Una cuestión de método: consideraciones generales sobre el análisis de situación

Teoría y práctica
Job Hernández Rodríguez

El análisis de situación parte de reconocer que la sociedad en que vivimos está dividida en campos antagónicos definidos básicamente por el conflicto entre intereses de clase, algunos de carácter irreconciliable. Para una mirada de este tipo, los acontecimientos sociales son resultado del conjunto de las relaciones de fuerza en un momento determinado de la historia. El tejido de estas relaciones de fuerza es el objeto a investigar en cada momento para conocer por qué la historia tomó tal o cual curso, o en qué sentido podemos orientar dicho curso partiendo de hechos determinados y no de simples especulaciones o deseos.

Por todo esto, el análisis de situación es siempre un análisis de las relaciones de fuerza que se establecen entre los distintos contingentes sociales (clases, fracciones de clase, bloques, partidos, etc.)

En términos generales, el análisis de situación nos sirve para intervenir de manera más efectiva en la realidad. No resuelve todos los problemas de la acción revolucionaria y no es un recurso infalible, pero es un valioso instrumento para superar la espontaneidad del movimiento revolucionario con la finalidad de convertirnos de producto ciego en factor conciente de la historia.

Los objetivos principales de todo análisis de situación serían:

  • Evaluar las fuerzas propias y ajenas, haciendo un análisis de nuestras fortalezas y debilidades, así como de las fortalezas y debilidades de nuestros aliados y de nuestros enemigos. El análisis debe tomar en cuenta todas las fuerzas en lucha: debe ver arriba y abajo, a la izquierda y a la derecha. Debe ser, por ejemplo, un estudio de todas las clases sociales y de las relaciones que se establecen entre ellas.
  • Distinguir entre las distintas etapas del proceso revolucionario para plantear las tareas pertinentes en cada caso (repliegue, acumulación de fuerzas, ofensiva, insurrección, etc.). En esto cobra vital importancia detectar las situaciones revolucionarias, las oportunidades o momentos históricos en que nuestra acción tiene mayores posibilidades de incidir en la transformación estructural de la sociedad. Entonces es cuando la revolución se pone a la orden del día. Se trata de momentos en que el factor subjetivo (la voluntad, la conciencia y la organización) se transforma en una fuerza efectiva en la historia, dado el desarrollo objetivo de los acontecimientos.
  • Derivar de la realidad estrategias y tácticas adecuadas, es decir, que se correspondan con el lugar y el tiempo que nos tocó vivir y que no aparezcan como “ideas fuera de lugar”, recetas doctrinarias válidas para todo tiempo y lugar o no correspondientes con el desarrollo real de los acontecimientos. En este sentido, el análisis de situación trata de entender el curso real y específico del tiempo que nos tocó vivir para responder la pregunta de ¿qué hacer?
  • Formar elementos (cuadros o militantes) creativos y capaces, que no solo hagan operativa mecánicamente la línea trazada por las dirigencias revolucionarias, sino que la apliquen creativamente, adecuándola a sus circunstancias particulares o resolviendo lo no contemplado en documentos e indicaciones que por su propia naturaleza tienden a ser generales. También se trata de formar elementos que no se limiten simplemente a repetir, sino a desarrollar las capacidades y actitudes necesarias para trazar ellos mismos estrategia y táctica para la revolución.

No hay una receta para hacer análisis de situación, pero algunas consideraciones generales a tomar en cuenta a fin de disminuir los errores, serían las siguientes:

1. Partimos de la necesidad de superar la representación caótica de la realidad, el momento en que “todo tiene que ver con todo” y donde “todos los elementos tienen el mismo peso o la misma naturaleza” en una masa informe u desordenada. No debemos olvidar que este nivel inicial o elemental del conocimiento de la realidad es el del sentido común en una sociedad en que “las ideas dominantes son las de la clase dominante”. Precisamente, el conocimiento inicia en el momento en que comenzamos a meter orden en esta representación caótica, estableciendo jerarquías o pesos específicos para cada elemento que integra la realidad. De la misma manera, la crítica revolucionaria inicia con la demolición del sentido común persistentemente diseminado por la clase dominante en el conjunto de la sociedad.
2. Tenemos que distinguir, por lo tanto, en la realidad…

Elementos que son:

De elementos que son:

Orgánicos, esenciales, principales, básicos, imprescindibles, sustanciales, fundantes, necesarios. Contingentes, accesorios, secundarios, prescindibles, derivados, fundados.
Parte de una serie completa de fenómenos (Generales) Parte de un fenómeno específico (Particulares)
Permanentes o constantes Eventuales o inconstantes
Permanecen ocultos en niveles profundos de la realidad y no son inmediatamente percibidos Aparecen en la superficie de la realidad y son inmediatamente percibidos

