Reivindicación de la teoría leninista del Estado

el-estado-y-la-revolucionEn días pasados, el Partido Comunista de México realizó su Conferencia de organización sobre la caracterización del Estado en México tomando en cuenta las siguientes necesidades: “discutir y profundizar en las cuestiones centrales de la teoría marxista leninista del Estado… contar con un diagnóstico preciso de las concepciones que la militancia guarda acerca de nuestras ideas sobre el Estado. Pues de esta claridad depende, en buena medida, la consecución  y firmeza de nuestros objetivos políticos como un partido revolucionario de la clase trabajadora.  

Igualmente, considerando necesario “avanzar hacia la construcción de una  caracterización más exacta del Estado mexicano; cuya elaboración  nos permitirá,  en el  ámbito de la vida cotidiana de las células, definir  tácticas adecuadas y eficaces en las que desarrollamos la lucha y trabajo concreto”.

A partir de ahora iremos publicando algunas de las intervenciones realizadas en este evento, con la finalidad de que un público más amplio participe también de estas discusiones.

Reivindicación de  la teoría leninista del Estado, como tarea de la construcción partidaria
Irlanda Amaro Valdés

El problema del poder del Estado es fundamental en toda revolución. Sin comprenderlo claramente,  no puede ni pensarse en participar conscientemente en la revolución y mucho menos en dirigirla.

Lenin,  La dualidad de poderes.  Abril de 1917

 Como sabemos, el triunfo de la contrarevolución en la Unión Soviética y la caída del bloque socialista condujeron  a un importante retroceso del movimiento comunista internacional. Esto no sólo debilitó fuertemente la capacidad combativa de la clase obrera, sino que también dio paso a una embestida ideológica en la que la teoría marxista leninista fue desprestigiada y puesta en los anaqueles de las librerías de viejo, como una especie de pensamiento fallido y reprobable. Las concepciones marxistas leninistas acerca del Estado no fueron la excepción y  por todos lados se hablaba de la superación de la visión limitada que los partidos comunistas tenían acerca del desarrollo del Estado y su posición combativa frente a éste. Con esto,  “novedosísimas” teorías a cerca  de  la conformación y organización del Estado fueron traídas a primer plano no sólo en las academias, sino también en al seno de los nacientes partidos progresistas, reformistas y oportunistas, que echaron mano de estas teorías para justificar el abandono del programa máximo de la clase obrera.

Estas “novedades” sobre el Estado no eran sino diversas concepciones matizadas, reelaboradas o revolcadas, de la clásica concepción liberal burguesa de éste,  en la que El Estado aparecía como un contrato celebrado entre hombres libres (mujeres ni por error),  para ceder su cuidado y bienestar a una representación estatal, cuya función esencial sería salvaguardar dos ideales, en principio,  sumamente contradictorios: las libertades civiles y los derechos sociales.

Así, con esta dulce unión, la democracia parlamentaria de corte europeo y estadounidense aparecía, no sólo como la única forma viable  de organización societal, sino como la más deseable y la más noble aspiración del género humano, para convivir libre, en paz y democráticamente.

Con el movimiento obrero mundial en retroceso y el clima de pesimismo generalizado después de la caída del muro de Berlín, los ideólogos de la burguesía concentraron sus  esfuerzos  contra la teoría leninista del Estado sobre todo endos puntos:

  1.  Afirman que se trata de una teoría reduccionista a la hora de explicar el Estado, puesto que lo caracteriza esencialmente como una dictadura de la clase dominante, como una maquinaria al servicio de la perpetuación en el poder político de una clase, que además posee exclusiva y legítimamente el uso de la  violencia para reprimir todo acto considerado como una amenaza al Estado. Para los ideólogos burgueses, desde los más conservadores, hasta los oportunistas progresistas, el Estado es siempre una cuestión mucho, mucho más compleja, quizá sólo equiparable, a la hora de tratar de explicarla con el misterio de la santísima trinidad o el eslabón perdido de la evolución humana.  Así, diversas teorías recientes del Estado, algunas hechas desde la filosofía, otras desde la sociología y repetidas en sus versiones digeridas por los analistas políticos de la televisión y el radio, concentran sus esfuerzos en demostrar qué reducida es nuestra versión del Estado y en explicar que El Estado es el resultado de un complicado entramado de relaciones sociales, económicas y administrativas, que conducen a complejos mecanismos jurídicos de resolución de los conflictos a través de la representación,  o bien, los más “progresistas” aseguran que el Estado es, ante todo, un gigantesco aparato de dominación ideológica y no, en principio de dominación real, del que es posible liberarse con la concientización de la gente y el mejoramiento de los accesos a la vida política.
  2. La segunda crítica se deprende  de la primera  y sostiene que la teoría marxista leninista del Estado es  en sí misma apologética de la violencia y defensora ciega y a ultranza de la lucha violenta como forma de alcanzar el poder del Estado. Es decir, concentra sus esfuerzos en caracterizar a la lucha comunista como esencialmente antidemocrática y como una fuerza atrasada que se negaba a abordar el barco de la democracia parlamentaria como la única forma de organización social valida y deseable; el comunismo aparece como la única voz que no se unía al eufórico coro de la “trasformación democrática del mundo”.

