¿Por qué se está aprobando la reforma laboral en México?

La realidad no se supera con ficción
Andrés Avila Armella[1]

En estos días, los trabajadores en México miran y escuchan atónitos -en general, desinformados y desmovilizados- que en las cámaras parlamentarias, se aprueba una reforma tendiente a abaratar su trabajo y a debilitar su capacidad para defender sus derechos. Se trata de los derechos que de por sí eran pisoteados en los hechos, pero ahora son quitados también del papel. Estamos presenciando, más que otra cosa, la forma en que  la burguesía se precia públicamente de reivindicar en el plano ideológico, lo que ya venía aplicándose en el plano de la realidad material; de formalizar en la superestructura la forma en cómo organiza el trabajo y la producción en la estructura. Se encuentran legalizando su pretendido derecho a disponer del trabajo ajeno de la forma y en el tiempo que el capital lo requiera, al modo insaciable y desenfrenado que caracteriza a la burguesía como clase social.

Para explicar las condiciones que permiten que esta imposición se esté concretando, estableceré algunos puntos breves a manera de condiciones históricas:

1.- La burguesía nunca ha tenido la iniciativa de otorgar derecho alguno a los trabajadores, por el contrario, su comportamiento como clase le ha indicado desde la etapa temprana del desarrollo capitalista, que la fuerza de trabajo debe explotarse al máximo; es decir, de obtener la mayor cuota de plusvalía; el máximo beneficio por la fuerza de trabajo, habiendo pagado lo menos posible por ella.

2.- Todas las restricciones a este impulso capitalista  que hoy pueda conocer el mundo, son producto de la lucha de los trabajadores, ya sea porque lucharon por imponerle al capital algunos límites en su explotación de manera directa, a través de la lucha por el derecho a la contratación colectiva, a la jornada de ocho horas, al seguro médico, el derecho a huelga, etc. O bien, de manera indirecta cuando el avance de la lucha de los trabajadores por su emancipación, dio pasos significativos, como lo fue el caso de la Revolución bolchevique y del avance del socialismo en el siglo XX.

3.- En México, el nivel máximo de conquista de los derechos laborales, en el plano legal, se da con la aprobación del artículo 123 constitucional en febrero de 1917, en medio de una revuelta nacional, dentro de la cual participaban ejércitos populares de fama mundial como lo fueron la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur (ELS). Si bien estas dos fracciones fueron excluidas del Congreso Constituyente, existía una disputa por la base social de la Revolución. De alguna manera, los generales que redactaron y promovieron la aprobación de dicho artículo sabían que sin la promesa de cristalizar los derechos que demandaba el movimiento obrero, difícilmente podría ser pacificado el país, y dejarían en manos de Villa y Zapata la posibilidad de lograr una alianza definitiva entre los campesinos y la clase obrera; no hay que olvidar por ejemplo, que el ELS había promulgado en Morelos una ley del trabajo más ambiciosa en términos de las demandas obreras que la propuesta en el artículo 123.

4.- La historia posterior a 1917 sin embargo, mostró a los trabajadores mexicanos que no es lo mismo conquistar un derecho en el papel que en los hechos. La política burguesa dirigida por el gobierno post- revolucionario, no tuvo la voluntad de cumplir el artículo 123 sino hasta que el nuevo auge del movimiento obrero de los años 20s y 30s lo fue forzando a hacerlo. El movimiento obrero, entonces, era dirigido en gran parte por comunistas y anarcosindicalistas, quienes acogiéndose simplemente a su tradición de lucha y a la redacción del art 123 constitucional, dieron la lucha obrera con independencia de clase, con la organización decidida e independiente de los trabajadores. No se pedía permiso para irse a huelga, ni para formar sindicatos, ni para manifestarse. La lucha se ganaba en las barricadas, en los centros de trabajo y en las calles.

5.- El Estado mexicano no tuvo más opción que maniobrar ante la situación. Para la burguesía, en ese entonces no quedaba otro remedio que aceptar que si quería evitar la radicalización del movimiento obrero y una nueva etapa de la revolución mexicana que amenazaba con mirar hacia el socialismo, tenía que aceptar que habría de conceder a los trabajadores ciertos derechos, los cuales de ninguna forma acababan con la explotación del trabajo asalariado, pero le ponían algunas restricciones.

6.- Burguesía y Estado, idearon entonces la forma de pactar con el movimiento obrero, de cooptarlo en gran medida y de corromper a algunos de sus dirigentes para así aislar a los “rojos” y poderlos reprimir. En ese contexto se aprueba la Ley Federal del Trabajo de 1941, la cual, más que otra cosa, restringe los derechos que se otorgaban en el artículo 123. Es decir, lo que aparece como derecho en la constitución, la LFT le impone tiempos y formas que sin duda dificultan más su defensa que su violación. Las restricciones que impone la LFT a los derechos consagrados en el artículo 123, han permitido durante años que la burguesía pisotee y se burle del derecho a huelga, a la contratación colectiva, a la estabilidad laboral, etc. Para lograr por ejemplo la reinstalación de un despedido, la burocracia puede tener a un trabajador 15 años dando vueltas en los tribunales hasta que se le otorgue su reinstalación. Después de tanto tiempo ¿Quién podría hablar de justicia? Como es lógico, la mayoría de las veces, la burguesía no ha sufrido consecuencias por la violación de los derechos laborales, y si ha sufrido alguna, es excepcional, lo cual implica que desde el punto de vista de la explotación, les sale bastante barato.