3. El ordenamiento de los elementos del análisis implica necesariamente una jerarquización. No todos los factores intervienen con el mismo peso en la determinación de la realidad. Pero este ordenamiento debe tomar en cuenta dos cosas:

  • En primer lugar, no es una operación arbitraria resultado de simples operaciones lógicas del pensamiento ni reproduce a manera de reflejo la sucesión histórica de los acontecimientos. Se trata de un ordenamiento esencial en el sentido que otorga relevancia a cada elemento de acuerdo con su relevancia real en la sociedad de que se trate. Por ejemplo, si el objeto de estudio es la moderna sociedad burguesa “el capital constituye el punto de partida”, es “una luz que baña todos los colores”, de tal manera que todo análisis que no destaque en primer plano la manera en que el capital se constituye, organiza y reproduce, está destinado a ser una explicación no sustantiva.
  • En segundo lugar, el ordenamiento de los elementos de nuestro análisis es un resultado del proceso de investigación no un punto de partida. Hay que revisar todos los elementos que confluyen en la explicación para saber su peso correspondiente y la forma de su articulación. Sólo después podemos organizar la exposición. Jerarquizar la realidad antes de sumergirse en ella es, simplemente, cargar los dados, partir de supuestos doctrinarios para hacernos trampa a nosotros mismos.

4. Existen distintas fases o momentos en la investigación. En primer lugar, debemos usar el recurso de la abstracción: procedemos en esta etapa a separar las partes que constituyen el todo, a prescindir de elementos que no son sustanciales a fin de detectar lo esencial, a aislar estos elementos esenciales del resto, a observar una serie completa de fenómenos para detectar los elementos que se repiten en cada caso y a tomar una de las partes como si fuera el todo. Se trata, en este primer momento, de captar los elementos esenciales de la realidad, para construir definiciones simples del tipo de las que captan “lo que es necesario pero no suficiente”. En un segundo momento, debemos echar mano del recurso de la síntesis para rearticular intelectualmente los elementos de la realidad, estableciendo las relaciones entre las partes del todo y entre el todo y sus partes integrantes con la finalidad de llegar a explicaciones complejas. Pero ahora ya no se trata de la reproducción caótica de la realidad, sino de un concreto que es “síntesis de múltiples determinaciones y unidad de lo diverso”, una totalidad ordenada y jerarquizada.

5. La realidad no es transparente sino opaca: su esencia no se revela inmediatamente en la superficie de la realidad. La ciencia es necesaria por el hecho de que la realidad no revela sus secretos sin esfuerzo de por medio. Se trata, entonces, de rasgar el velo que oculta la realidad. Pero no se trata simplemente de descalificar los niveles “fenómenicos” en aras de los esenciales. Más bien, se trata de establecer con precisión el tipo de relación que se establece entre ambos planos o niveles de la realidad. En este sentido, las relaciones entre “esencia” y “apariencia” pueden ser de dos tipos:

  • De ocultamiento: la verdadera naturaleza de las cosas aparece velada en el nivel fenoménico. Por ejemplo: la tasa de ganancia oculta la tasa de explotación; el salario oculta el robo de trabajo ajeno; las relaciones sociales aparecen como relaciones entre cosas; los conflictos por intereses materiales aparecen como conflictos por ideas.
  • De inversión: la naturaleza de las cosas aparece como su contrario en el nivel fenoménico. Por ejemplo, el capital aparece como fundamento del trabajo, cuando en realidad el trabajo es el fundamento del capital.

6. Todas estas consideraciones destinadas a organizar nuestro conocimiento sobre la realidad se derivan de los límites de la razón para hacerse “de un solo golpe” de la totalidad de la realidad social, a menos que sea bajo la forma inadecuada de “representación caótica” o intuición. Sin embargo, una vez tomadas estas orientaciones generales debemos enfrentar ahora sí la complejidad de los fenómenos, registrando todos los aspectos de una situación determinada. Por lo menos, debemos pensar en los siguientes:

  • En la dimensión espacial tenemos el nivel local, regional, nacional y mundial. El error más común aquí es circunscribir toda la realidad social a nuestra experiencia directamente sensible, que se reduce a nuestra comunidad o región.
  • En la dimensión temporal tenemos la corta, mediana y larga duración. El error fundamental es sólo considerar el presente sin ver la historia que hay detrás de los acontecimientos o situaciones con lo que perdemos de vista la génesis de los procesos: nos quedamos con un presente sin historia.
  • En términos de campos de la actividad humana tenemos el campo económico, el político, el cultural y el militar. Aquí el error fundamental es ser reduccionista en cualquier de las siguientes direcciones: economicista, politicista, culturalista o militarista.

