Adelante la batalla de ideas ¡¡A defender el marxismo!!

PALABRAS DEL CAMARADA  Andrés Avila Armella en la presentación de la revista “MARX…ISMOS. Educación, Política y Socieda” en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Morelia Michoacán a 30 de agosto de 2012
Nada nace de la nada, todo lo nuevo surge de alguna forma de lo viejo, el Marx que conocemos no se explica sino por una serie de circunstancias históricas que rodearon su pensamiento.
Había entonces en Europa un auge del desarrollo capitalista, el mundo sufría una transformación tan profunda que incluso en ese entonces, los hombres más ilustres de la época no pudieron identificar; había entonces explotación, la vida de la gran mayoría de los pobladores de la creciente sociedad capitalista, sacrificaban más lentamente o más rápido, su ser, su vida, su capacidad física e intelectual, en medio de máquinas que producían mercancías, las cuales se perfilaban ya como una fuerza social tan grande que no deja de sorprendernos con su poder.
Había entonces dolor, el dolor físico de la explotación se siente en los huesos, en los músculos, en el agotamiento mental, pero también había dolor emocional, el dolor de la humillación, de saber que no se es dueño de la propia vida y voluntad, dolor emocional de millones de hombres que son tratados con violencia física y psicológica, de hombres que ven que otro hombre siente más respeto por sus máquinas que por las personas que las hacen funcionar.
Surge entonces el grito de dignidad y lucha de aquellos hombres quienes se rebelan de cuantas formas les permitió su imaginación hacerlo, enviando cartas, peleando contra las máquinas, huyendo a los campos que el desarrollo industrial aún no destruía; esos hombres luchaban contra un enemigo cuyo verdadero rostro no se revelaba ante ellos, surge la marcha, la huelga, la barricada, la clase obrera siente la explotación y busca evitarla, incluso antes de poder interpretarla, antes de entender cómo funciona, pero el dolor provoca movimiento y el movimiento obrero hacía retorcer de coraje a quienes viviendo del trabajo ajeno demandan siempre más y más.
Se forma un grupo de obreros, protestan contra su patrón, pero descubren que hay más hombres como ellos, más explotados, más cuerpos amoldados a las máquinas cuya esencia reclama la libertad que le permita recuperar al hombre su forma humana, su forma que física y mentalmente le hace libre. Surge entonces la clase obrera como algo más que un conglomerado de hombres explotados, surge como una porción de la humanidad que al saberse explotada, busca afanosamente su emancipación.
Y surge Marx, el producto de su época, producto del movimiento obrero quien sigue buscando respuestas y que encuentra en el estudioso de la filosofía, el derecho y la economía a su instrumento para iluminar el camino que deseaba. Y Marx se funde además con la clase que lo ha convertido en una de sus mejores armas, y entonces se contagia de la ira de clase, del deseo profundo de transformación, y los burgueses de toda Europa empiezan a identificar en el nombre de un hombre a sus mayores temores, y lo expulsan de cuanto lugar pudieron, de Francia, de Alemania, de Bélgica, y Marx no calla, y Marx perfecciona su estudio, porque la clase obrera, porque el proletariado y porque la humanidad ameritan el sacrificio de un hombre que entonces decide dedicar prácticamente cada minuto de su tiempo, a conocer a su enemigo y a darle armas a su clase.
Marx sin embargo se encuentra con situaciones preexistentes, los obreros ya luchaban, ya había otras mentes liberadoras, ya habían organizaciones, sectas, clubes y sociedades secretas que pretendían acabar con aquello a lo que se llamaba explotación. Sin duda Marx no puede explicarse sin esa situación, pero ella al mismo tiempo ha sido agotada históricamente, la emancipación de la humanidad, el fin de la explotación, el fin del dolor que unos hombres provocan a otros para exprimir de ellos su trabajo, no se logra sólo con buenas intenciones. La tarea titánica exige precisión milimétrica, no se requieren sólo interpretaciones del mundo que reclama transformaciones, y esas no las harán los hombres de fantasía, ni los seres supremos, la liberación será producto precisamente de quienes carecen de libertad.