7.- En lo general, la burguesía sólo ha aceptado el cumplimiento de los derechos laborales ante aquellas situaciones que se lo exigían como un imperativo político. El régimen priísta, le aseguró a la burguesía que no tendría más problemas laborales, pero que confiara en su estructura para controlar al movimiento obrero. Y, claro, ese control tenía un costo, por lo que en algunos casos ese costo era precisamente respetar algunos derechos laborales con la finalidad de que el líder sindical “charro”[2], mantuviera controlada a la base de los trabajadores.

Con dicha práctica sindical, el Estado mexicano logró mantener al movimiento obrero en la lucha exclusiva por la obtención de reivindicaciones económicas, los charros se encargaban de eso, pero también de mantener a los obreros alejados de la política; con ello la clase obrera fue perdiendo capacidad e independencia política. El supuesto de que la lucha política podía sacrificarse en función de los beneficios económicos, ha llevado a la postre, a la pérdida también de los derechos inmediatos y elementales.

8.- Con dichas condiciones, con la clase obrera fragmentada, dividida y corporativizada, con el silencio de los líderes sindicales corruptos, la burguesía simplemente ha venido aplicando en los hechos, las reformas que ahora está aprobando. Junto con la precarización del trabajo, estas medidas, aplicadas de facto han contribuido a profundizar la crisis política de la clase obrera en México.

Muchos de quienes hoy dicen oponerse a la reforma laboral, en los hechos, se han quedado mudos a la hora de pelear dentro de su gremio por la defensa y aplicación irrestricta de los derechos laborales conquistados. El outsourcing, la subcontratación, el pago por horas, etc, se aplica por ejemplo dentro de los centros de trabajo de los sindicatos de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT)[3]; Teléfonos de México y la UNAM son ejemplos claros de ello.

Es necesario comprender que este tipo de ajustes legales se dan por la necesidad imperiosa del capital de aumentar la cuota de plusvalía y la tasa de ganancia: no son una simple puntada de un presidente o personaje público del aparato estatal. Por tanto, para revertir dicha tendencia se requiere de una lucha férrea y decidida en contra de los dueños del capital y en contra del Estado mexicano.

La reforma laboral no se echará para atrás con convocatorias fantasiosas ni con simples declaraciones, el tema central es la correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo. Esta situación es reflejo de la correlación de fuerzas en la lucha de clases, revertir no solamente la reforma laboral, sino revertir las políticas patronales más agresivas, requiere principalmente de construir la fuerza organizada de los trabajadores, con independencia de clase.

Los derechos conquistados por los trabajadores no se pelearon  en el parlamento sino en las calles, en las barricadas, en la lucha popular, en la huelga que se aplicaba de facto, aún en la ilegalidad; plantear que la aprobación de la reforma laboral es un tema de correlación de fuerzas en la cámara de diputados, es más que una falsedad, un argumento que tiende a seguir promoviendo la dependencia política de los trabajadores con respecto de los partidos políticos burgueses.

Si nos preguntamos ¿Por qué se está aprobando la reforma laboral? Tendríamos que contestar secamente, porque pueden, porque nada se los impide realmente, y la burguesía no se detiene por sí misma, se le detiene con la fuerza organizada de quienes son explotados por ella; donde no se le detiene, simple y sencillamente avanza.

A estas alturas, los operadores políticos del Estado mexicano saben perfectamente que tan en serio deben tomar la palabrería de los líderes sindicales corruptos, quienes sin embargo ocupan un discurso izquierdista. Pero en cambio, las organizaciones que verdaderamente se estén planteando la organización de la clase obrera con los principios teóricos del marxismo leninismo deben saber perfectamente que la lucha de clases es un asunto más serio y que la fuerza organizada de los trabajadores no brotará de la nada, ni de la voluntad de funcionarios de Estado, sino del trabajo tenaz y de base que se realice entre la clase trabajadora. Cuando esto ocurra, tendremos otra correlación de fuerzas, y entonces podremos pelear por algo más que una ley, podremos pelear por el mundo que le pertenece a los trabajadores.


[1] Miembro del Buró Político del Partido Comunista de México.

[2] Se les llama líderes charros a los líderes sindicales corruptos que sobre todo formaban parte de la estructura corporativa del PRI.

[3] En principio la UNT, se considera a sí misma, enemiga del charrismo sindical, algunos de sus dirigentes más visibles son, además, militantes del Partido de la Revolución Democrática. Sin embargo incurren en las mismas prácticas que los llamados charros, por lo que en el sindicalismo independiente se les conoce como neocharros.

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