Estas críticas se difundieron tan ampliamente,  que la búsqueda de la trasformación democrática del estado se convirtió en  la bandera de diversas fuerzas políticas y, en el caso de México, igual la abrazan tanto de los conservadores del PAN, como los oportunistas del PRD, que con los debidos matices  la consideran remedio de todos los males que padece México. Sin embargo,  la realidad siempre va un paso más adelante que el idealismo burgués, y las innumerables “transiciones democráticas” que suceden aquí y allá no han logrado a minorar los efectos de las incesantes crisis del capitalismo, no han significado de manera permanente y sostenida un mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y campesinos más pobres y tampoco por supuesto,  han asegurado una convivencia estable y pacifica entre países.

Ante esto, el corazón de la teoría marxista lenista del estado, después de treinta años de contra revolución,  no sólo mantiene vigente su carácter explicativo, sino que sigue siendo faro de la lucha revolucionaria que busque la verdadera trasformación de la sociedad actual.  Esto se debe a que desenmascara la irresoluble contradicción en que se funda el Estado capitalista moderno y la forma en que los pensadores liberales buscan encubrir dicha contradicción. Y es que Lenin, retomando a Marx y Engels muestra que el  Estado burgués busca contener intereses irreconciliables, al tiempo que los disfraza de intereses comunes y compartidos entre clases sociales antagónicas.  Y es que no es posible por un lado garantizar la libertad individual y económica de determinados miembros de la sociedad (que se traduce en el derecho de unos cuantos a enriquecerse con el trabajo ajeno) y por otro, pretender garantizar el derecho de acceso a las decisiones políticas y a la riqueza producida por medio de derechos sociales para todos los miembros de la sociedad. El Estado capitalismo moderno no está fundado en una conciliación de intereses, sino en la dominación y contención de una clase social sobre otra. A lo largo de estas tres décadas hemos podido ver cómo el estado moderno puede revestir las más diversas formas; reduciendo al máximo su intervención en la gestión de la política y la economía nacional, favoreciendo el imperialismo o bien restringiendo y cuidando la ampliación de las relaciones capitalistas en un determinado país. Todo esto siempre al servicio de la clase en el poder: la burguesía;  y sin alterar su carácter de dictadura de una clase sobre otra. Con esto podemos ver que las concepciones leninistas básicas acerca del Estado, a saber que:

-El Estado Capitalista surge con la división de la sociedad en clases y es la expresión de la contradicción irresoluble entre ellas.

-Que la organización política de la clase dominante, mediante la cual persigue el objetivo de mantener el régimen existente y por tanto, toda forma de resistencia que surja hacia dicho régimen por medio de la violencia.

-El Estado es necesario precisamente para encubrir y mantener esta dominación.

Demuestran que las dos principales críticas hechas por la ideología burguesa a nuestra concepción del Estado, no son sino el afán de cubrir el carácter violento y esencialmente opresor del Estado capitalista; y que es precisamente de este carácter opresor de dónde surge la violencia y no de la oposición a él.  Para la clase trabajadora, protagonista central de esta contienda, la defensa en el terreno ideológico de la concepción leninista del Estado es central. Pues determina una estrategia y una táctica acertadas. Para el partido de la clase trabajadora y los campesinos pobres  la demolición del Estado como expresión de la dictadura de la burguesía y la construcción de una nueva forma de poder son aspiraciones básicas si, como anota Lenin,  queremos no sólo participar en la revolución sino además, dirigirla.

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