITALISMO Y EL NEOLIBERALISMO

Acudiendo a la invitación hecha al PCM por parte de los compañeros del Frente Nacional de Lucha por el Socialismo, se expuso la siguiente participación en el 3er Encuentro de Organizaciones y personalidades en lucha contra el capitalismo y el neoliberalismo celebrado en la comunidad indígena de Caltzontzin Michoacán  MICHOACAN

LO FUNDAMENTAL ES ACUMULAR FUERZAS PARA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA
NO HAY TÁCTICA SIN ESTRATEGIA

Palabras tales como victoria, derrota, avance o retroceso, son utilizadas muchas veces en un sinnúmero de discusiones políticas, sin embargo dichas palabras carecen de sentido cuando no definen en torno de qué situación se habla de victoria o de avance. Sin embargo esa discusión es la fundamental ¿Quién lucha? ¿Para qué lucha? ¿Cuándo podrá declararse vencedor? Así mismo podríamos hacernos preguntas tales como ¿Un retroceso puede parecer un avance? ¿Una victoria parcial puede allanar el camino de una derrota histórica? ¿Tratando de avanzar podemos retroceder? La respuesta a todas estas preguntas es de manera general, sí.
Un aporte fundamental del marxismo, a través del método del materialismo histórico y dialéctico es el dilucidar que la realidad no se muestra en toda su complejidad a partir de un momento concreto, es necesario hallar las contradicciones dentro del proceso histórico que la conforman para poderla interpretar acertadamente; así pues, el sentido común puede ser altamente traicionero, pues este se funda en una visión parcial de la realidad. Es por ello que muchas veces, no solamente en la lucha política sino también en la vida misma, las consecuencias de un hecho no se muestran sino hasta tiempo después de que este ocurrió, provocando muchas veces la reflexión tardía de quien reza: “si yo hubiera sabido que esto pasaría…lo hubiera hecho distinto”.
El futuro no puede predecirse de la forma en que nos gustaría, a través de bolas de cristal, espejos mágicos o mecanismos de esa naturaleza, sin embargo, existen elementos que nos pueden aportar cierta capacidad de previsión. Así mismo, la previsión adquiere sentido precisamente cuando se está tratando de construir un proyecto de futuro.
La obligación de todo revolucionario, como decía el Ché, es hacer la Revolución, y para ello está obligado no solamente a luchar, sino a hacerlo de una forma en que ésta apunte a un lugar, el triunfo de las clases explotadas por encima de la burguesía, derrocando el poder de ella para edificar uno nuevo donde los trabajadores sean los constructores de su destino. Pasado, presente y futuro, han de ir íntimamente relacionados en la lucha, pues en los procesos históricos, los tres momentos cuentan; suponer la posibilidad de romper con alguno de ellos, es prácticamente renunciar a la construcción consiente del futuro. Pretender que se puede prescindir de la historia en la interpretación del presente, o bien que el futuro se puede sacrificar en función del pasado o del presente mismo, es también una contradicción tan grave que lleva a la total inconsecuencia y el extravío político. El comunista italiano Antonio Gramsci, lo entendía así:
Es cierto que prever significa solamente ver bien el presente y el pasado en cuanto movimiento; ver bien, o sea, identificar con exactitud los elementos fundamentales y permanentes del proceso. Pero es absurdo pensar en una previsión puramente “objetiva”. Quien hace la previsión tiene en realidad un “programa” para hacerla triunfar, y la previsión es precisamente un elemento de este triunfo. Esto no significa que la previsión deba ser siempre arbitraria y gratuita o puramente tendenciosa. Puede decirse más bien que el aspecto objetivo de la previsión sólo adquiere objetivad en la medida en que está relacionado con un programa
Un verdadero revolucionario comprende que la lucha no puede orientarse al mejoramiento del capitalismo, pues este, desde la perspectiva de los explotados, no es mejorable. No hay tal cosa como un capitalismo humano, o capitalismo mejor, por lo tanto tampoco existe tal cosa como un capitalismo peor. Este forma en su conjunto una totalidad dialéctica definida históricamente. El modo de producción capitalista tiene cierta flexibilidad dentro de sí mismo, a veces aparenta avanzar y otras retroceder en sus ambiciones, esto le da la apariencia de que existen mejores y peores formas de vivir en el capitalismo. Aunque a corto plazo esto parece ser cierto, el estudio de la historia a la luz de la teoría marxista, nos permite comprender que el capitalismo encierra en sí mismo una serie de contradicciones que lo obligan a reconfigurarse constantemente.
La principal de ellas es la contradicción entre capital y trabajo, entre la burguesía y el proletariado, lo cual da pie a la lucha de clases. Un Estado burgués como el mexicano, es capaz de sacrificar una porción de la ganancia capitalista con tal de impedir que la clase trabajadora se encamine hacia la conquista del poder. Así pues, se desprende de una parte de la ganancia para invertirla en represión, y de otra para invertirla en conceder algunas demandas de los explotados. A mediano y largo plazo, la clase capitalista considera útil dicha inversión toda vez que sacrificar la ganancia de unos cuantos años para asegurar la perduración de la explotación capitalista por décadas resulta, incluso en términos de dinero, bastante redituable.