No es bueno confundir campos o dimensiones obviando lo específico de cada uno de ellos, así como tampoco conviene considerarlos completamente independientes, sin relaciones, articulaciones y traslapes.

7. En una situación determinada intervienen elementos de distinto registro, provenientes de dimensiones o campos de naturaleza diversa. Hemos dado criterios generales para su ordenamiento. Ahora tenemos que decir que la historia social no está formada por segmentos de tiempo de igual densidad. Hay momentos en que la historia se densifica y se acelera, las contradicciones se acumulan hasta hacerse insostenible el orden de cosas existente y los elementos profundos y generalmente ocultos emergen o se presentan en la superficie social revelando la verdadera naturaleza de las cosas. Se trata de segmentos temporales que llamaremos “coyunturas”. El tiempo coyuntural por excelencia es la situación revolucionaria. No toda situación es una coyuntura ni una situación revolucionaria.

8. Finalmente, no debemos olvidar:

  • La naturaleza contradictoria de toda situación: una cosa, acontecimiento, fenómeno o proceso es siempre unidad de contrarios. Y este carácter contradictorio es el que dinamiza los acontecimientos. El constante devenir de la realidad es resultado del choque de contrarios, del hecho de que la realidad genera los elementos que son la negación de lo existente. Por ejemplo, el desarrollo del capitalismo genera a sus sepultureros en la figura del proletariado.
  • La historicidad de toda situación: todo en esta vida nace, crece, se desarrolla y muere. Si es necesario registrar los elementos que refuerzan la realidad, también es necesario constatar los elementos de caducidad o senilidad, así como también aquellos en los que están contenidos las semillas de otra realidad, los indicios de un nuevo futuro. Así, es necesario analizar el presente atendiendo al pasado y con horizonte de futuro. De otra manera el presente se eterniza, las relaciones de dominación actual aparecen como existentes desde siempre y para siempre y el análisis de situación se transforma en el recurso fácil del “siempre ha sido así” o del “no vamos a poder”, a manera de justificación más o menos refinada de lo existente.
  • La especificidad de toda situación: es imprescindible valerse de los principios generales y las verdades esenciales del marxismo pero a manera de instrumento o guía para la comprensión de “la lógica específica del objeto específico”. No debemos olvidar las enseñanzas contenidas en estos principios generales, pero sabiendo que no hay doctrina o filosofía de la historia que nos ahorre el esfuerzo de desentrañar nuestra circunstancia particular. La historia no se repite dos veces: la reproducción mecánica de experiencias conduce al fracaso. Podemos extraer enseñanzas de otras experiencias revolucionarias, pero de lo que se trata es de construir la nuestra. Por eso es necesario hibridar los principios generales del marxismo con el conocimiento de nuestra situación particular. Es necesario conocer y recordar siempre los principios generales y las ideas esenciales de nuestra tradición de pensamiento, pero debemos saber que esto no basta. Si esto fuera suficiente, no habría necesidad de un análisis de situación porque todo estaría dicho en nuestros clásicos. En verdad, un principio revolucionario es vivir de frente a la realidad. Siempre es bueno leer a nuestros clásicos, pero para ser revolucionario es necesario también conocer profundamente el tiempo que nos tocó vivir.

Bibliografía:

  • Cortés del Moral, Rodolfo. El método dialéctico, Ed. Trillas, México, 1992.
  • Kohan, Nestor. Nuestro Marx, Capítulos “El método dialéctico” y “La lógica dialéctica y la historia en Marx”, pp. 273-298, disponible en www.rebelion.org
  • Mao Tse Tung, Cuatro tesis filosóficas,  Capítulos «Sobre la práctica» y «Sobre la contradicción», Ed. Anagrama, Barcelona, 1974, pp. 7-26.
  • Marx, Karl. Contribución a la crítica de la economía política. «Prólogo». (1859). Ed. Siglo XXI, pp. 3-7.
  • Marx, Karl. El capital. Critica de la economía política. Tomo I. «Prólogo a la primera edición» y «Epílogo a la segunda edición». Ed. Siglo XXI, pp. 5-20.
  • Marx, Karl. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. «Introducción», Apartado 3, «El método de la economía política. Ed. Siglo XXI, pp. 20-30.
  • Osorio, Jaime. Crítica de la economía vulgar. Capítulo 1. «Sobre epistemología y método en Marx». Coed. M.A. Porrúa/UAZ, México, 2004. pp. 11-31.
  • Osorio, Jaime. Fundamentos del análisis social. La realidad social y su conocimiento. Coed. FCE/UAM, México, 2002.
  • Rosental, M.M. y G.M. Straks. Categorías del materialismo dialéctico, Ed. Grjalbo, México, 1960.
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