La respuesta no está en las suposiciones o predilecciones de quien simplemente anhela un mundo mejor, la respuesta está en las fuerzas vivas y ascendentes de la historia quienes al constituirse como fuerza social, pueden hacer del mundo aquel lugar al que aspiran a tener por hogar, y esa gran fuerza social tiene nombre, es una clase social, el proletariado.
Y Marx no impone ni hace berrinches al movimiento obrero, lo conoce, lo penetra, lo analiza y lo orienta, y no siempre está de acuerdo con las decisiones del mismo, como ocurrió durante la gran experiencia de la Comuna de París, pero Marx siempre está con ellos, nunca habría de traicionar a su clase y de cada experiencia surgía una nueva tesis, una teoría que se hace una con la práctica.
Ha habido muchos pensadores, pero, en la sociedad contemporánea, ninguno ha inspirado y orientado a tantos hombres en la búsqueda de la libertad, en el anhelo de sacudirse aquellas cadenas que eran lo único que los proletarios podrían perder en una Revolución. En efecto, el marxismo no es el único pensamiento liberador, pero sí es el que más lejos ha llegado en su aplicación liberadora.
Marx ha sido un catalizador de la historia, un hombre que con su ejemplo y pensamiento, nos hizo posible conocer a otros grandes que siguieron después de él, comenzando por su camarada inseparable, Engels, a Lenin, el comisario de los Soviets y quien tuviera el privilegio de dirigir la primer revolución socialista triunfante, Rosa Luxemburgo la mujer que aún cuando hoy tendría más de cien años podría ser hoy en día la mujer más moderna y avanzada en la lucha en contra de la opresión hacia ellas, Gramsci, el ferviente luchador antifascista, el incansable Mao, el inolvidable tío Ho, el guerrillero heroico, el entrañable Ché Guevara, y a su gran amigo y camarada, el todavía pensador vivo Fidel Castro.
No es posible comprender la historia de las luchas que se han llevado desde la aparición de Marx, a la fecha sin contemplar a Marx y su pensamiento, a favor o en contra, para retomarlo total o parcialmente, pero Marx siempre está presente, ya sea como el faro que alumbra el camino del navegante de la libertad, o ya sea como la pesadilla de la clase que aunque hoy se siente muy segura de su victoria, cada que escucha que existen hombres que siguen pensando en tomar la solución marxista, tiemblan, se ponen nerviosos, indagan y buscan reprimir a quienes son señalados como tales.
Le pese a quien le pese, el marxismo no ha sido superado, pero afortunadamente, Marx nos dejó un pensamiento que es enriquecible, y no es sólo su legado sino el de la clase obrera, el del movimiento obrero y el legado de todos los que han vivido y han muerto luchando por la Revolución, el marxismo es hoy más grande que cuando Marx escribió su obra, pues ahora hay más experiencia, no sólo es la comuna de París, están cientos y miles de luchas más. Por ello, dejarlo de lado sería más que un desperdicio, sería prácticamente un crimen.
Sirva pues ésta revista para rendir homenaje al hombre que nos ha dotado de aquel pensamiento tan completo que nos sigue sirviendo para conocer nuestra realidad, sirva también de homenaje a todos los marxistas, hombres y mujeres de teoría y práctica que hoy nos permiten saber que de algo bueno puede salir algo mejor, y sirva también de invitación, de provocación para pensar, para retomar el análisis materialista de la historia, y sirva también para darle bocanadas de oxígeno a todos los explotados de la tierra que buscan libertad y reclaman respuestas.

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Un pensamiento en “Adelante la batalla de ideas ¡¡A defender el marxismo!!

  1. muy buena reflexión, honesta y valiente. fundamentalmente para nosotros los obreros cuando subsumidos en la vorágine de esta etapa del capitalismo se nos imponen nuevos ritmos de trabajo,nuevas formas de organización y mayor explotación en los procesos de trabajo. Marx y su pensamiento es el hilo conductor para entender el por qué,es más vigente que nunca,es la única y verdadera arma de los explotados. felicidades Andres .

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