¿Esto significa que los comunistas renunciamos a luchar por reformas? Por supuesto que no, a lo que nos oponemos es al reformismo, que entendido en términos generales, supone la posibilidad de renunciar a la lucha revolucionaria, es decir, supone que de reforma en reforma los trabajadores alcanzarán la libertad. El reformismo es un engaño que supone precisamente lo que señalábamos anteriormente, el divorcio del pasado con el presente y con el futuro, la eliminación de la estrategia revolucionaria en función de respetar la existencia dominante del capital. Lenin lo dice claramente:
los marxistas admiten la lucha por las reformas, es decir, por mejoras de la situación de los trabajadores que no lesionan el poder, dejándolo como estaba, en manos de la clase dominante. Pero, a la vez, los marxistas combaten con la mayor energía a los reformistas, los cuales circunscriben directa o indirectamente los anhelos y la actividad de la clase obrera a las reformas. El reformismo es una manera que la burguesía tiene de engañar a los obreros, que seguirán siendo esclavos asalariados, pese a algunas mejoras aisladas, mientras subsista el dominio del capital. Cuando la burguesía liberal concede reformas con una mano, siempre las retira con la otra, las reduce a la nada o las utiliza para subyugar a los obreros, para dividirlos en grupos, para eternizar la esclavitud asalariada de los trabajadores. Por eso el reformismo, incluso cuando es totalmente sincero, se transforma de hecho en un instrumento de la burguesía para corromper a los obreros y reducirlos a la impotencia. La experiencia de todos los países muestra que los obreros han salido burlados siempre que se han confiado a los reformistas. Por el contrario, si los obreros han asimilado la doctrina de Marx, es decir, si han comprendido que es inevitable la esclavitud asalariada mientras subsista el dominio del capital, no se dejarán engañar por ninguna reforma burguesa. Comprendiendo que, al mantenerse el capitalismo, las reformas no pueden ser ni sólidas ni importantes, los obreros pugnan por obtener mejoras y las utilizan para proseguir la lucha, más tesonera, contra la escalvitud asalariada. Los reformistas pretenden dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase. Los obreros, que han comprendido la falsedad del reformismo, utilizan las reformas para desarrollar y ampliar su lucha de clase.
Así pues, la obligación de hacer la Revolución, no pasa sólo por la aceptación discursiva de que estamos a favor del comunismo; es necesaria la construcción de la estrategia, una organización revolucionaria está obligada a caracterizar cada una de sus acciones en función de dicha estrategia, es decir, debe haber coherencia plena entre lo que se dice y lo que se hace.
Es por eso que en el caso de México, nos oponemos rotundamente a las suposiciones y afirmaciones infundadas que pretenden que existe la viabilidad de un capitalismo menos agresivo, si este fuera gestionado por el PRD, por López Obrador o por alguna fracción progresista de la burguesía. Por el contrario, lo que la experiencia nos muestra es que dicho tipo de opciones, simplemente logran confundir a los trabajadores y explotados, haciéndoles parecer que la lucha revolucionaria es una pérdida de tiempo. Dichas opciones políticas, diciendo favorecer a “los pobres”, son expertos en diseñar programas para ayudarlos a seguir siendo pobres y no morir en el intento, mientras le dan tiempo y espacio a las fuerzas más agresivas de la burguesía para recomponerse y cobrar los intereses de lo concedido.
Cuando esto ocurre, los oportunistas insertos en el movimiento popular, proclaman a pecho abierto: ¡victoria! ¡victoria! Sin medir realmente que tanto se ha acercado o alejado el proletariado en su búsqueda por derrocar a la burguesía y conquistar el poder. En cambio, un revolucionario, a veces puede sacrificar algo inmediato con tal de conquistar algo más grande, de trascendencia histórica, por ello es que incluso puede poner su vida de por medio, no porque esta no valga sino porque comprende que no puede subordinar la estrategia a la conservación de la misma. Así mismo ha de valorar cualquier lucha con visión estratégica; no sólo pone en el tablero si una demanda es justa o no, sino también la discusión sobre el método legítimo para obtenerla; y este método no es otro más que el que apunta a fortalecer la correlación de fuerzas del trabajo en contra del capital.
Así pues, mientras los oportunistas insertos en el movimiento popular insisten en la posibilidad de prescindir de la teoría revolucionaria, o de la proyección de la lucha social hacia la Revolución socialista; nosotros los comunistas habremos de insistir en lo contrario, y enfrentar dicho debate con precisión y con propuesta. Para lograr la coherencia entre la teoría y la práctica, entre el pasado el presente y el futuro, entre la estrategia y la táctica, entre la lucha y la Revolución, entre la Revolución y la emancipación.

¡POR LA REVOLUCIÓN Y EL FUTURO COMUNISTA!
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES… UNÍOS!
PARTIDO COMUNISTA DE MÉXICO

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